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Ni crucigramas ni sudokus: la actividad recomendada por el método Montessori para que los mayores de 65 años mejoren su función cognitiva

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Con el paso de los años, el cuerpo humano empieza a vivir cambios que, si bien son naturales, se tienen que abordar con cuidado, y eso es aún más cierto cuando se trata del cerebro. Frente al deterioro cognitivo, los terapeutas recomiendan un ejercicio sencillo tomado del método Montessori: el trasvase de sólidos y líquidos, ni más ni menos que pasar elementos de un recipiente a otro con las manos o con herramientas sencillas.

Esta actividad estimula la plasticidad cerebral, mejora la coordinación ojo-mano y fortalece funciones ejecutivas como la concentración, la planificación y la memoria de trabajo, todo ello mientras entrena la motricidad fina que ayuda a mantener la autonomía en el día a día.

Por qué funcionan los ejercicios de trasvase del método Montessori en mayores de 65 años

Mantener el enfoque para no derramar los elementos entrena la atención sostenida, mientras que calcular volúmenes, planificar el orden del llenado y corregir errores en tiempo real ejercita las funciones ejecutivas.

Coordinar los músculos cortos de las manos y los dedos mantiene además activas las áreas motoras del cerebro, y el contacto con distintas texturas, pesos y sonidos estimula la percepción táctil y auditiva.

Los ejercicios con sólidos son el punto de partida más sencillo, porque no generan la frustración de los derrames. Pasar legumbres de un cuenco a otro con una cuchara sopera, trasladar macarrones o pompones de colores con unas pinzas de cocina hasta una cubitera, o separar frijoles negros y blancos mezclados en un mismo tazón son formas de empezar que ya añaden un reto de coordinación y de discriminación visual.

Los ejercicios con líquidos exigen más precisión y control del pulso. Sumergir una esponja en un bol con agua y escurrirla en otro trabaja la fuerza muscular y la propiocepción; verter agua, coloreada con colorante alimentario para que se vea mejor, en varios vasos pequeños hasta igualar la cantidad exige atención constante; y usar un gotero o una jeringa de cocina sin aguja para llenar los huecos de una cubitera o un molde de bombones requiere la máxima concentración y control motor fino.

Cómo hacer estos ejercicios de trasvase de manera correcta y segura a los 65 años

Todo el material debe colocarse dentro de una bandeja grande de plástico o madera con bordes, que delimita el espacio de trabajo y contiene los posibles derrames. El recipiente lleno se coloca a la izquierda y el vacío a la derecha, siguiendo el orden en el que se lee, o al revés si la persona es zurda, con la herramienta, ya sea una cuchara, unas pinzas o una esponja, en el centro.

Quien acompaña el ejercicio hace primero la demostración, de forma lenta y en silencio, para que el mayor observe la técnica sin saturarse de instrucciones verbales. Después se invita a tomar la herramienta con un agarre de pinza trípode, usando el índice, el pulgar y el corazón, y a mover el brazo de forma fluida hasta volcar el contenido en el recipiente vacío.

El ejercicio termina cuando el recipiente de la izquierda queda vacío, momento en el que se puede repetir el proceso a la inversa.

Con sólidos como garbanzos o pastas, conviene invitar a la persona a escuchar el sonido que hacen al caer, porque el oído también estimula el cerebro y ayuda a regular la velocidad del movimiento. Con líquidos, es mejor llenar la jarra solo hasta la mitad para que no pese demasiado, y si se usa un gotero o una jeringa, enseñar primero a presionar fuera del agua, meter la punta, soltar para succionar y presionar de nuevo para vaciar en el destino.

Si se cae un garbanzo o se derrama agua, lo mejor es no corregir de inmediato: dejar que el mayor lo note por sí mismo forma parte del ejercicio cognitivo. Las sesiones deben ser cortas, de entre 10 y 15 minutos al día, y conviene detenerse ante cualquier signo de fatiga visual o frustración, felicitando siempre el esfuerzo realizado.