Samsung Galaxy Z Fold8: el plegable que por fin no pide perdón por serlo
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Cuando probé el Galaxy Z Fold8 por primera vez la semana pasada me quedé con la sensación de la mano, con ese formato pasaporte que Samsung vende como una categoría nueva dentro de su gama de plegables. Ahora, después de usarlo como terminal principal durante varios días, con sus aplicaciones, su cámara y su batería puestas a prueba en el día a día, toca la pregunta que de verdad importa. ¿Merece la pena, más allá del titular del «nuevo formato»? La respuesta corta es que sí, con matices, y que la mayoría de esos matices tienen nombre propio, el precio, la cámara y una autonomía que cumple sin sobresalir.
Un cambio de proporciones que se nota en todo
Samsung ha roto con la lógica que llevaba siete generaciones aplicando a su plegable de referencia. En lugar de estirar un poco más el mismo cuerpo alto y estrecho de siempre, ha partido la familia en dos. El Z Fold8 Ultra hereda esa silueta clásica, pensada para la productividad y el multitarea con dos ventanas a la vez.

El Z Fold8 a secas, el que he estado usando, apuesta por un cuerpo más corto y más ancho, con una pantalla exterior de 5,5 pulgadas y relación 10:16 que recuerda a una libreta pequeña, y una pantalla interior de 7,6 pulgadas con relación 4:3 que se acerca más a una tableta compacta que al típico plegable tipo libro.

En el uso diario, esto cambia bastante más de lo que parece en teoría. La pantalla exterior deja de ser esa tira estrecha en la que apenas cabía media conversación de WhatsApp, y se convierte en un espacio donde escribir, leer notificaciones o ver un vídeo vertical resulta cómodo sin necesidad de desplegar el teléfono. Es, de largo, la mejora que más se agradece en el uso diario, porque reduce el número de veces que uno abre el móvil solo para hacer algo trivial.

Al desplegarlo, la pantalla de 7,6 pulgadas gana en anchura frente a los Fold anteriores, lo que da menos bandas negras al ver contenido en formato 16:9 y en una lectura de webs, cómics o documentos más cómoda que en un Fold clásico. Eso sí, para quien viva pegado al multitarea con dos aplicaciones abiertas en paralelo, el Fold8 Ultra sigue siendo la opción más práctica gracias a su panel más cuadrado.
Con 201 gramos, Samsung lo presenta como el Fold más ligero que ha fabricado nunca, una afirmación del fabricante que, en este caso, se confirma con el uso. Se agarra con una mano sin que el brazo lo note al cabo de un rato, algo que no podía decir de generaciones anteriores. La bisagra, que Samsung llama Armor FlexHinge, se abre con un gesto suave y, a diferencia del Fold7, ahora sí llega a los 180 grados completos en lugar de quedarse corta. El peaje es que ha perdido la posición fija a 90 grados que servía para dejarlo de pie en modo tienda de campaña, aunque el gesto de girarlo y apoyarlo al revés soluciona la papeleta la mayoría de las veces.

Sobre la pliegue, ese surco vertical que ha perseguido a toda la familia desde el primer modelo, la mejora es real pero no hay que exagerarla. Con la pantalla encendida y mirando de frente apenas se percibe, y se nota bastante menos que en el Fold7. En ángulo o con la pantalla apagada, sigue estando ahí si uno pasa el dedo por encima. Samsung habla de una nueva tecnología de titanio flexible integrada en el propio panel, pero conviene ser prudente hasta ver cómo envejece el pliegue pasados varios meses de uso real, algo que solo el tiempo confirmará.

