Opinión

Vicente Gil: «Sánchez y Bildu han ganado con el PP a por uvas queriendo ser un PNV sin alcohol»

Bildu, o sea ETA, es la gran ganadora de las elecciones vascas. Lamentablemente, es así. Bildu aspira, aún, a sacar un diputado más con el voto exterior del CERA y superar al PNV.

Una sociedad enferma moralmente ha votado a una banda terrorista de la que no saben nada o la tienen mitificada, mayoritariamente, de los 45 años para abajo, gracias al PNV. Pero también con la complacencia desde Madrid del PSOE y del PP de Rajoy.

El PNV ha probado su propia medicina. En estas elecciones ha resistido, pero sabe que en las próximas -desgastado por la propia gestión de gobierno y la edad de sus votantes- perderá frente a Bildu.

Ortuzar, Aitor el del tractor y su mandado Pradales deberían tener clara una cosa: dentro de 4 años, el PSOE dará el gobierno del País Vasco a Bildu una vez hayan resuelto entre Sánchez y Otegi, de aquí a entonces, la salida de los presos de ETA. Ésa es la prioridad, ahora, de Otegi y de David Plá, el último jefe de ETA, que, anoche, entró en la sede de Bildu por la puerta de atrás para celebrar el resultado con sus compinches.

«¡Jo ta ke!», gritaron los seguidores de Bildu. «¡Dar duro!» era el lema con el que ETA se animaba en sus boletines a seguir asesinando. Los de Otegi y su mandado Otxamendi se quitaron anoche la careta de izquierda social para sacar su verdadero ‘yo’ al grito de «¡Independencia!».

El PNV merece lo que le está pasando. Y se lo tiene que hacer mirar si no quiere terminar desapareciendo. En cuanto Bildu, o sea ETA, llegue al poder en cuatro años con la ayuda del PSOE irá a por ellos para levantar alfombras y que acabe como Convergencia y Unió en Cataluña. Después de 40 años, seguro que hay mucho polvo bajo las alfombras peneuvistas.

El PNV se ha metido en un jardín con su apoyo a Sánchez. Se creyó eso de que Sánchez dependía de ellos, que era cierto. Pero del resultado de anoche, con el PSOE subiendo dos escaños, el panorama ha cambiado.

El PNV es ahora rehén de Sánchez si no quiere perder el poder en Euskadi. Sánchez se ha garantizado 4 años de apoyo del PNV en Madrid para que Sánchez no le termine dando el gobierno vasco a Bildu en esta misma legislatura. De mociones de censura, Sánchez sabe mucho.

La alianza de Bildu y Sánchez es sólida porque Sánchez va a sacar, de facto, a los presos de ETA a la calle en esta legislatura y va a incidir con Bildu en la mentira de la Memoria para ir generando nuevos votantes tanto de Bildu como del PSOE. Con esa des-Memoria ganan los dos: el PSOE y Bildu.

El PSOE -desde el infame Zapatero, que nos rindió a ETA- ha asumido el final de España como la entendemos hoy y trabaja con los separatistas en un modelo confederal que, a futuro, pueda derivar en la independencia total del País Vasco y Cataluña. El PNV, metido en su laberinto, sabe que está en manos de Sánchez y que, en cuatro años, les traicionará para darle el poder a los bilduetarras.

El PNV sabe que las de ayer han sido las últimas elecciones con las que siguen en el poder por arte de magia. El votante medio del PNV se va muriendo, pero las ikastolas de Ortuzar y Pradales siguen fabricando votantes de Bildu.

¡Que se joroben! Lo merecen.

Y, enfrente, ¿qué tenemos? Pues nada. Desgraciadamente, nada.

Un total de 67 de los 78 escaños del Parlamento vasco corresponden a Bildu, PNV, PSOE y Sumar. O sea, fuerzas separatistas queriendo acabar con la España del 78. Incluyo al PSOE. PP y Vox suman 8 escaños.

Vox ha hecho una campaña valiente y sin complejos con la bandera de España por delante, evidenciando que es mentira la paz vasca, y jugándose el tipo por esos pueblos y barrios dominados por la mafia bilduetarra. La mayoría de vascos, que por miedo, acción u omisión colaboraron con que ETA durara 50 años, son como los alemanes tras el nazismo. Prefieren mirar a otro lado ahora, sin querer saber nada de aquello. Porque fueron culpables, aunque sólo fuera por cobardía, convicción o complacencia.

Las agresiones a Vox han sido la expresión perfecta de que en el País Vasco no hay una democracia plena y que las elecciones (sumando asesinados y exiliados por ETA) son un fraude que certifica la limpieza étnica planificada por el nacionalismo y ejecutada por los terroristas.

El PP puso a un buen candidato como Javier de Andrés, que, eso sí, parece más del PNV que el propio Imanol Pradales, pero se equivocó, una vez más, de mensaje. La elección del candidato tenía que ver con el mensaje.

