Con la viuda de Azaña
Leyendo el editorial del pasado 22 firmado por Eduardo Inda, que comparto de pe a pa, sobre el mini speech del Rey con motivo de la inauguración de la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, Claudia Sheinbaum ha hecho una referencia así… como de pasada, a las relaciones con México sin darle una gran importancia a las palabras del Rey Felipe que «está arrojando por la borda hasta ahora indiscutido e indiscutible prestigio…», dejando convertida a la más épica aventura de la humanidad en algo sucio, algo mediocre y sin nada positivo a su alrededor. Pues no, no y no, señora Sheinbaum.
A propósito de las palabras de la presidenta de México valorando el «acercamiento del Rey al admitir abusos en la Conquista, protagonizando la mayor distensión en siete años tras los choques diplomáticos por la interpretación de la colonización de America», repetiría la frase de la canción de la desaparecida Rocío Durcal: «Como han pasado los años…, las vueltas que da la vida».
Existe un interesantísimo libro que recopila la correspondencia de Manuel Azaña con figuras como Unamuno, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, entre otros. Por todo ello, por toda la melé que se ha organizado entre unos y otros, recuerdo con afecto y simpatía mi encuentro con la viuda de quien fuera presidente de la República, el 18 de noviembre de 1978, durante la primera visita oficial del Rey Juan Carlos a México. Puedo presumir de haber sido testigo excepcional del histórico encuentro, con motivo de aquel viaje del Jefe del Estado español, respetado y responsable de la Monarquía, con doña Lola Rivas, de 84 años, viuda de Manuel Azaña, el último presidente de la República, en la Embajada de España, durante la visita de los Reyes a México a la que yo les acompañé como enviado especial.
Siempre agradeceré y nunca olvidaré el gran favor que me hizo el entonces embajador español en la capital azteca, Luis Coronel de Palma, marqués de Tejada y ex gobernador de España, permitiéndome estar presente en el reencuentro de la legitimidad de la República y la monarquía democrática.
«Quédate en este salón. Que no te vean los compañeros. Yo te avisaré», me dijo mi amigo el embajador.
Ni a Chencho Arias, que formaba parte del séquito de los Reyes de España en el viaje, Marcelino Oreja le permitió asistir al encuentro. Sólo estuvo presente Emilio Cassinello, agregado cultural entonces, y más tarde embajador de 1982 a 1985. Gracias a esta deferencia de mi amigo, el máximo responsable de la Embajada, pude ser testigo de aquel emocionante e histórico momento en el que doña Lola, con los ojos llenos de lágrimas, tomaba la mano de los Reyes entre las suyas al tiempo que les decía: «¡Cuánto le hubiera gustado a Manuel vivir este momento, porque él quería la reconciliación de todos los españoles!».
Ésta es la auténtica historia, presidente. Como usted dijo en su discurso, «la Constitución de 1978 restauró los valores de la república de 1931». El Rey don Juan Carlos los selló con aquel abrazo a la viuda de Azaña ese mismo año. ¡Qué casualidad! Muchas veces recordé aquel día con Alfonso, su dignísimo hijo y presidente de Cope entre 2006 y 2008, con quien tuve la suerte y el privilegio de colaborar. Murió a los 54 años, dejando seis hijos: Mercedes, Alfonso, Regina, Victoria, Carmen y Luis.
¡Cómo han pasado los años!, y ya nada es igual.
Chsss…
El hermano pequeño del Rey sigue recibiendo medio millón de euros pese a no tener un papel institucional.
Le retiran de la línea de sucesión. ¡Elemental, querido Watson, elemental!
«¡Viva el sha!»: el Heredero iraní se crece ante el clamor contra los ayatolás. Calma, mucha calma.
Quiere liderar Irán y defendió en Washington que el régimen de los ayatolás está «a punto de caer» (?).
Condiciona su regreso a España a poder instalarse en La Zarzuela.
Lógico. ¿Se imagina el lector residiendo en un hotel?
Cada vez que ha acudido a Madrid para reunirse con la familia ha optado por regresar de inmediato a su actual residencia sin pernoctar en la capital del país en el que fue rey. ¡Normal!
Villaverde será el Macondo de Shakira en sus seis conciertos madrileños, el primero de ellos el 18 del próximo septiembre.
Para ella, se construirá un estadio ad hoc con capacidad para 50.000 personas, la mitad sentadas, más una zona vip para 3.000.
Una vez conocidas las mieles del éxito popular, es lógico que se haya planteado no volver a la competición internacional. Se entiende.
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