La UE rebaja un 10% los controles a cítricos de Egipto y Turquía pese a pesticidas con riesgo neurológico
Entre las sustancias figuran clorpirifos en cargamentos egipcios, metil clorpirifos en el envío procedente de Turquía y demeton en el lote brasileño
El Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF) de la Unión Europea registró en febrero seis interceptaciones de cargamentos de cítricos importados por contener pesticidas prohibidos o niveles de residuos superiores a los permitidos. No obstante, según denuncian varias organizaciones agrarias, esta situación ocurre justo después de que la UE redujera las inspecciones a importaciones de países como Turquía y Egipto del 20% al 10%. Una decisión que parece más bien mirar hacia otro lado y que poco tiene que ver con la verdadera protección de la salud de los ciudadanos europeos.
La organización agraria La Unió Llauradora ha denunciado estos datos y considera incoherente que, al mismo tiempo que se detectan estos casos, Bruselas haya decidido reducir los controles a algunos países exportadores.
De acuerdo con la información recopilada por esta organización, cuatro de los envíos rechazados procedían de Egipto, uno de Turquía y otro de Brasil. Además, el sistema europeo de alertas también notificó cinco partidas de aguacates rechazadas por presencia de cadmio, cuatro originarias de Colombia y una de Perú. Otra incongruencia cuando la UE quiere establecer convenios entre Europa y estos países latinoamericanos.
Pero la pregunta es por qué la Unión Europea permite tanta laxitud en el control de cítricos importados con pesticidas prohibidos, poniendo en riesgo la salud de los consumidores, mientras simultáneamente aprueba con rapidez medicamentos evaluados y autorizados por agencias como la FDA de Estados Unidos. Esta aparente contradicción entre el rigor en fármacos y la permisividad con productos alimentarios plantea dudas sobre los intereses comerciales y políticos que podrían estar influyendo en la toma de decisiones.
Partidas de cítricos
En las partidas de cítricos analizadas se detectaron residuos de sustancias prohibidas en la agricultura europea desde 2020. Entre ellas figuran clorpirifos en cargamentos egipcios, metil clorpirifos en el envío procedente de Turquía y demeton en el lote brasileño. En el caso de los aguacates, el motivo de rechazo fue la presencia de cadmio, un metal pesado cuyo contenido está regulado por la normativa europea en alimentos y fertilizantes.
Las organizaciones agrarias destacan que estas interceptaciones coinciden con la llegada masiva de naranjas egipcias al mercado comunitario, en plena competencia con la producción europea. Critican especialmente que la Comisión Europea haya decidido reducir la frecuencia de inspecciones a estas importaciones —del 20% al 10%— y también a otros cítricos turcos, como limones, naranjas y mandarinas, pese a que siguen registrándose alertas por residuos de plaguicidas.
Efectos sobre la salud de químicos
- Daños neurológicos: afectan al sistema nervioso al inhibir la enzima acetilcolinesterasa, lo que altera la transmisión de los impulsos nerviosos.
- Problemas en el desarrollo cerebral infantil: la exposición durante el embarazo o en la infancia se ha asociado con menor coeficiente intelectual, dificultades de aprendizaje y trastornos del desarrollo.
- Síntomas de intoxicación aguda: dolores de cabeza, mareos, náuseas, sudoración excesiva, debilidad muscular, visión borrosa y problemas respiratorios.
- Alteraciones hormonales y metabólicas: algunos estudios apuntan a efectos sobre el sistema endocrino.
- Riesgos neurológicos a largo plazo: exposición repetida puede relacionarse con problemas cognitivos y de memoria.
Los pesticidas clorpirifos, clorpirifos metil y demeton pertenecen a la familia de los organofosforados, un grupo de insecticidas diseñados para atacar el sistema nervioso de los insectos. El problema es que ese mismo mecanismo también puede afectar al sistema nervioso de los seres humanos y otros animales, lo que explica por qué muchos países —incluida la Unión Europea— han prohibido su uso en la agricultura.
En el organismo humano, estos pesticidas actúan inhibiendo la enzima acetilcolinesterasa, fundamental para el funcionamiento del sistema nervioso. Cuando esta enzima se bloquea, se acumula acetilcolina en las sinapsis nerviosas, lo que provoca una estimulación excesiva de los nervios. Esto puede causar síntomas que van desde dolores de cabeza, mareos, visión borrosa, sudoración o náuseas hasta convulsiones, parálisis, problemas respiratorios e incluso la muerte en exposiciones altas.
Además de los efectos agudos, diversas evaluaciones científicas han señalado riesgos a largo plazo. La exposición repetida se ha asociado con daños neurológicos, alteraciones del desarrollo cerebral y problemas cognitivos, especialmente en niños y fetos durante el embarazo. Precisamente por estas preocupaciones, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria concluyó que sustancias como el clorpirifos y el clorpirifos metil no cumplían los criterios de seguridad para proteger la salud humana, lo que llevó a su prohibición en la Unión Europea en 2020.
Plaguicidas vetados y restringidos
En términos generales, la preocupación sanitaria se centra en tres grandes efectos: toxicidad neurológica, posibles daños en el desarrollo infantil y riesgos por exposición crónica cuando los residuos permanecen en alimentos o en el medio ambiente. Por eso, aunque estos pesticidas fueron muy utilizados durante décadas para controlar plagas agrícolas, hoy están vetados o muy restringidos en numerosos países por su potencial impacto en la salud pública.
Aunque pesticidas como el Clorpirifos, el Clorpirifos metil o el Demeton están prohibidos en la agricultura europea, todavía pueden aparecer en frutas y verduras que se venden en el mercado. Esto ocurre principalmente por tres razones.
- La primera es que muchos países fuera de Europa todavía permiten su uso agrícola. Cuando esos productos se exportan a la Unión Europea, pueden contener residuos de estos pesticidas si no se han respetado los límites máximos establecidos. La UE exige controles en frontera y análisis de laboratorio, pero el comercio internacional de alimentos es enorme y no todos los cargamentos se inspeccionan al mismo nivel.
- La segunda razón tiene que ver con los límites máximos de residuos (LMR). Aunque una sustancia esté prohibida para su uso en la agricultura europea, pueden detectarse trazas muy pequeñas procedentes de contaminación ambiental, suelos antiguos o importaciones. Si el nivel detectado supera el límite permitido, el producto debe retirarse del mercado y se activa el sistema europeo de alerta alimentaria.
- La tercera explicación es la persistencia ambiental. Algunos pesticidas organofosforados pueden permanecer durante tiempo en suelos, agua o instalaciones agrícolas donde se utilizaron en el pasado. En esos casos, pequeñas cantidades pueden acabar en cultivos incluso años después de su prohibición.
Por eso la Unión Europea mantiene sistemas de vigilancia como el Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF), que permite detectar rápidamente alimentos con residuos peligrosos y retirarlos del mercado. Gracias a estos controles, cuando aparece un lote contaminado, se identifica su origen y se pueden bloquear nuevas importaciones. Pero si se rebajan o se mira como hasta ahora en buena parte de los casos para otro lado, hay peligro para la salud de los ciudadanos europeos.
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