Beatriz Carnicero: «La técnica de la tortuga ayuda a los niños a manejar las rabietas»
"Queremos acompañar a los menores en este proceso de construcción de su cerebro"
"Practicar esta herramienta en momentos de calma, así como entrenar las respiraciones antes de que algo ocurra es fundamental"
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Los enfados y las rabietas son situaciones habituales durante la etapa de crecimiento de cualquier niño. Sin embargo, muchos padres se preguntan cómo ayudarles a gestionar esas emociones sin recurrir sólo al castigo. En los últimos años, han surgido herramientas educativas como la ‘Técnica de la tortuga’ que se han llegado a convertir en una forma sencilla de enseñar a los más pequeños de la casa a parar, calmarse y pensar antes de actuar.
Para conocer mejor cómo funciona y cómo pueden aplicarse, en OKSALUD hemos entrevistado a la psicóloga y orientadora en el Colegio Everest Monteclaro, Beatriz Carnicero:
PREGUNTA.- ¿Qué es la técnica de la tortuga y para qué tipo de conductas está recomendada en niños?
RESPUESTA.- La Técnica de la Tortuga es una estrategia de autocontrol emocional con la que se pretende ayudar a los niños a manejar impulsos, rabietas, frustración o reacciones desproporcionadas. Fue creada por Schneider y Robin (1974) como parte de un programa de modificación de conducta para niños con problemas de autocontrol. La idea es enseñar al niño a «meterse en su caparazón» para detenerse, calmarse y reflexionar antes de actuar; todo esto a través de un cuento donde una tortuga es la protagonista.
Está técnica ayuda a reducir rabietas o estallidos emocionales, controlar impulsos agresivos (empujar, gritar, tirar objetos). Sustituye conductas impulsivas por otras más adaptativas. Suele utilizarse con niños con TDAH, pero es una técnica que en el colegio donde yo trabajo se la enseñamos a todos los niños, ya que a todos les viene bien aprender a gestionar sus emociones y tener herramientas para saber qué hacer cuando se enfaden con algún amigo, con sus padres en casa, etc…
P.- ¿A partir de qué edad puede empezar a aplicarse y cómo se adapta según la etapa evolutiva?
R.- Se puede utilizar más o menos desde los 5 años. Hay que saber que los niños pequeños son impulsivos y actúan antes de pensar porque su cerebro aún está en construcción, especialmente las áreas y conexiones encargadas del control inhibitorio, la regulación emocional y la planificación. Por eso, con esta técnica de la tortuga lo que queremos es acompañar a los niños en este proceso de construcción de su cerebro.
Cuando los niños son más mayores, a partir de los 10 años aproximadamente, quizá esta técnica les parezca algo infantil por aquello de la metáfora de la tortuga, pero por supuesto que se puede trabajar el mismo objetivo y proceso desde otras técnicas.
P.- ¿Cuáles son los pasos concretos para enseñarla correctamente en casa?
R.- La técnica se basa en enseñar una secuencia de autocontrol, siempre usando la metáfora de la tortuga que se protege en su caparazón para pensar antes de reaccionar. Se enseña primero en situaciones calmadas, luego se practica en momentos reales.
Las fases de la técnica de la tortuga: Lo primero sería enseñar al niño a reconocer la emoción, es decir, tomar conciencia de la emoción que está sintiendo. El niño aprende a identificar señales internas: «Mi corazón va rápido», «Me estoy enfadando», «Tengo ganas de gritar»… El segundo paso sería, «meterse en el caparazón»: El niño adopta una postura de tortuga: Se cruza de brazos, agacha la cabeza, se “cierra”. Así el niño consigue parar la conducta impulsiva. Después, es cuando el niño tiene un tiempo para poder relajarse y calmarse: el niño puede ahora utilizar respiraciones, técnicas de relajación previamente entrenadas y también puede repetirse frases tranquilizadoras como «puedo calmarme», «esto pasará»…
Una vez calmado, el último paso sería “salir del caparazón” y buscar una solución. Cuando ya está calmado el niño habla, expresa lo que necesita, pide ayuda y/o propone una alternativa.
P.- ¿En qué se diferencia de un ‘tiempo fuera’ tradicional y por qué no debe utilizarse como castigo?