El PP ha querido ser el PNV sin alcohol, un PNV light, y no le ha salido como esperaba. Porque, al final, ante el miedo a Bildu agitado por la entrevista de la Ser a Otxandiano, el votante del PNV dormido o desmovilizado el lunes pasado ha terminado votando al original del PNV y no a la pretendida copia. Esto suele ocurrir.

El PP ha querido, en la campaña vasca, olvidarse de la bandera de España y de ETA -creyéndose eso de que «ETA ya no existe»- para adaptarse al nuevo electorado y hablar de sanidad, impuestos o empleo, pero dejando huérfanos a quienes se sienten tan españoles como vascos o más españoles que vascos y que se ven obligados a vivir en las catacumbas 50 años después de llegada la democracia.

El PP ha querido, sobre todo, no molestar al PNV por si apoyaba a Feijóo. Y se ha equivocado.

El PP de Rajoy fue cómplice de lo vivido ayer, asumiendo la negociación de Zapatero con ETA sin darse cuenta que el fin de aquellas conversaciones no era acabar con ETA sino acabar con el PP. ¿Qué hará Feijóo si gobierna algún día? ¿Derogará el sanchismo o hará como Rajoy: dedicarse a la economía y aceptar que en el País Vasco no se pueda sacar una bandera de España mientras los etarras pasean libremente por sus calles? Así empezó la debacle del PP y la aparición de Vox, al que ahora, en Génova, quieren liquidar para llegar a la mayoría absoluta.

El PP, es cierto, ha subido 50.000 votos y un escaño en el País Vasco. Pero sigue siendo irrelevante total. El cálculo de Génova fue que PNV y PSOE no sumaran la mayoría absoluta y llamaran a la puerta del PP para lograr la investidura de Pradales con su abstención. Permítanme en Génova, pero esperar esto es de una ingenuidad del tamaño del Guggenheim. En ese supuesto, hasta Bildu hubiera facilitado un gobierno PNV-PSOE (exprimiendo más a Sánchez) antes que permitir que Sánchez y el PNV tuvieran que acudir al PP.

Incluso, en los últimos días de campaña, el PP no disimuló y dijo, abiertamente, que su objetivo era evitar un gobierno de Bildu. O sea, facilitar un gobierno PNV-PSOE.

¿Quién mete la pata en el PP durante las campañas? ¿Qué le pasa al PP en la última semana de las campañas, como en el 23J o lo de Feijóo y la amnistía en las gallegas?

Al decir abiertamente que el PP aspiraba a facilitar un gobierno del PNV y el PSOE, el votante indeciso del PNV o, incluso, de Vox que pudo pensar en votar a Javier de Andrés en algún momento, terminó votando al PNV o a Vox. Antes de abrir las urnas, había un 20% de indecisos.

La estrategia del PP es inteligente, con visión de años vista: tratar de acomodarse al terreno de juego vasco actual y tratar, incluso, de atraer votantes del PNV, si es que eso es empíricamente posible, que lo desconozco. Tratar de acercar posturas con el Euskadi Buru Batzar, que tendrá que afrontar cambios en estos cuatro años.

Pero, mientras, la realidad de Feijóo es la que es desde anoche: Sánchez tiene pillado al PNV los próximos cuatro y sólo le queda amarrar a Puigdemont y a Junts.

Ocultar en la campaña vasca la parte identitaria y la defensa de España, la libertad y la ley en el País Vasco ha sido una memez.

¿Qué hará el PP en las elecciones catalanas del 12 de mayo, que son decisivas? ¿Ir de Convergencia, como en las vascas, para no molestar a Junts o defender con claridad a los españoles que se sienten allí abandonados?

Borja Sémper, que representa ese PP vasco que parece -digo, «parece»- agradecer a ETA que ya no les mate, ha salido en Génova, este lunes, a decir que, en Cataluña, el PP planteará «un modelo alternativo al nacionalismo, que sea el contrapunto moral al independentismo». Ahora sí. Ha sido el reconocimiento tácito de que en el País Vasco el PP se ha equivocado y se ha pasado de moderación. Como siempre en el PP: pensando más en no molestar al adversario que en tener principios sólidos y defenderlos a capa y espada con convicción, que es lo que dio al constitucionalismo sus mejores resultados en el País Vasco y a Ciudadanos en Cataluña.

En el PP han dicho que están contentos con los resultados de ayer en el País Vasco. Si es para disimular, lo entendemos. Si se lo creen de verdad, el problema del PP es más gordo de lo que pensábamos.

El PP tendrá que decidir qué quiere ser de mayor en Euskadi y Cataluña. Es difícil avanzar sin tener una identidad clara: sin saber ni qué se es ni qué se quiere.

El PP y Vox tienen una responsabilidad histórica. Más el PP que, a día de hoy, es la fuerza alternativa al sanchismo que inició Zapatero. Porque Sánchez y Bildu, o sea ETA, han ganado y siguen su hoja de ruta para que a España, en breve, no la conozca -con perdón- ni la madre que la parió.
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