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Por qué todos los carteles hechos con ChatGPT se parecen (aunque no tengan nada que ver)

carteles ChatGPT
Fuente: Unsplash
Nacho Grosso
  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Lo he visto decenas de veces esta semana. Un cartel para un concierto de barrio, otro para un torneo de pádel, uno más anunciando una charla en un local de la asociación de vecinos. Temas distintos, colores distintos, texto distinto. Y sin embargo, algo en todos ellos es idéntico. La misma estructura, el mismo trazo limpio sin una sola imperfección, esa pátina casi plástica que delata el origen en cuanto se mira dos segundos. No hace falta saber de IA para notarlo, se ha convertido en el papel pintado de las redes sociales.

Un estilo que se repite porque el modelo es el mismo

No es casualidad ni un fallo puntual. Cuando millones de personas piden imágenes al mismo modelo, con prompts parecidos y sin pulir los detalles, el resultado tiende a converger. ChatGPT, ya sea con DALL-E 3 o con el motor más reciente presentado por OpenAI, que la compañía llama ChatGPT Images 2.0, tiene preferencias visuales propias: composiciones muy centradas, degradados suaves, un acabado ilustrado que huye del ruido y la textura real. Es como el trazo de un pintor, se reconoce aunque cambie el tema del cuadro.

ChatGPT Images 2.0

Merece la pena separar aquí el hecho de la promesa comercial. Que el nuevo motor de OpenAI mejora el renderizado de texto dentro de la imagen, admite más formatos de salida o mantiene mejor la coherencia entre varias piezas de una misma tanda son afirmaciones de la propia compañía. Lo que sí es constatable con solo abrir Instagram o LinkedIn es la homogeneización, cuando todo el mundo usa la misma herramienta de la misma manera, todo empieza a parecerse.

Hay vida más allá de ChatGPT

ChatGPT no es la única puerta de entrada, y cada herramienta arrastra su propio sello. Midjourney sigue siendo la referencia para quien busca resultados con más carácter artístico y menos aspecto de plantilla; su última versión ha ganado nitidez y coherencia en las figuras humanas, aunque sigue exigiendo cierta curva de aprendizaje con los parámetros.

Ideogram destaca en un terreno donde la mayoría de generadores todavía cojean, el texto legible y bien integrado, algo clave si el cartel lleva un titular o una fecha que tiene que leerse bien.

Adobe Firefly juega otra carta, al estar entrenado con contenido con licencia, es la opción con más garantías si el cartel va a usarse comercialmente y no se quieren asumir riesgos legales. Y para quien no quiere pagar nada, Stable Diffusion (con GPU propia) o el plan gratuito de Leonardo AI siguen siendo puertas de entrada razonables.

Ninguna de estas alternativas es perfecta ni está libre de su propio sello reconocible. Por ejemplo, Midjourney tuvo, durante años, una estética hiperdetallada tan identificable como la que hoy se le achaca a ChatGPT. La diferencia es que variar de herramienta ya rompe buena parte de la homogeneidad.

El prompt importa más de lo que parece

El otro asunto, el que está al alcance de cualquiera sin cambiar de aplicación, es escribir mejor el encargo. Pedir «un cartel para una fiesta de verano» es la garantía de recibir algo genérico. Describir la paleta de color, el tipo de iluminación, la composición, el estilo de referencia («cartel serigrafiado años setenta», «fotografía editorial», «ilustración a línea sin relleno») y hasta lo que no se quiere ver, cambia radicalmente el resultado. La IA no tiene gusto propio, sino que refleja, de forma bastante literal, la precisión de quien pregunta.

Una herramienta que sigue siendo extraordinaria

Dicho esto, sería injusto quedarse solo con la crítica al estilo. Lo que antes exigía saber manejar un programa de diseño, entender de tipografía o directamente pagar a un profesional, hoy se resuelve gratis y en segundos escribiendo una frase, aunque m,ejior varias y detalladas. Eso es, guste o no el resultado estético, una puerta abierta a mucha gente que antes no tenía acceso a esas habilidades.

El problema no es la herramienta, sino conformarse con el primer resultado que escupe, sin cuestionarlo ni pulirlo. La IA generativa ha democratizado el diseño; que todo el mundo lo use igual de bien o de mal ya depende de cada uno.

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