Ni por la grasa corporal ni por niveles hormonales: ¿Por qué algunas personas toleran mejor el calor que otras?
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En las últimas semanas, el calor ha sido el gran protagonista en gran parte de España (y Europa), con un mes de junio especialmente intenso en muchas zonas. Las altas temperaturas han obligado a cambiar horarios e incluso reducir la actividad en ciertos momentos del día, pero lo cierto es que no todo el mundo lo ha llevado igual: mientras algunos han seguido con su rutina sin grandes problemas, otros han notado rápidamente el cansancio, la falta de concentración o ese desgaste que aparece cuando el calor se hace pesado.
Esa diferencia se ve con bastante claridad en el día a día y hace que nos preguntemos el porqué hay gente que tolera mejor las altas temperaturas. Hay quien duerme peor, quien pierde el apetito o quien necesita parar más veces de lo habitual, y al mismo tiempo hay personas que parecen adaptarse sin demasiados problemas. No es algo nuevo, pero sí llama la atención cuando las temperaturas se disparan varios días seguidos. Durante mucho tiempo se ha tirado de explicaciones casi siempre relacionadas con el físico o con el estado de forma. Pero cuando se analiza con más detalle, ese planteamiento se queda corto si tenemos en cuenta que hay personas con características muy parecidas que reaccionan de forma completamente distinta al calor, lo que obliga a mirar más allá de lo puramente biológico.
¿Por qué algunas personas toleran mejor el calor que otras?
Es evidente que hay una base biológica que condiciona la forma en la que se soporta el calor. El porcentaje de grasa, la masa muscular o el estado físico general pueden influir en cómo el organismo regula la temperatura. Una persona con buena forma física, por ejemplo, suele activar antes mecanismos como la sudoración o el aumento del flujo sanguíneo hacia la piel.
También entran en juego factores como el equilibrio hormonal, que puede modificar la percepción térmica o la respuesta del cuerpo. Sin embargo, establecer una relación directa no es sencillo, porque intervienen muchos elementos al mismo tiempo y no todos actúan igual en cada persona. De hecho, es habitual encontrar perfiles muy distintos que reaccionan de manera similar al calor. Por eso, los especialistas insisten en que centrarse sólo en la biología es quedarse a medias. Puede marcar cierta diferencia, pero no es lo que determina realmente por qué alguien lo lleva mejor que otro en situaciones concretas.
Lo que marca la diferencia es la adaptación
Donde sí aparece una diferencia clara es en la forma en la que cada persona se adapta al calor. No es lo mismo mantener el mismo ritmo en plena ola de calor que ajustarlo a las condiciones. Quienes toleran mejor las altas temperaturas suelen haber incorporado cambios en su día a día, muchas veces sin darse cuenta.
Modificar horarios, evitar las horas centrales del día, reducir la intensidad de la actividad física o buscar entornos más frescos son decisiones que tienen un impacto directo. No eliminan el calor, pero evitan que el cuerpo tenga que esforzarse más de lo necesario para regularse. Además, esa adaptación no ocurre de un día para otro ya que el organismo necesita tiempo para acostumbrarse a temperaturas elevadas. Por eso, las primeras olas de calor suelen notarse más, mientras que con el paso de las semanas muchas personas empiezan a tolerarlas mejor.
La forma en la que se percibe el calor también cuenta
No todo es físico sino que la percepción que cada uno tiene del calor también influye en cómo lo soporta. Hay personas que asocian el verano con algo positivo, con tiempo libre o con actividades al aire libre, y eso hace que afronten mejor las altas temperaturas.
En cambio, para otras el calor está ligado a incomodidad, trabajo o situaciones poco agradables. Esa diferencia en la forma de interpretarlo puede hacer que los síntomas aparezcan antes o se vivan con más intensidad. No es que el calor sea distinto, pero sí la manera de experimentarlo. Algunos estudios han mostrado que esa percepción subjetiva no siempre coincide con el esfuerzo real que está haciendo el cuerpo, es decir, alguien puede sentirse bien y, aun así, estar sometiendo a su organismo a un nivel de estrés térmico elevado sin ser del todo consciente.
No es cuestión de dónde vienes, sino de cómo te adaptas
Existe la idea de que las personas de países más cálidos están mejor preparadas para soportar el calor, pero los expertos matizan esta creencia. No hay una ventaja biológica clara que explique esa diferencia sino que lo que cambia es la forma de vida. De este modo, en muchos lugares donde las temperaturas son altas durante gran parte del año, las rutinas están adaptadas desde hace tiempo. Se evitan las horas centrales del día, se introducen pausas como la siesta o se utiliza ropa más ligera y amplia que facilita la ventilación del cuerpo. Son ejemplos de cómo el comportamiento se ajusta al entorno. Y eso es lo que realmente permite sobrellevar mejor el calor. No se trata de resistir más, sino de exponerse de forma diferente.
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