Última ‘Carta Marrueca’, al modo de José Cadalso
Amigo Ben-Beley,
Me dice nuestro común amigo Gazel que te ha referido en una reciente carta mi diagnóstico de que España no es sino el esqueleto de un gigante, por lo que me veo en el deber de afinar mejor mi juicio para que no erréis el vuestro.
Como me llamo Nuño que cualquiera de los setenta mil informadores que tenéis desplegados en este reino te confirmará que en verdad tal osamenta no es la de una nación que antaño fuera grande, sino la de un gobernante que siempre fue nulo en virtudes y pródigo en vicios, que es por donde el pueblo barrunta que le tenéis cogido.
Porque no es virtud sino vicio retirarse a una isla a disfrutar de baños de mar mientras otras aguas mecen decenas de cadáveres por la imprevisión e incompetencia de su gobierno, que fue advertido con anticipo suficiente para evitar con proporción y eficacia el asalto a las costas y tierras de nuestro reino por decenas de miles de extranjeros.
Tampoco es virtud, sino vicio, presentarse al día siguiente en el lugar asaltado, denunciar la violación de nuestra integridad territorial y después evacuar el escenario como un galgo, dar la espalda a sus compatriotas vulnerados, disponer un par de sandeces para que sus ministros simulen que trabajan y retirarse a su laxante balneario a recomendar canciones como un goliardo.
A tal punto hemos llegado en la decadencia de este gobierno que incluso ha felicitado al vuestro por los sucesos que conoces, culpando a la población de Ceuta de no resignarse a padecerlos con cristiana actitud.
Plugo a Dios que en la boca de nuestros descreídos ministros no faltase en estos días una evangélica cita, aunque fuera para tratar de cargar sobre la conciencia de los ceutís su propio remordimiento por ser políticos tan ineptos como falsos.
El gobernante cuyos abusos padecemos tiene como principal ardid de su política el quebrantamiento de las leyes y el estupro de las instituciones, que son garantía de la paz. Hoy vemos que actúa igual que el que prende temerariamente un círculo de fuego en derredor de su casa para tratar de salvarla de un incendio mayor.
Mientras se multiplican a su alrededor los casos de corrupción, que le son además cada vez más tocantes, su pensamiento está en devastarlo todo, incluida la Corona, para que no se señale la impudicia de su gobierno, su partido y su familia.
Aunque trate con esta crisis de acelerar su proyecto de hundimiento de nuestra nación secular, ninguna decadencia del carácter nacional se atisba, sin embargo, en la reacción del pueblo de Ceuta y del resto de España, sino todo lo contrario.
Plaza abierta siempre a los unos y a los otros, celosa de la buena convivencia entre diferentes, como lo es España en su mejor carácter, Ceuta hace bien en no transigir con quien trata de aprovechar como una flaqueza lo que no es sino un signo de fortaleza.
Por Gazel ya conoces mi idea de escribir una Historia heroica de España para reparar la ingratitud con que tratamos la memoria de nuestros héroes. A este punto he resuelto incluir a las mujeres de Ceuta en mi relación por su valor a la hora de denunciar los atropellos que cometen a diario los varones invasores.
La voz de estas españolas se hace eco escalofriante entre el gravoso silencio de muchas supuestas defensoras de las mujeres ante el rosario de violaciones que vienen sufriendo niñas y mujeres emigrantes.
Aleccionador es también el ejemplo de las mujeres ceutíes en defensa de esta plaza española. Sus elocuentes parlamentos desmienten la máxima que plasmé en el prólogo de mi precitada Historia heroica de España: «Ya no hay patriotismo, porque ya no hay patria».
Las mujeres de Ceuta han hecho posible de nuevo que haya patria y que haya patriotismo, que es el gran estímulo del héroe, como dice Gazel. Reitero aquí sus palabras: «La mayor fortaleza, la más segura, la única invencible, es la que consiste en los corazones de los hombres, no en lo alto de los muros ni en lo profundo de los fosos».
Esto han de saber en tu tierra los descendientes de Tarif, amigo Ben-Beley. Que Ceuta y España han puesto en este paso honroso todo el corazón que a nuestro gobierno le falta para reclamar lo que es de razón y justicia: que los invasores vuelvan de donde partieron, sin que se utilice aviesamente a los más vulnerables de caballo de Troya de gentes maleantes como admiten nuestros ministros con hipocresía mal disimulada.
Digo patriotismo, amigo Ben-Beley, y bien estaría reclamarlo también a vuestros dirigentes. Si el patriotismo consiste en trabajar para disminuir los defectos y aumentar las virtudes de una nación, es evidente que Marruecos tiene un largo camino que recorrer. Pero este no puede andarse aprovechando de las debilidades de terceros, pues esto solo revela la debilidad propia.
No os engañéis: las insólitas cesiones que ha ido arrancando tu gobierno al nuestro, como la del cambio de política respecto al pueblo saharaui, es más el resultado de la debilidad de nuestro gobierno que de la fortaleza del vuestro. Han de estar muy vigilantes tus mandatarios para que el arma del descontento popular que utilizan para desafiar a España no se vuelva en su contra.
Y es que, como he escrito también a Gazel, la causa de la decadencia general de los Estados es que «sólo se mantienen los unos por la flaqueza de los otros, y ninguno por fuerza suya o propio vigor». Esto, que es hoy una realidad para Marruecos, lo es tanto más para España, pues padecemos un gobierno que debe su poltrona a los enemigos declarados de la nación.
El miércoles 2 de septiembre, cuando leas esta carta, amigo Ben-Beley, en las ciudades y pueblos de España se concentrarán multitudes para apoyar a nuestros compatriotas ceutíes y demandar una solución definitiva a la situación creada por la invasión del pasado 30 de julio.
Ha transcurrido más de un mes desde entonces y el gobierno sigue colaborando con el mantenimiento del yugo que Marruecos ha impuesto violentamente a los españoles de Ceuta, repartiendo entre sus voceros y gacetilleros el argumento infame de que estos compatriotas se merecen todo lo que les pase por resistirse a ver sus vidas y haciendas atropelladas.
Seré uno más hoy en la concentración en este Madrid que a Gazel hechiza por su «libertad en el trato». Todos esperamos que nuestro gobernante decida por fin tomar las riendas de esta situación después de su injustificable mutis por el foro. Si finalmente no lo hiciera o no lo quisiera hacer, debería resignar el poder y entregar la palabra a los españoles.
Con todo, su nombre pasará irremediablemente a la Historia, dilema que tanto le preocupa, como el primer gobernante español que trató de amigos a los extranjeros invasores y de enemigos a los compatriotas invadidos.
Te mando respetuosos saludos como hombre que discierne con bondad y sabiduría,
Nuño
Post scriptum: El autor de Cartas Marruecas, el escritor y militar José Cadalso, falleció en combate el 26 de febrero de 1782 en el asedio a Gibraltar, a cuya reclamación de soberanía ha renunciado el gobierno de Pedro Sánchez.
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