¿Qué esconde el microbioma de tu nariz?: escudo frente a bacterias resistentes
Expertos de la Universidad de Cambridge desvelan nuevos datos que hacen replantearse la interacción de las comunidades de bacterias alojadas en la nariz
Si la presencia de Staphylococcus aureus (S. aureus) en la nariz de un individuo se mantiene a lo largo del tiempo, la presencia de otras bacterias es menor, y hay que tener en cuenta que esas otras bacterias pueden contribuir a prevenir la infección por la primera, según un estudio publicado en el último número de la revista Nature Communications.
El microbioma es el conjunto de microorganismos que viven en un entorno específico, como el cuerpo humano, donde puede desempeñar funciones importantes. Es el caso del microbioma del intestino, sobre el cual cada vez hay más investigación, o el de la piel. En este caso, no obstante, la atención de los investigadores se centró en el microbioma nasal. Es el estudio más amplio que se ha llevado a cabo sobre esta cuestión hasta hoy.
Investigadores del Instituto Welcome Sanger, de la Universidad de Cambridge, Birmingham y el Imperial College de Londres analizaron muestras de secreciones nasales de más de mil donantes sanos para explorar las complejas comunidades de bacterias que habitan en la nariz humana.
El trabajo ha arrojado nueva luz sobre las interacciones entre las diferentes especies de bacterias y por qué algunas personas están persistentemente colonizadas por S. aureus, además de ofrecer una herramienta clínica para predecir quién tiene mayor riesgo de sufrir una infección por este patógeno.
Una bacteria que no da síntomas
S. aureus es una bacteria común que vive, sin provocar síntomas, en la cavidad nasal del 30 por ciento de la población, aproximadamente. Normalmente no es dañina, pero si llega a otras partes del organismo a través de heridas, cortes o incisiones quirúrgicas puede provocar infecciones serias.
De hecho, las infecciones por S. aureus son la segunda causa más frecuente de mortalidad relacionada con infecciones bacterianas, por detrás de la tuberculosis. Se le atribuyen alrededor de un millón de fallecimientos anuales. Algunas cepas, como la resistente a meticilina (conocida por las siglas MRSA), no remiten con los antibióticos habituales, lo que hace que la enfermedad sea difícil de tratar.
Habitualmente, se clasifica a las personas portadoras de esta bacteria en tres categorías: los portadores persistentes, los intermitentes y los ‘no portadores’. Los primeros siempre dan positivo en las pruebas, los segundos lo hacen en algunas ocasiones y los terceros nunca han tenido un positivo.
Puesto que ser portador hace que se incremente el riesgo de infecciones postoperatorias, muchos hospitales ofrecen a los pacientes la posibilidad de realizar el test antes de una cirugía, y pueden proporcionar tratamientos nasales para reducir su presencia. No obstante, el microbioma nasal, a diferencia del intestinal, no se ha estudiado en poblaciones amplias.
Así se hizo el estudio
En este nuevo estudio, los científicos quisieron analizar una población mayor para comprender cómo influyen diferentes bacterias en la colonización por S. aureus. Para llevarlo a cabo, reclutaron voluntarios en diferentes puntos de Inglaterra que habían participado en ensayos sobre donación de sangre realizados en la Universidad de Cambridge.
Cada una de las muestras de 1.100 personas sanas fue analizada para determinar las cepas presentes, y después se realizó un análisis estadístico para encontrar patrones en los conjuntos de bacterias.
Así, vieron que los portadores persistentes tenían un microbioma diferente, con abundancia de S. aureus y escasez de otras especies, como Staphylococcus epidermidis, Dolosigranulum pigrum y Moraxella catarrhalis. Los investigadores sugieren que estas otras especies podrían contribuir a bloquear la colonización por S. aureus en los individuos no portadores.
Usando inteligencia artificial, encontraron una forma de predecir quiénes son los portadores persistentes, lo que ofrece un posible método para valorar el riesgo de infección. Identificar a estas personas puede ofrecer una oportunidad a los profesionales sanitarios para tratar de forma preventiva con terapias contra la bacteria.
En la siguiente fase de investigación, se buscarán otros factores de riesgo para completar el escenario clínico de la infección por S. aureus.
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