Un ‘urdanga’ para Artur
El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña manda un aviso a los golpistas: las instituciones del Estado no aceptarán el chantaje de aquéllos que quieren romper la unidad de España. No obstante, es un aviso demasiado benévolo después de haber rebajado la petición de la Fiscalía de 10 a tan solo 2 años de inhabilitación. Un urdanga en toda regla que deja la sensación de que Artur Mas ha salido demasiado bien parado. Sin embargo, su caída es también la caída de una parte fundamental de ese Camelot utópico que la minoría radical secesionista había creado en torno a su ambición, con la independencia de Cataluña como mera excusa propiciatoria. A pesar de que lo han absuelto del delito de prevaricación, esta sentencia es un toque de atención: nadie está por encima de la Constitución y de los principios democráticos que rigen nuestro país desde 1978. Y el referéndum ilegal del 9 de noviembre de 2014 fue un ataque directo a nuestra Carta Magna.
Por mucho que Mas aparezca en rueda de prensa y diga que fue «por la gente» —excusa cobarde, tramposa y falaz que ha utilizado desde su primera comparecencia ante el juez— la única verdad es que, desde el principio, la aspiración real era, y aún es, subvertir el orden constitucional y tratar de poner en jaque al Gobierno. Mariano Rajoy y su Ejecutivo han respondido a las constantes provocaciones lanzadas desde el otro lado del Ebro con una loable predisposición al diálogo. Sin embargo, a pesar de los innumerables intentos para acercar posturas, lejos de llegar a un acuerdo por el bien de Cataluña y de los catalanes —necesitan 7.392 millones de euros del Fondo de Liquidez Autonómica en 2017— los antiguos convergentes han seguido tensando la cuerda. Tanto es así que, a pesar de la condena, Mas sigue diciendo que «no se arrepiente de nada» y que «lo volvería a hacer», además de anunciar que recurrirá a «las últimas instancias europeas».
La antigua Convergencia es rehén de su historia —los casos de corrupción salen a borbotones— con la sombra del clan Pujol cercenando cualquier legitimidad en las proclamas, de por sí disparatadas, de sus líderes actuales. Rehenes también de las veleidades antisistema de la CUP, que los han llevado a perseverar en un camino a ninguna parte a cambio de aprobarles los Presupuestos de la región. A pesar de todo ello, la condena de este lunes a Artur Mas es sólo el primer capítulo. Francesc Homs conocerá el fallo del Tribunal Supremo por los mismos hechos consultivos que han desactivado al ex presidente catalán. De imponerse la lógica, el entonces consejero de Presidencia, y actual portavoz del PDECat en el Congreso, también será inhabilitado. Se paralizará así la práctica totalidad de un ‘procés’ que siempre ha huido de la ley para encontrar en la amenaza su único argumento.
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