El terminal mantiene una certificación IP48, por lo que ofrece resistencia al polvo y protección frente a inmersión en agua dulce hasta 1,5 metros durante media hora, un dato del fabricante que sitúa al Fold8 al nivel de lo mejor que existe hoy en plegables, aunque sigue por debajo de la resistencia de un móvil convencional de gama alta.
Rendimiento y software, sin sorpresas y eso es bueno
El Z Fold8 monta el Snapdragon 8 Elite Gen 5 para Galaxy, el mismo chip que el Fold8 Ultra y que el Galaxy S26 Ultra, con 12 GB de RAM en las versiones de 256 y 512 GB y 16 GB en la variante tope de 1 TB. En el uso diario, abrir aplicaciones, moverse entre ventanas o editar un vídeo corto no supone ningún esfuerzo para el procesador. El matiz llega en cargas sostenidas, donde varios análisis especializados han detectado que el chip se calienta y reduce su rendimiento de forma notable, algo lógico en un cuerpo tan fino pero que conviene saber si se piensa jugar largas sesiones.
El software es One UI 9 sobre Android 17, con el paquete completo de Galaxy AI y funciones pensadas específicamente para la pantalla grande, como el modo DeX o la salida de vídeo por USB. Samsung ofrece siete años de actualizaciones de sistema operativo, una cifra que ya ha cumplido en generaciones anteriores y que es, hoy, el argumento más sólido para justificar el precio a largo plazo.
Entre las novedades de software aparecen funciones de automatización basadas en inteligencia artificial capaces de completar tareas sencillas dentro de aplicaciones, en la línea de lo que Google ya ofrece en sus Pixel, aunque en el momento de escribir esto todavía es pronto para valorar cuánto de eso funciona de forma fiable fuera de una demostración controlada.
La cámara, el sacrificio más evidente
Aquí es donde el Fold8 deja de ser un dispositivo redondo. Monta un sensor principal de 50 megapíxeles y un gran angular también de 50 megapíxeles, sin teleobjetivo dedicado, algo que sí incorpora el Fold8 Ultra.

De día, los resultados son nítidos y con colores fieles a lo que se ve a simple vista. En condiciones de poca luz, el paso atrás respecto a un Galaxy S26 o a un Pixel es perceptible, sobre todo en escenas muy oscuras, y la falta de zoom óptico obliga a recurrir al recorte digital cuando hace falta acercarse a algo.

Es una decisión que se entiende desde el punto de vista del diseño, meter un tercer sensor con zoom en un cuerpo tan fino no es trivial, pero no deja de ser un recorte notable en un teléfono que arranca en 1.999 euros. Quien dispare fotos con frecuencia y valore el zoom por encima de todo lo demás debería mirar directamente al Fold8 Ultra.

¿La cámara es mala? No, en absoluto, pero no hay un avance. Piensa dónde estábamos con esto de los plegables hace pocos años, que ahora tengamos un terminal así entre las manos es un logro, la verdad.

Batería y carga, suficiente para el día a día
La batería de 4.800 mAh no es la más grande de su categoría, y de hecho varios rivales chinos como el Honor Magic V6 o el Oppo Find N6 la superan con capacidades bastante más altas. Aun así, en el uso normal, con la pantalla exterior como principal apoyo durante buena parte del día, aguanta sin sustos hasta la noche.

La carga rápida sube este año hasta los 45 W, frente a los 25 W del Fold7, lo que significa pasar de cero a más del sesenta por ciento en media hora si se cuenta con el cargador adecuado, que Samsung no incluye en la caja. La carga inalámbrica llega a 20 W. Si se depende de accesorios magnéticos, hace falta una funda o accesorio compatible, porque el propio teléfono no lleva integrado el anillo magnético.
Disponibilidad y precio
El Galaxy Z Fold8 llega desde 1.999 euros en su versión de 256 GB, con opciones de 512 GB y una variante de 16 GB de RAM y 1 TB de almacenamiento algo más cara. Los colores disponibles son grafito, crema, lavanda y un pistacho exclusivo de la tienda de Samsung. Por ese dinero, se puede comprar prácticamente cualquier buque insignia convencional, o el propio Fold8 Ultra pagando algo más a cambio de una pantalla mayor, más densidad para la multitarea y esa cámara con teleobjetivo que aquí falta.

Mi veredicto
Después de usarlo unos días como terminal principal, el Galaxy Z Fold8 me parece el plegable de Samsung más fácil de recomendar a alguien que nunca ha tenido uno. No porque sea perfecto, que no lo es, la cámara se queda corta para el precio y la autonomía cumple bien, sino porque es el primer Fold que no exige ninguna concesión especial para el uso normal de un teléfono.
Se coge con una mano, se guarda en el bolsillo sin problemas y, cuando se abre, ofrece una pantalla que de verdad aporta algo distinto a leer, ver contenido o comparar información, no solo un móvil más grande. Para quien busque el plegable más volcado en productividad y fotografía, el Fold8 Ultra sigue siendo la opción lógica. Para casi todos los demás, este formato pasaporte cumple lo que promete.
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