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Fernando Fabiani, médico: “Si quieres recuperarte de los excesos del verano, no busques una poción mágica, come bien, bebe agua, muévete y duerme”

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Según un estudio realizado en 2019 por Nutritienda, hasta el 61 % de los españoles reconoce que suele ganar peso durante el verano. Entre las personas encuestadas, únicamente un 15% aseguró haber adelgazado, mientras que el 24% consiguió mantener su peso. Entre los principales motivos de este fenómeno destaca el mayor consumo de bebidas alcohólicas, como la cerveza o el tinto de verano (58%), seguido de la ingesta de helados y otros dulces (47%). También influyen la reducción de la actividad física (38%), comer más entre horas (34%), un mayor consumo de alimentos procesados (33%) y tomar aperitivos con frecuencia en el chiringuito (26%).

Ahora, como es habitual, septiembre llega acompañado del deseo de recuperar los buenos hábitos. Sin embargo, volver a la rutina no debería implicar recurrir a dietas extremas ni a soluciones milagrosas para recuperarse de los excesos del verano. Recuperar el equilibrio puede ser mucho más sencillo de lo que parece y pasa, principalmente, por prestar atención a la alimentación, el ejercicio físico y el descanso.

Cómo recuperarse de los excesos del verano

Durante las vacaciones, muchas personas caminan y se mueven más, así que es normal que el cuerpo se resienta al volver a pasar ocho horas delante del ordenador. Fernando Fabiani, médico de familia y divulgador, en conversación con La Vanguardia, explica que «podemos notar cansancio, cierta rigidez muscular, tensión en las piernas o en el cuello y, paradójicamente, sentirnos más cansados pese a estar moviéndonos bastante menos. Ese cansancio puede ser también mental y estar relacionado con el estrés o la presión de volver al trabajo, además de que durante unos días nos puede costar más dormir».

Pero, ¿cómo recuperarse de los excesos del verano? «Si quieres recuperarte de los excesos, no busques una poción mágica: vuelve a comer bien, bebe agua, muévete, duerme mejor y evita los tóxicos. La desintoxicación no empieza en la farmacia, empieza en la cesta de la compra. Lo mejor para no tener que hacer un detox es abusar menos previamente», asegura.

Por otro lado, hace referencia al «sedentarismo activo», entendiendo como tal el hecho de hacer ejercicio con frecuencia pero, al mismo tiempo, pasar la mayor parte del día sentado o sin moverse. «Hacer ejercicio con regularidad es muy beneficioso, pero no elimina por completo los efectos negativos de permanecer sentado durante muchas horas. Es parecido a pensar que, por haber comido una comida saludable, ya no importa el resto de hábitos perjudiciales: una conducta aporta beneficios, pero no compensa totalmente las consecuencias de otra.

Algunos estudios han tratado de determinar cuánto ejercicio sería necesario para contrarrestar unas ocho horas diarias de inactividad, y las estimaciones apuntan aproximadamente a una hora de actividad física moderada o intensa. Y si, después de esa jornada, pasamos otras cuatro horas sentados en el sofá, la necesidad de movimiento aumenta todavía más. Por eso, lo realmente importante es incorporar actividad física y movimiento a diferentes momentos del día», explica.

En la misma línea, Almu Morell, licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, afirma que «se ha visto que a partir de 6–8 horas diarias sentados, el cuerpo empieza a resentirse, especialmente a nivel muscular, articular, circulatorio y metabólico. Nuestro organismo está diseñado para el movimiento constante, no para largos periodos de inmovilidad. Por eso, incluso personas que entrenan a diario pueden sufrir los efectos del sedentarismo si pasan demasiadas horas sentadas», según recoge WeLife.

Afortunadamente, existen varias pautas que pueden marcar la diferencia:

Rutina de los 10.000 pasos

La famosa cifra de los 10.000 pasos tiene su origen, en realidad, en una campaña de marketing creada hace décadas para promocionar un podómetro. Era un número fácil de recordar y atractivo, pero no surgió de una recomendación científica concreta.

«La evidencia muestra que el beneficio ya empieza a aumentar claramente a partir de cifras bastante inferiores y, si tuviéramos que buscar un punto en el que haya una buena relación entre esfuerzo y beneficio, podríamos hablar de unos 7.000 u 8.000 pasos. Eso no significa que hacer 10.000 sea peor: cuanto más nos movamos, mejor. Pero pasar de 3.000 a 6.000 pasos ya puede suponer una mejora importante, aunque no lleguemos a 10.000. Y si alguien nada o monta en bicicleta durante horas, quizá el número concreto de pasos sea secundario», comenta Fabiani.