Cáncer de hígado: tipos, factores de riesgo y opciones de tratamiento
El cáncer de hígado engloba a un grupo de tumores malignos que se originan en las propias células del tejido hepático. Aunque no es uno de los cánceres más frecuentes en términos globales, sí representa un reto clínico importante por su diagnóstico tardío y por la estrecha relación que mantiene con enfermedades hepáticas previas.
Según explica el Doctor César Ramírez, jefe del Servicio de Cirugía General y Digestiva del Hospital Quirónsalud Málaga, el tipo más habitual es el hepatocarcinoma, que representa aproximadamente el 80% de los tumores hepáticos primarios y se origina en los hepatocitos, las células principales del hígado. En segundo lugar se sitúa el colangiocarcinoma, que afecta a los conductos biliares y supone alrededor del 20% de los casos. Existen, además, otros tumores mucho menos frecuentes, como el angiosarcoma o el hepatoblastoma.
No obstante, el especialista matiza que “los tumores malignos más frecuentes del hígado no son los primarios, sino los secundarios o metastásicos”, debido a que el hígado recibe un flujo sanguíneo muy elevado, lo que lo convierte en un órgano especialmente vulnerable a la diseminación de tumores procedentes de otros órganos.
El papel decisivo del hígado cirrótico
Uno de los aspectos más relevantes del cáncer de hígado es su estrecha relación con enfermedades hepáticas crónicas. En el caso del hepatocarcinoma, la mayoría de los pacientes presentan un daño previo en el hígado.
Tal y como señala el Dr. Ramírez, “en el 90 % de los hepatocarcinomas subyace una patología inflamatoria o cirrótica de base”. Esta cirrosis suele estar relacionada con el consumo excesivo de alcohol, las infecciones crónicas por los virus de la hepatitis B y C o, cada vez con más frecuencia, con la esteatohepatitis asociada a la obesidad y al síndrome metabólico.
La cirrosis implica un proceso continuo de inflamación y regeneración celular, un contexto en el que el riesgo de que aparezcan mutaciones malignas aumenta de forma significativa.
Una enfermedad silenciosa en sus primeras fases
El cáncer de hígado tiene una característica que complica su detección: suele avanzar sin provocar síntomas en las fases iniciales. Los tumores pequeños no generan molestias, y los signos clínicos aparecen cuando la enfermedad está más avanzada.
El especialista explica que el dolor suele manifestarse cuando el tumor alcanza un tamaño considerable y afecta a la cápsula del hígado, una estructura muy sensible. En algunos casos, si se produce una obstrucción de los conductos biliares, puede aparecer ictericia, con coloración amarillenta de la piel y las mucosas.
Por este motivo, los diagnósticos precoces suelen ser hallazgos casuales durante pruebas de imagen realizadas por otros motivos médicos.
Prevención: actuar sobre los factores de riesgo
Reducir el riesgo de desarrollar cáncer hepático pasa, en gran medida, por prevenir o controlar las enfermedades que dañan el hígado. Evitar el consumo de alcohol, mantener un peso saludable mediante una dieta equilibrada y prevenir las infecciones por hepatitis B y C son medidas fundamentales.
En relación con los virus de la hepatitis, el Dr. Ramírez subraya la importancia de la vacunación frente a la hepatitis B y de las medidas de prevención para evitar contagios por vía sanguínea o sexual. En el caso de la hepatitis C, destaca un avance clave: “La incidencia de hepatocarcinoma y cirrosis por el virus C ha descendido de forma dramática gracias a los nuevos tratamientos antivirales”.
Cómo se diagnostica el cáncer de hígado
El diagnóstico se apoya principalmente en las pruebas de imagen. La ecografía suele ser el primer paso, al detectar la presencia de un nódulo sospechoso. Posteriormente, estudios más precisos como el TAC o la resonancia magnética permiten caracterizar mejor la lesión y decidir si es necesaria una biopsia.
Además, se utilizan marcadores tumorales en sangre, como la alfafetoproteína en el hepatocarcinoma o el CA 19.9 en tumores biliares. El aumento de las pruebas diagnósticas ha permitido detectar más tumores en fases tempranas, cuando las opciones de tratamiento son más eficaces.
Tratamiento: un abordaje individualizado y multidisciplinar
Las opciones terapéuticas dependen del tipo de tumor, del estado del hígado y de la extensión de la enfermedad. En pacientes con hepatocarcinoma sobre un hígado cirrótico, el trasplante hepático puede ser la mejor opción, ya que elimina tanto el tumor como la enfermedad de base.
Cuando el tumor aparece en un hígado sano y está localizado, la cirugía de resección es la alternativa con mayores posibilidades de curación. En cambio, si la enfermedad está extendida fuera del hígado, el tratamiento se orienta hacia terapias paliativas.
El Dr. Ramírez insiste en que estos casos deben abordarse siempre en comités oncológicos multidisciplinares, con especialistas experimentados en cirugía hepática y digestiva, para elegir la mejor estrategia terapéutica en cada paciente.
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