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Tricotilomanía: el trastorno de arrancarse el pelo que afecta a más personas de lo que parece

Puede afectar al cuero cabelludo, las cejas, las pestañas o cualquier otra zona con vello

Hay personas que se arrancan el pelo casi sin darse cuenta. Mientras estudian, trabajan, ven la televisión o atraviesan un momento de tensión, la mano acaba buscando un mechón, una ceja o una pestaña. No siempre pueden explicar por qué lo hacen y, en muchos casos, tampoco consiguen detenerlo. No es simplemente un mal hábito ni una manía pasajera. Puede tratarse de tricotilomanía, un trastorno que sigue siendo poco conocido pese a que afecta a alrededor del 1% de la población.

La tricotilomanía, también conocida como trastorno de arrancarse el pelo, consiste en un impulso repetido de extraer el cabello u otros pelos del cuerpo, hasta el punto de provocar pérdida visible. Puede afectar al cuero cabelludo, las cejas, las pestañas o cualquier otra zona con vello. En algunos casos, el comportamiento es consciente y deliberado; en otros, ocurre de manera casi automática, especialmente durante momentos de aburrimiento, concentración, estrés o soledad.

Más frecuente de lo que parece

Las cifras ayudan a entender la dimensión de un problema que muchas veces permanece oculto. Una revisión sistemática y metaanálisis que reunió 30 estudios y 38.526 participantes estimó una prevalencia de tricotilomanía del 1,14%. Cuando se amplía la definición a cualquier conducta de arrancarse el pelo, aunque no llegue a producir una pérdida visible, la cifra asciende hasta el 8,84%.

Y hay otro dato especialmente llamativo: las mujeres aparecen con mayor frecuencia entre las personas que buscan tratamiento y entre los casos diagnosticados, aunque la evidencia epidemiológica no permite afirmar de forma definitiva que el trastorno sea exclusivamente o claramente femenino. El metaanálisis más amplio sobre prevalencia no encontró una diferencia estadísticamente significativa entre hombres y mujeres cuando se aplicaron criterios diagnósticos estrictos. Los investigadores advierten, además, de que los resultados varían considerablemente entre estudios.

La diferencia puede estar relacionada, al menos en parte, con que las mujeres consulten con mayor frecuencia por la pérdida de cabello o por el impacto estético y emocional del trastorno. Mayo Clinic señala precisamente que el hecho de que la tricotilomanía se trate más habitualmente en mujeres no significa necesariamente que afecte mucho más a este grupo.

Un impulso difícil de controlar

Uno de los aspectos que más desconcierta a quienes rodean a una persona con tricotilomanía es que, desde fuera, parece tan sencillo como «dejar de hacerlo». Pero el problema no funciona así.

Antes de arrancarse el pelo, puede aparecer una sensación creciente de tensión o una necesidad difícil de ignorar. Después del tirón, algunas personas experimentan alivio, satisfacción o una reducción momentánea de esa tensión. En otras ocasiones, el gesto se produce de forma automática, sin que exista siquiera una decisión consciente de arrancarse el pelo.

Con el tiempo, el comportamiento puede convertirse en un círculo difícil de romper: aparece el impulso, se produce el tirón, llega el alivio y posteriormente pueden aparecer culpa, vergüenza o preocupación por las zonas despobladas.

El problema puede llegar a tener consecuencias importantes en la vida cotidiana. La pérdida de cabello puede ser visible y llevar a la persona a utilizar peinados, gorros o maquillaje para ocultarla. También puede afectar a las relaciones sociales, al trabajo o a la autoestima.

El pelo no siempre es el verdadero problema

Para muchas personas, la primera señal de alarma no llega de la mano de un psicólogo o un psiquiatra, sino de un dermatólogo. Aparecen zonas con menos pelo, calvas irregulares, pestañas o cejas con claros y una explicación que no termina de encajar con una alopecia convencional.

Por eso el diagnóstico requiere descartar otras causas de pérdida de cabello y conocer qué ocurre antes, durante y después de arrancarse el pelo. Los profesionales también pueden preguntar por los momentos en los que aparece el impulso, los desencadenantes y el impacto que tiene el comportamiento en la vida de la persona.

Tiene tratamiento

La buena noticia es que la tricotilomanía puede tratarse. Una de las principales herramientas es el entrenamiento para revertir el hábito, una terapia conductual que ayuda a identificar las situaciones en las que aparece el impulso y a sustituir el comportamiento por una respuesta alternativa. También pueden utilizarse técnicas de terapia cognitiva y de aceptación y compromiso.

El tratamiento puede requerir tiempo y no siempre consiste simplemente en eliminar el impulso. En muchos casos se trata de aprender a reconocerlo antes de que se convierta en una acción automática y desarrollar estrategias para responder de otra manera.