R.- La técnica de la tortuga es una técnica que pretende enseñar al niño a conocer cuándo se está enfadando (autoconocimiento) y a saber cómo regularse y calmarse por sí mismo (autorregulación), aunque para ello necesite la guía del adulto. Es una técnica que fortalece la autoestima porque le da al niño control sobre sí mismo. En el tiempo fuera el control de la conducta es externo, se le retira la atención o se le separa del ambiente y el niño espera hasta que el tiempo termina. No hay aprendizaje, reflexión ni gestión de la propia emoción. Se puede vivir como un castigo.
Ambas técnicas se pueden combinar: si la situación es violenta y hay peligro, para poner límites y seguridad se puede aplicar el tiempo fuera, y será en otro momento, cuando el niño esté calmado y en disposición de aprender, cuando pueda entrenarse la técnica de la tortuga. Así, ante otra situación venidera de frustración o rabia, el niño tendrá herramientas para poder frenar la situación y reconducirla.
P.- ¿Qué errores cometen con más frecuencia los padres cuando intentan aplicarla?
R.- Antes de hablar de errores que podemos cometer los padres en cuanto a la aplicación de la técnica de la tortuga, me gustaría comentar otro error previo que se suele cometer. Muchos padres se enfadan porque su hijo se frustra o tiene una rabieta. En vez de eso, lo primero que tenemos que hacer es validar su emoción: «Entiendo que estés enfadado». Los niños y los adultos nos enfadamos. Esa es una emoción válida y con una función muy importante: Nos permite luchar contra lo que es injusto, contra lo que no estoy de acuerdo, contra algo que me molesta o cuando considero que se están sobrepasando los límites. Le validamos el sentimiento, pero le enseñaremos que no todo vale cuando está enfadado. Habrá que hablar con el niño para valorar qué cosas se pueden hacer cuando uno está enfadado y cuáles no (pegar, insultar, lanzar objetos). Y una de las que podemos hacer es la Técnica de la tortuga.
Ahora sí que uno de los errores más frecuentes cuando se aplica la técnica de la tortuga es utilizarla sin haber trabajado antes con el niño qué son las emociones, en este caso el enfado; sin haber reflexionado con él sobre qué cosas son las que le enfadan o causan frustración, o sin haberse parado a escuchar qué dice su cuerpo cuándo se está enfadando, etc…
Otro problema es que hay padres que utilizan sólo la postura de «meterse en el caparazón». Hacer sólo eso, fuera de todo el contexto que rodea a la técnica de la Tortuga, hará que no funcione. O querer aplicar esta técnica sólo en el momento en el que surge el enfado. Practicar con los niños los pasos de la técnica en momentos de calma, así como entrenar las respiraciones o relajación antes de que algo ocurra, es fundamental para que podamos lograr el objetivo. Incluso otras veces esperamos que sean los niños solos los que pongan en marcha todos los pasos de la técnica de la tortuga sin errores y lo cierto es que necesitan, en un principio, de nuestra ayuda para su aplicación. Tenemos que ser su guía y acompañarlos en el proceso.
Además, no olvidemos que somos ejemplo para ellos. Como decía la madre Teresa de Calcuta: «No te preocupes si tus hijos no te escuchan, te observan todo el día». Qué mejor aprendizaje para un hijo ver cómo sus padres manejan correctamente situaciones que les enfadan.
P.- ¿Cuándo deberíamos pensar que el problema de autocontrol requiere ayuda profesional más allá de esta técnica?
R.- Podríamos pensar que el problema de autocontrol de nuestro hijo requiere ayuda profesional cuando esas explosiones emocionales son muy intensas, repetidas o prolongadas en el tiempo. También si esa falta de autocontrol interfiere en la vida diaria del niño: le perjudica en su funcionamiento escolar, le repercute negativamente en el ámbito social y la vida familiar se ve también afectada.
Cuando el niño no mejora pese a estrategias coherentes aplicadas durante semanas o meses. La implicación, el trabajo y el empeño de todos es puesto en juego, pero no se obtienen resultados. Los padres no lo sabemos todo, no lo podemos todo. Sí lo hacemos todo con la mejor intención, pero a veces necesitamos ayuda y aceptarla es una buena decisión.
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