La cámara del iPhone 18 Pro por fin aprende a abrir y cerrar el ojo
La apertura variable llega al iPhone 18 Pro y cambia el control de la luz en cada foto
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El iPhone Duo se ha llevado buena parte de los titulares del evento de Apple de este mes, pero el cambio que más va a notar quien haga fotos con el móvil cada día está en el iPhone 18 Pro y el iPhone 18 Pro Max. Por primera vez, la cámara principal de un iPhone incorpora un diafragma físico capaz de abrirse y cerrarse, en lugar de mantener siempre el mismo agujero fijo por el que entra la luz. Apple lo llama apertura variable y es un avance importante. Es una pieza mecánica nueva dentro del módulo de cámara, no un efecto calculado después por el chip.
El diafragma que Apple llevaba una década fingiendo que no hacía falta
Desde el primer iPhone, la lente principal ha tenido un único valor de apertura grabado en el propio cristal. Ese número no se podía tocar, solo se ajustaban la velocidad de obturación, el ISO y, cada vez más, el software.
La apertura es, en esencia, el iris de la cámara. Cuanto más se abre, más luz entra y más se estrecha la zona nítida de la imagen, lo que produce ese desenfoque de fondo típico de los retratos. Cuanto más se cierra, menos luz pasa pero más superficie queda enfocada, algo útil en fotos de grupo o paisajes.
En el iPhone 17 Pro se queda fijo en f/1.78, sin margen para moverse. Apple compensaba esa rigidez con software, el Photonic Engine subiendo la sensibilidad en escenas oscuras, el modo Retrato recortando digitalmente al sujeto del fondo para simular un desenfoque que la lente no producía de forma natural. Funciona razonablemente bien, pero tiene un techo que ningún algoritmo puede superar.
Seis láminas más finas que un cabello, controladas desde la app Cámara
El nuevo sistema usa, según detalla Apple, seis láminas de diafragma cortadas con láser, más finas que un cabello humano, montadas sobre un mecanismo rotatorio que las mueve entre distintas posiciones. La cámara principal Fusion de 48 megapíxeles admite cuatro aperturas, f/1.48 en su punto más abierto, f/1.8, f/4 en el más cerrado, y un cuarto valor intermedio que la compañía no ha detallado con una cifra concreta.
La función está solo en el objetivo principal. El ultra gran angular y el teleobjetivo mantienen su apertura fija, como hasta ahora. Lo interesante es que no queda escondida en un menú automático. La app Cámara incorpora nuevos controles Pro que permiten elegir la apertura a mano, junto a la velocidad de obturación, algo que antes solo existía de forma más limitada en modos como ProRAW.
Retratos con desenfoque real, no simulado por software
Con el diafragma abierto al máximo, entra más luz antes de que el chip tenga que procesar nada, lo que debería traducirse en menos ruido digital en bares, restaurantes o interiores con poca luz, sin depender tanto del procesado agresivo que hasta ahora disimulaba esa falta de luz.
En retratos, abrir la apertura genera un desenfoque óptico real detrás del sujeto, en vez del recorte digital que el modo Retrato lleva años simulando. Eso debería notarse sobre todo en los bordes difíciles, pelo suelto, gafas, mascotas, donde el software de segmentación sigue fallando con frecuencia.
En vídeo, cerrar el diafragma al pasar de una zona de sombra a una de sol permite absorber ese cambio de luz de forma óptica, en vez de que el sistema tenga que subir o bajar el ISO de golpe. Es ese salto brusco de grano el que suele delatar un vídeo grabado con el móvil frente a uno grabado con una cámara con diafragma físico.
Samsung lo abandonó y Apple lo recupera
Apple no ha inventado la apertura variable. Samsung la estrenó en el Galaxy S9 y la mantuvo en el S10, con un sistema que cambiaba mecánicamente entre f/1.5 y f/2.4, pero la retiró a partir del Galaxy S20 porque apenas se usaba. Xiaomi ofrece desde 2024, en el 14 Ultra, un rango continuo entre f/1.63 y f/4.0.
Apple llega tarde a una tecnología que otro fabricante probó y descartó por falta de uso real entre sus propios clientes. Lo que aporta de nuevo es un sistema más fino, con cuatro posiciones en vez de dos, y ligado a controles manuales pensados para quien quiera usarlos, no solo a un automatismo invisible. Si eso basta para que la función sobreviva más de una generación, algo que a Samsung no le funcionó, solo se sabrá con meses de uso real entre quienes compren el teléfono.
El iPhone 18 Pro parte de 1.469 euros en su versión de 256 GB y el iPhone 18 Pro Max de 1.619 euros, según los precios publicados en la tienda oficial de Apple para España. Las reservas se abren mañana y el teléfono llega a las tiendas el viernes 18 de septiembre.
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