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No te limites a los crucigramas: la actividad recomendada por Montessori para que los mayores de 65 años ganen motricidad y función cognitiva

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

A los 65 años la mente no funciona igual que a los 40, y los cambios se notan en gestos cotidianos: recoger una moneda del suelo, meter un hilo por el ojo de una aguja o abrochar un botón cuesta más esfuerzo que antes. Uno de esos cambios es la pérdida de precisión en los dedos, y otro es la lentitud para coordinar la vista con el movimiento de la mano.

El método Montessori para mayores propone una actividad concreta para trabajar ambos a la vez: enhebrar cuentas o botones. Esta tarea del área de Vida Práctica combina estimulación cognitiva y motriz en un solo gesto, y sustituye con más eficacia a los crucigramas o las sopas de letras para los mayores que buscan ganar motricidad y función cognitiva.

Qué beneficios tiene enhebrar con el método Montessori a los 65 años de edad

Enhebrar consiste en introducir un cordón por el agujero de una cuenta o un botón, un gesto sencillo que exige atención sostenida, planificación del movimiento y flexibilidad cognitiva cuando el hilo se dobla o el agujero es estrecho. El cerebro coordina cada paso, sujetar, apuntar, pasar y jalar, en una secuencia que no admite distracciones.

El cuerpo trabaja al mismo ritmo que la mente. La pinza digital que forman el pulgar y el índice gana fuerza y precisión con cada repetición, la coordinación óculo-manual sincroniza lo que ven los ojos con lo que hacen las manos, y ese agarre preservado facilita tareas reales como abrocharse la propia ropa sin ayuda.

Qué relación tiene enhebrar cuentas o botones con el cerebro

Las yemas de los dedos ocupan un espacio enorme en el mapa cerebral que describió el neurocirujano Wilder Penfield, y la pinza digital que exige enhebrar envía una cantidad de información sensorial muy superior a la de un ejercicio de lápiz y papel. Esa estimulación mantiene activas las neuronas encargadas del movimiento fino y retrasa la pérdida de destreza en las manos.

Enhebrar es además una tarea bimanual asimétrica: una mano sostiene la cuenta y la otra guía el hilo, y esa división de trabajo obliga al hemisferio izquierdo y al derecho a comunicarse a través del cuerpo calloso, reforzando las conexiones entre ambos lados del cerebro. El lóbulo frontal, por su parte, planifica la distancia, calcula la fuerza necesaria y bloquea los distractores del entorno para mantener la atención en el agujero del botón.

Completar la secuencia con éxito libera dopamina, el neurotransmisor asociado al placer y la motivación, que reduce el cortisol y favorece la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para crear nuevas conexiones incluso en la vejez. El lóbulo occipital y el lóbulo parietal, encargados de medir la profundidad y la distancia, también se mantienen activos con cada intento, algo que ayuda a prevenir la desorientación espacial en la vida diaria.

Cómo empezar a enhebrar cuentas o botones a los 65 años de edad

La metodología Montessori exige ir de lo más simple a lo más complejo y presentar el material de forma ordenada para no generar frustración. El cuidador coloca todos los elementos en una bandeja baja, distribuidos de izquierda a derecha como en la lectura: un cuenco con las cuentas a la izquierda, el cordón en el centro y un cuenco vacío a la derecha para las piezas ya enhebradas. Un nudo grueso o un botón grande al final del cordón evita que las piezas se salgan mientras se introducen.

El nivel de dificultad avanza en tres fases. Al principio, macarrones gigantes o cuentas de madera de más de tres centímetros con un cordón grueso o un limpiapipas rígido facilitan el movimiento.

Después, unas cuentas medianas con un cordón de algodón estándar suben la exigencia. Por último, unos botones reales con agujeros pequeños y una aguja de plástico sin punta cierran el proceso para quienes dominan ya la tarea.

El acompañante demuestra el gesto despacio y sin explicaciones largas: toma el cordón con una mano, la cuenta con la otra, introduce el hilo con calma y hace una pausa visible cuando asoma por el otro lado. Después cede el turno con una frase simple, «¿Quieres intentarlo tú?», y evita corregir si la persona mayor se equivoca, porque el propio material muestra el error cuando la cuenta se cae sin el nudo.

Si la sesión termina tras enhebrar sólo dos piezas, la actividad ya ha cumplido su función, y forzar el ejercicio más allá de ese punto anula el beneficio cognitivo.