Nadie lo diría: el pueblo más infravalorado de Sevilla esconde baños romanos y las mejores rosquillas de España
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Sevilla es el hogar de múltiples localidades que aún mantienen parte de su estructura histórica, vinculadas al desarrollo del Camino Real durante el siglo XVIII. Así ocurre con uno de los municipios que formaron parte de las llamadas Nuevas Poblaciones, creadas por Carlos III. Que el turismo masivo lo haya olvidado, lo convierte en el pueblo más infravalorado de Sevilla.
Este pueblo, fundado con colonos europeos y articulado según los principios ilustrados, sostuvo en pie elementos arquitectónicos y culturales que ilustran esa época. Además, conserva vestigios mucho más antiguos, que atestiguan una ocupación continua desde tiempos romanos. Todo ello sin haber alcanzado un reconocimiento generalizado, ni siquiera en la historia oficial.
¿Cuál es el pueblo más infravalorado de Sevilla y qué esconde dentro suyo?
El protagonista de esta ocasión es La Luisiana, que se lo puede considerar el pueblo más infravalorado de Sevilla. Se encuentra en plena Campiña Sevillana, a 69 kilómetros de la capital provincial. Su término municipal se extiende sobre 43 km², con una altitud media de 168 metros sobre el nivel del mar.
Fue creado en 1768 como parte del ambicioso proyecto de repoblación impulsado por Carlos III para pacificar las tierras entre Sierra Morena y Andalucía.
Dentro de este plan, se instalaron en la zona familias procedentes del noreste de Francia, suroeste de Alemania y otros países centroeuropeos. De ahí que aún hoy se conserven apellidos, costumbres y elementos culturales que difieren del entorno andaluz habitual.
En 1835, tras la derogación del Fuero de las Nuevas Poblaciones, La Luisiana quedó bajo la administración de la provincia de Sevilla.
Entre los ejemplos de esta planificación destacan la Real Casa de Postas, construida en 1770, y el Real Pósito, hoy sede del ayuntamiento. Ambos edificios reflejan la funcionalidad ilustrada aplicada a la arquitectura. La parroquia de la Purísima Concepción, también de finales del siglo XVIII, completa este conjunto urbano de origen racionalista.
Los increíbles baños romanos de La Luisiana
Pese a su origen moderno, en las inmediaciones de La Luisiana se localiza un importante yacimiento romano compuesto por una piscina, vestuarios del siglo XVIII y el lavadero público de 1931.
Estos elementos fueron identificados como parte de unos antiguos baños romanos, probablemente asociados a la Vía Augusta. Cerca de estos restos se encuentra la Fuente de los Borricos, datada en 1769.
Además, el subsuelo de este municipio reveló restos de civilizaciones anteriores como los íberos, tartesios y visigodos, lo que refuerza la idea de un poblamiento continuo desde la prehistoria.
La localización del término junto a varios arroyos, como el Cascajoso y el Chirrión, integrados en la cuenca del Guadalquivir, facilitaron tanto la agricultura como el asentamiento de estas poblaciones.
Otros elementos singulares del municipio son la torre telegráfica del Cortijo Nuevo, perteneciente a la línea de comunicación óptica del siglo XIX, y la iglesia de El Campillo, también del siglo XVIII.
¿Cómo es la cultura de La Luisiana?
Uno de los elementos más reconocibles del municipio es su gastronomía. La Luisiana se hizo conocida por la elaboración de productos de panadería como los roscos y los picos, cuya distribución llegó a todos los rincones del país. Es más, hasta algunos se atreven a afirmar que se tratan de una de las mejores rosquillas del país.
Incluso la Casa Real figura entre los clientes habituales de estos productos. También son típicos los potajes de legumbres, las sopas de hierbabuena y el guiso de habas.
Pero guarda, que la gastronomía local no se limita a sus platos. En La Luisiana se celebra la Fiesta de los Huevos Pintados, una tradición centroeuropea que ha sobrevivido desde la época de la colonización y que se mantiene cada Domingo de Resurrección.
También es peculiar el lanzamiento del porrón, un juego tradicional durante los carnavales, que junto con las procesiones y romerías refuerza un calendario festivo diverso.
Y eso no es todo: el municipio ganó protagonismo también gracias a la Carrera Popular Ruta de Carlos III, que une La Luisiana con Écija y pasa por Cañada Rosal. Este evento deportivo aprovecha parte del trazado de la Vía Verde de la Campiña, antiguo trazado ferroviario en desuso desde los años 70.
Por último, en cuanto a su legado cultural, destaca el compositor Manuel Ruiz Vidriel, nacido en La Luisiana. Fue autor de marchas procesionales como «Rocío» o «Desde Huelva a Granada», y aunque murió joven, dejó una huella reconocible en la música cofrade.
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