OkSalud
Nutricionista de HM Hospitales

J. Martínez: «El consumo regular de agua de mar favorece la deshidratación y aumenta la tensión arterial»

"No existe evidencia científica sólida que demuestre que el agua de mar cure el cáncer ni otras enfermedades graves"

La difusión de recomendaciones sin base científica sobre alimentación y salud continúa aumentando en internet y las redes sociales, especialmente aquellas que prometen soluciones rápidas o «naturales» frente a enfermedades. Como por ejemplo que el consumo de agua de mar puede “curar” el cáncer.

Por ello, OKSALUD ha entrevistado a Javier Martínez, nutricionista de HM Hospitales, quien insiste en que «actualmente no existe evidencia científica sólida que demuestre que cure el cáncer ni otras enfermedades graves».

PREGUNTA.- En los últimos años han circulado mensajes en redes sociales que atribuyen al agua de mar supuestos beneficios para «curar» enfermedades como el cáncer. ¿Tiene alguna base científica esta afirmación?

RESPUESTA.- Actualmente no existe evidencia científica sólida que demuestre que el agua de mar cure el cáncer ni otras enfermedades graves. Este tipo de mensajes suelen apoyarse en testimonios personales, interpretaciones erróneas o teorías sin validez científica. La investigación médica exige estudios rigurosos, reproducibles y controlados antes de considerar eficaz cualquier tratamiento. Y hasta la fecha, el agua de mar no ha demostrado beneficios terapéuticos en oncología.

P.- ¿Qué riesgos puede tener para la salud consumir agua de mar de forma habitual o siguiendo recomendaciones sin respaldo médico?

R.- El principal problema es su elevada concentración de sal. El agua de mar contiene aproximadamente 35 gramos de sales y 27 gramos de sal por litro, mientras que la Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 5 gramos de sal al día. Consumirla de forma habitual puede favorecer la deshidratación, el aumento de la presión arterial y una mayor carga para los riñones. Además, en personas con hipertensión, enfermedad renal, insuficiencia cardíaca o problemas cardiovasculares, el riesgo puede ser aún mayor.

También existe un riesgo indirecto importante: creer que un producto «natural» puede sustituir hábitos saludables o tratamientos realmente eficaces. No compensa beber agua de mar, incluso diluida, si estamos buscando minerales como el calcio o el magnesio, porque contiene cantidades muy pequeñas que cubrimos de sobra con una dieta medianamente equilibrada. Al igual que no compensa beber vino buscando polifenoles que conseguimos con frutas y verduras sin incorporar el alcohol que daña nuestra salud.

P.- ¿Por qué este tipo de bulos relacionados con la alimentación y las «curas milagrosas» suelen difundirse con tanta facilidad, especialmente entre pacientes con enfermedades graves?

R.- Porque las personas buscamos esperanza, soluciones sencillas y sensación de control, especialmente en situaciones difíciles. Los mensajes emocionales, simples o milagrosos suelen difundirse mucho más rápido que las explicaciones científicas, que normalmente son más prudentes y complejas. Además, las redes sociales favorecen contenidos impactantes y rápidos, aunque no siempre sean rigurosos. Y muchas veces confundimos natural con seguro o eficaz, cuando son conceptos completamente distintos. Vivimos además en la sociedad de la inmediatez.

P.- ¿Qué consecuencias puede tener que una persona sustituya tratamientos médicos o hábitos avalados por profesionales por prácticas sin evidencia científica como beber agua de mar?

R.- La consecuencia más grave es retrasar o abandonar tratamientos que sí han demostrado eficacia. En enfermedades como el cáncer, el tiempo puede ser determinante. Pero también existe otro problema de fondo: centrar toda la atención en productos milagro mientras se descuidan los pilares reales de la salud. La evidencia científica sigue mostrando que lo que más impacto tiene sobre nuestra salud son hábitos básicos y mantenidos en el tiempo, como una buena alimentación, actividad física regular, descanso adecuado y evitar tóxicos como el tabaco o los vapeadores, cuyo uso también se asocia a riesgos cardiovasculares, respiratorios e inflamatorios.

P.- ¿Qué señales deberían alertarnos de que estamos ante una recomendación nutricional falsa o potencialmente peligrosa en redes sociales o internet?

R.- Hay varias señales de alarma bastante claras: promesas de «curación» rápida o universal; mensajes que aseguran que médicos o científicos «ocultan la verdad»; uso excesivo de testimonios personales en lugar de estudios científicos; recomendaciones extremas o que demonizan alimentos o tratamientos completos; y productos vendidos como «naturales» y, por tanto, supuestamente inocuos. La nutrición basada en evidencia rara vez ofrece milagros. Normalmente habla más de constancia, hábitos y equilibrio que de soluciones mágicas. Y así sucede en las zonas azules del mundo, donde se añaden años a la vida y vida a los años a través de patrones alimentarios y estilos de vida que nada tienen que ver con estas soluciones sin fundamento.