Visca Catalunya i visca Espanya!

Visca Catalunya i visca Espanya!

Ojalá ganemos el Mundial. Por sentimiento, por afición y por ver un fenómeno que se produce en Cataluña de vez en cuando, pero que demuestra la realidad de esta comunidad autónoma. Ese sentimiento nacional, que a diario está atenuado por el continuo bombardeo nacionalista por parte del PSC y los partidos separatistas, se desborda como una botella de champán que se descorcha tras agitarla cuando la selección consigue un gran triunfo. Los balcones se llenan de banderas nacionales, el centro de las principales ciudades catalanas se llena de colorido rojigualdo y el «¡Viva España!» y el «Visca Espanya!» se escuchan por doquier. Esa Cataluña que se expresa mayoritariamente en castellano, pero también en catalán, y que combina su amor por su tierra chica y por su gran patria.

Es una forma de mostrar al separatismo y al resto de España la realidad de Cataluña: millones de catalanes que se sienten españoles, pero que, en la mayoría de los casos —aunque, por fortuna, cada vez menos—, lo llevan con discreción. Lo que ha conseguido la selección nacional en este Mundial hace mucho bien, porque cada victoria se ha saldado con miles y miles de catalanes luciendo la camiseta del combinado nacional, con banderas en las calles y con cada vez más pulseras rojigualdas en las muñecas de muchos ciudadanos. Las pantallas gigantes en las principales ciudades catalanas, con la Badalona de Xavier García Albiol como ejemplo de cómo organizarlas, han sido un éxito, con plazas desbordadas de catalanes animando de manera incansable a la selección.

Por supuesto, el socialista Jaume Collboni ha sido la excepción, porque depende políticamente de dos partidos hispanófobos, ERC y los Comunes, y ha despreciado el deseo de muchos barceloneses. Para la final sí que la pondrá, pero ya anunció hace semanas que lo haría independientemente de si España llegaba o no, pues lo que hiciera la selección nacional era accesorio porque «todas las comunidades tienen el mismo derecho a disfrutar de un acontecimiento global», en palabras de David Escudé, el concejal de Deportes de la ciudad, que se cachondeó de La Roja tras el empate contra Cabo Verde y puso en duda que llegara muy lejos en el Mundial.

Supongo que a Collboni le hubiera gustado un Suiza-Bélgica, los refugios habituales de los prófugos separatistas. Lo siento, Jaume y David, pero os vais a tener que tragar a España en la final, y vuestra pantallita se va a llenar de aficionados vestidos con los colores de la selección. Por supuesto, no la ponen en la plaza de Cataluña ni en los alrededores de la plaza de España: la situarán lejos del centro, en un patético intento de esconder las banderas de España que llevarán los barceloneses. Los socialistas no dudaron en poner toda Barcelona al servicio de la organización del Tour de Francia, pero, para la selección española de fútbol, ni agua. Y luego Salvador Illa va dando lecciones de «convivencia», cuando su partido es cómplice de toda la hispanofobia que a diario supura el separatismo.

No vamos a cambiar al PSC a estas alturas, formación que seguirá mostrando una y otra vez su desprecio hacia la lengua española, la selección española, la bandera española y todo lo que recuerde a España. Pero sí podemos molestar a los militantes y dirigentes socialistas aprovechando cualquier oportunidad que tengamos para demostrar la españolidad tanto de Barcelona como de Cataluña. Vamos a recordarles a diario que Cataluña no es la república que tanto anhelan, sino una comunidad autónoma de España. Que la selección nacional es la selección española y que la mayoría social en Cataluña quiere seguir teniendo pasaporte español.

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