Opinión

Trampas para dominar la opinión pública

Cuando Pablo Iglesias dijo que «el cielo no se toma por consenso, sino por asalto» muchos creyeron ver un simple guiño teórico y desfasado a Karl Marx. No obstante, el secretario general de Podemos estaba con la cabeza puesta en el presente más práctico. Así lo demuestra el hecho de que el partido morado haga fuerte su discurso espoleando el enfado de la gente como ha ocurrido, por ejemplo, en los debates de investidura. Una turba de individuos excitados es mucho más fácil de manipular e Iglesias, amante de la comunicación de masas, lo sabe. No es de extrañar, por tanto, que haya pertrechado un ejército de más de 2.600 acólitos para hacer trampas en las redes sociales y así elevar la propaganda podemita a cotas de mantra cibernético. Un ámbito que, junto con la televisión, constituye el mayor caladero de votos hoy en día.

El grupo ‘Guerrilla’, gestor de contenidos podemitas en el canal Telegram, casa a la perfección con la línea belicista y exaltada de Pablo Iglesias. En primer lugar, por las reminiscencias de su nombre; en segundo lugar, porque las acciones están perfectamente organizadas desde la cúspide hasta la base para convertir cada iniciativa en un arma potente de comunicación a través de boicots a las encuestas de otros medios, tuits masivos en defensa de sus líderes o montajes con ‘memes’ para desacreditar a los distintos rivales políticos. En ese sentido, Iglesias sabe que la moderación significaría la muerte de sus postulados, de ahí que se maneje constantemente en el sobresalto. Algo a lo que colabora de una manera decisiva la actividad de su partido en las redes sociales, altavoz mediante el que se libra gran parte de la actual batalla política.

No es casualidad que una formación que bebe directamente de las fuentes comunistas y de la izquierda radical tenga organizado jerárquicamente todos sus movimientos casi como si fuera un Politburó del siglo pasado. ‘Guerrilla’ es mucho más que un conjunto de expertos en comunicación online. Es, sobre todo, el resumen de una filosofía de partido. Iniciativas perfectamente orquestadas «sólo para simpatizantes» que además aconsejan y forman a los colaboradores a la hora de preparar, organizar y enviar mensajes masivos para que, a través de la repetición, creen la sensación —equívoca y manipulada— de que son muchos más de los que realmente siguen a Podemos.

Todo ello con el objetivo final de suscitar en cada individuo la sugestión psicológica de «pertenecer a un gran grupo de iguales» que comparten el sufrimiento acarreado durante la crisis y la desafección por los partidos políticos tradicionales. La fuerza podemita se alimenta, en gran parte, de aquellos que se dejan llevar por el mensaje falaz de un cambio social igualitario. Algo que, como hemos visto en ciudades como Madrid o Barcelona, no se cumple en absoluto. Al contrario de lo que han prometido, las marcas blancas de Podemos —la nueva política— se dedican a enchufar a aquellos que forman parte de los distintos grupos de poder cercanos a la élite del partido. No obstante, hay que reconocer que su táctica de manipulación está perfectamente enfocada hacia donde la masa se vuelve incontable. Sin ir más lejos, España tiene más de 20 millones de usuarios en redes sociales. Un entorno al que Podemos ha puesto coto desde el principio, donde calma y alimenta su insaciable apetito populista.