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Psicoterapeuta

Rafa Guerrero: «Cuando un niño se aburre o se queja le damos un dispositivo para anestesiar sus emociones»

"Si al niño cuando le dices que ya es hora de apagar la videoconsola y entra en cólera, grita, insulta o da golpetazos, tenemos un problema"

"Los dispositivos están hechos para generar dependencia"

La adicción a las pantallas cada vez es más habitual. Desde los niños, hasta los más adultos, el click y el scroll infinito puede generar una dependencia que tiene que ser tratada con expertos. En este contexto, el psicoterapeuta Rafa Guerrero ha lanzado ‘Adictos a las pantallas’ (Cúpula, 2026). En él, explica pautas al entorno de los más pequeños, con el objetivo de que tengan las herramientas en cuanto salte la alarma.

Un problema que «se ha disparado» en los últimos años, y cuyas consecuencias ven por primera vez los profesionales de su generación. «Cuando yo estudiaba la carrera, no tenía ni móvil», rememora este experto, que advierte de que las pantallas «son intrínsecamente adictivas». Recomienda, además, dejar a los niños «aburrirse y frustrarse». Es decir, dejarles en el mundo real y no inducirles a un mundo virtual.

PREGUNTA: ¿La adicción a las pantallas afecta especialmente a los menores?
RESPUESTA: Yo, en el libro, hablo de niños, de adolescentes y de adultos. Al final, igual que hay determinadas circunstancias o fenómenos que afectan más a unas edades que a otras, estamos viendo cómo la adicción tecnológica afecta a todas las edades. Es una problemática transgeneracional.

P: ¿Cómo se detecta que un menor tiene una adicción?
R: Lo tienen que detectar los padres o los profesores. Y, muchas veces, más que por la adicción, es por las consecuencias: porque los profesores notan que este chiquitín se queda dormido en clase; que está muy cansado; que no rinde; que no se concentra. Hay algo en los síntomas que nos hace decir que está pasando algo. Cuando al niño le dices que ya es hora de apagar la videoconsola y entra en cólera, grita, insulta, da golpetazos a las puertas; evidentemente, tenemos un problema, que vamos a solucionar.

P: A partir de ese momento, el menor tiene que acudir a un profesional que le ayude a superar ese problema.
R: Siempre digo que la adicción no es el problema; la adicción es una consecuencia del problema. Es algo que es un problema, pero no es el problema. Lo que habrá que hacer es preguntarnos qué encuentra este adolescente en el porno, en el videojuego y en las redes sociales. ¿Qué está evitando?

P: ¿Qué ve el profesional cuando llega un menor adicto a las redes sociales, a los videojuegos, a las pantallas, en definitiva?
R: Nos encontramos con menores que se sienten muy vacíos. Con menores que han vivido situaciones traumáticas y que huyen de ellas en el videojuego.

También con menores que han vivido situaciones de abuso sexual. Con abandono emocional. Y también nos encontramos con menores que están abandonados. Con menores cuyos padres no están presentes o están presentes, pero no están conectados con ellos. Menores que se sienten solos, vacíos, que se sienten desplazados.

Hay una parte intrínseca en los dispositivos, porque están hechos para generar dependencia. Y que tú tienes un problema, una insatisfacción, que eres víctima de acoso escolar y te puedes refugiar en un mundo virtual.

P: ¿Qué dan las pantallas para llegar a crear una adicción?
R: Hemos sustituido el mundo real, lo que es la valoración presencial, donde mi autoestima antes dependía de lo que me decían mi mamá, mi papá, mis profesores, a un momento en el cual mi autoestima depende de los comentarios, de los likes y de los retuits que tengan mis realizaciones. La autoestima ya no depende de lo bien [RG6] o de lo mal que lo haga mi papá; ahora depende de personas que no conoces de nada y que no vas a conocer en tu vida.

P: ¿También se ha acentuado entre los menores el error de la comparación?
R: La comparación en el ser humano está ahí siempre. Todo lo que ocurre afecta a nuestros menores, que son vulnerables. Si afecta a los adultos, más a un chiquitín o a un adolescente que está construyendo su personalidad, que se encuentra con perfiles que son perfectos, estupendos, con cuerpos que prácticamente no existen y con vidas perfectas, felicísimas y materialmente inalcanzables.

P: Hablamos de las redes sociales.
R: Sí, de hecho, ya ha habido denuncias a Instagram y a Facebook por suicidios y por trastornos.

P: En muchas ocasiones, los adultos dan a los niños el móvil para estar tranquilos, ¿cuál es la alternativa?
R: Nos olvidamos de hablar con nuestros hijos, de vincularnos a través de un juego de mesa o de tolerar el aburrimiento, la frustración. También es positivo que un niño se aburra. No pasa nada porque un niño se aburra. Es más, se tiene que aburrir, se tiene que frustrar, se tiene que sentir triste.

¿Y qué mejor momento para sentir esas emociones desagradables que estando al lado de mi mamá y de mi papá? Creo que no hay un contexto mejor. Pero, cuando nuestros niños se aburren o cuando la adolescente se queja, le damos el dispositivo para anestesiarlos emocionalmente. No les permitimos que se enfaden, que estén tristes o que tengan miedo; es más, les damos el móvil o les dejamos entrar en redes sociales para evitar el dolor y lo degradable que son a veces las cosas, y entran de lleno en un mundo que no existe: el mundo virtual». De modo que, el día de mañana, cuando suspenda un examen, una chica que le guste y le diga que no quiere estar con él o ella, cuidado con las consecuencias, porque jamás le han permitido que se enfade, y no sabe qué es pasarlo mal.