Chipirones crujientes
Fritos o espetados, en su tinta o encebollados. Rebozados. Los chipirones, que no son otra cosa que calamares pequeños, son uno de los platos más demandado en cualquier restaurante o chiringuito que se precie. Aplaudido por los más pequeños y siempre a mano de cualquier mayor. Difícil encontrar alguna persona que rechace catarlos. Entre las múltiples formas de hacerlos y comerlos que existen hoy aprendemos cómo preparar chipirones rebozados crujientes.
Para rebozar chipirones lo primero que hay que tener en cuenta es que el aceite de oliva virgen extra esté limpio, no esté demasiado usado, y por supuesto sea de buena calidad. De esta forma respetaremos el producto y potenciaremos su sabor con los matices que le da el zumo de la oliva. Sobre todo teniendo en cuenta que requiere de bastante aove a la hora de freírlos. Es un alimento demasiado bueno como para estropearlo por ahorrar donde no debemos.
Otra advertencia antes de empezar es que los chipirones hay que limpiarlos muy bien por dentro ya que acumulan muchas partículas del mar que no debemos comer. Lo mejor cuando los vayamos a preparar es separar el cuerpo de los tentáculos.
Rebozar chipirones no es más que hacer una pasta alrededor del cefalópodo como si fuese tempura. Esta pasta debe tener la textura ideal, de forma que no esté muy gruesa ni tampoco que se dehaga. Al freírlo debe quedar crujiente pero en su punto, y no muy hechos. Es una técnica sencilla, económica y rápida.
Para rebozar chipirones, empezamos comprando harina especial para rebozar pescado, o en su defecto mezclamos harina de maíz y de trigo a partes iguales. Los chipirones los dejamos enteros porque suelen ser pequeños, en caso de que vea un tamaño desproporcionado podemos cortarlos. Al limpiarlos le damos la vuelta como si fuese un calcetín.
Le ponemos sal y los enharinamos. Después los pasamos por un huevo al que le podemos poner un poquito de perejil. Hay quien les pone para conseguir un sabor diferente eneldo ajo y guindilla.
Lo freímos con mucho aceite de oliva virgen extra caliente y con mucho cuidado ya que salta mucho el AOVE y puede salpicar. No los tapamos porque si no nos saldrían cocidos. Cuando los saquemos los ponemos en papel secante para que no queden muy aceitosos.
Cuando los tenemos listos en la fuente para comer, y acompañados de algunas verduras jugosas, podemos incoporar en la mesa, limón y mayonesa para quien guste.
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