Psicólogos españoles coinciden al 100%: analizaron a 516 jóvenes y pusieron a 50 de ellos a escuchar sonidos de WhatsApp e Instagram, descubriendo que quienes sufrían mayor malestar psicológico cometían más errores precisamente ante estas notificaciones
Consejos prácticos: cómo manejar el estrés o la ansiedad que generan las redes sociales en los jóvenes
¿Influyen las redes sociales en el desarrollo del adolescente?: los psicólogos alertan sobre dos aspectos
El móvil no necesita pegar un grito para reclamar nuestra atención al instante. A veces, solo basta con escuchar un pequeño sonido de un mensaje de WhatsApp o Instagram. Es algo mínimo, casi como una gota, pero nos resulta tan familiar que el cerebro lo reconoce al momento de escucharlo.
Una investigación española ha observado que los jóvenes con mayor malestar psicológico cometían más fallos al responder ante estas señales digitales.
El resultado de la investigación no demuestra de todo que las redes sociales nos generen ansiedad. Tampoco sirve para diagnosticar o demostrar una adicción. Lo que sí sugiere es que detrás de un uso problemático de estas plataformas puede haber perfiles muy distintos.
Por fuera, el gesto que aparece el mismo: quedarse mirando la pantalla fijamente. Pero por dentro no es de esta forma, la respuesta de cada persona puede ser bastante diferente.
Una prueba con sonidos cotidianos
Los investigadores utilizaron una tarea conocida como Go/No-Go, una tarea que está diseñada para medir la atención y la capacidad de frenar respuestas automáticas.
Durante exactamente 80 ensayos, los voluntarios en participar escucharon varias notificaciones de Instagram y WhatsApp, además de otros sonidos neutros como un timbre de bicicleta o el sonido de la puerta de una vivienda.
A veces tenían que reaccionar casi al instante. Otras veces, justo lo contrario: aguantarse y no responder. Mientras hacían la prueba, el equipo también fue midiendo cómo variaba su ritmo cardíaco. Además, tomó muestras de saliva antes, durante y después para analizar los niveles de alfa-amilasa y oxitocina.
Tres formas de usar las redes y más errores ante señales digitales
Myriam Carbonell-Colomer y Elena Bernabéu-Brotóns, de la Universidad Francisco de Vitoria, estuvieron al frente del estudio. También participaron en esta investigación otros colegas como Carlos Marchena-Giráldez y especialistas del laboratorio Interlab-UMU, de la Universidad de Murcia.
Primero se dedicaron a analizar 516 casos para poder separar los distintos tipos de uso de las redes sociales. Después llevaron esa clasificación al experimento con 50 jóvenes.
De ellos, 20 tenían un uso considerado funcional, 16 mostraban un patrón compulsivo y 14 encajaban en un perfil más ligado al malestar. ¿Y qué se vio en todo esto? En este último grupo se cometieron más fallos por omisión y tuvo muchas más dificultades para poder frenar la respuesta ante los estímulos relacionados con estas redes sociales que el grupo funcional.
Una omisión ocurre cuando alguien debería responder, pero no lo hace. Esto puede ser algo tan simple como un pequeño despiste. Como cuando escuchas tu propio nombre en una conversación y tardas menos un solo segundo en reaccionar a ello. En el estudio el grupo asociado al malestar fue el único culpable de cometer claramente más omisiones con los sonidos de redes sociales que con sonidos mas neutros.
Eso sí, no reaccionaban ni más lento ni cometían más falsas alarmas que los demás jóvenes. Así que lo observado no parece reducirse simplemente a una mayor impulsividad.
Lo que mostró el organismo y un resultado todavía preliminar
En el grupo de jóvenes que presentaron un uso funcional, el ritmo del corazón fue cambiando durante la prueba y luego volvió a acercarse a la normalidad en la propia fase de recuperación.
Este dato sirve de forma indirecta para ver cómo responde el cuerpo al esfuerzo o estrés y cómo vuelve después a un estado mucho más tranquilo. También bajó la alfa-amilasa en la saliva, una enzima relacionada con la respuesta rápida al estrés.
Mientras tanto, el grupo de jóvenes con más malestar mantuvo una frecuencia cardíaca media más alta durante todo lo que duro el experimento. Las diferencias aun así entre unos perfiles y otros no fueron tan claras como para considerarlas significativas.
La oxitocina no presentó cambios que fueran bastante significativos y los aparentes patrones del grupo compulsivo deben considerarse por ahora como exploratorios. Además de todo esto, la muestra era un poco pequeña, estaba formada sobre todo por estudiantes y el estudio no permite saber si el malestar es del uso problemático o aparece después.
La ciencia tampoco parece que lo tenga del todo muy claro. Un estudio que fué publicado en Scientific Reports (una revista cientifica) encontró una relación entre el control inhibitorio y el uso problemático de redes sociales.
Pero otros trabajos no han visto lo mismo que ellos. Como poner un ejemplo, un experimento publicado en PLOS ONE no se detectó una respuesta clara de estrés físico después de una sesión de unos 20 minutos usando redes sociales.
El estudio oficial se ha publicado en Frontiers in Psychiatry.
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