Todos colocados

El líder del PP catalán, Alejandro Fernández, me retuiteó el pasado sábado: «Verdad verdadera de xrius007», añadió. Yo recordé a los enchufados del proceso. De hecho, citaba una información publicada por El Periódico el 23 de marzo del 2025 y que guardé oportunamente.
«Junts y ERC pactan con el PSOE colocar a afines en instituciones y empresas», rezaba el titular. A continuación mencionaba varios recolocados del partido de Puigdemont: Eduard García, en el consejo de administración de Renfe; el exeurodiputado Ramon Tremosa en Aena -tanto criticar para acabar así, Ramon-; Elena Massot, en Enagás; Miquel Calçada en el consejo de administración de RTVE; y finalmente el exdirector general de los Mossos, Pere Soler, en la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia.
A continuación venían los de Esquerra: el ex jefe de prensa de Junqueras, Sergi Sol, también en RTVE; Josep Maria Salas, igualmente en la CNMC; Jordi Pons, en el Banco de España. Y Laura Castel, en el Consejo de Europa.
No son los únicos. Sánchez ya metió en Red Eléctrica a uno de los economistas de Oriol Junqueras, Albert Castellanos. Y Puigdemont a otro, Oriol Pinya, en Indra. Quizá en la lista habría que incluir al ex embajador de la Generalitat en Argentina, David Poudevila, al que el líder de Esquerra metió con fórceps en la Fira de Barcelona en el 2023.
Salvador Illa fichó el año pasado, por su parte, al ex alcalde de CDC por Badalona, Ferran Falcó, para el proyecto de Catalunya Media City, que en teoría tiene que transformar la antigua central térmica de las Tres Chimeneas. Yo ya vi que algo se movía cuando, en un acto preelectoral de Xavier García Albiol, lo vi aplaudiendo entre el público.
Sin olvidar, por supuesto, a los más de 200 altos cargos que ha dejado incrustados ERC en la Generalitat tras el pacto con el PSC. Una de las cláusulas secretas del acuerdo de gobierno. Nadie sabe a ciencia cierta el número. Pero ahí siguen.
Un día, cuando presentaron la nueva empresa de Rodalies, que desde luego no ha arreglado nada, vi que uno de los representantes de la Administración autonómica era Marc Sanglas, ex diputado en el Parlament y ex secretario de Infraestructuras con Pere Aragonès. Buen tío, a pesar de todo. Al menos saludaba. Incluso se podía hablar. Pero descubría que había continuado como director general de Calidad Ambiental.
Aunque seguramente el caso más flagrante fue el de la ex portavoz del Govern, Patrícia Plaja, que se quedó de funcionaria. Como el ex líder de EUiA, Joan Josep Nuet, secretario tercero de la Mesa del Parlament del 2017. Cuando las leyes de desconexión. Favor por favor.
O el de Jaume Clotet, que entre el 2007 y el 2021 ocupó varios cargos: jefe de prensa de Governació, de Presidència, director general de Comunicació. Hasta le cayó una canonjía llamada Programa Internacional de Comunicación y Relaciones Públicas Eugeni Xammar.
Cuando Elsa Artadi fue designada alcaldable de Junts per Barcelona, antes de su espantada, lo metieron en la Diputación de Barcelona. Así podía hacer de director de campaña cobrando del erario público. Pero como Artadi acabó tirando la toalla, ha terminado de director de comunicación de la Universidad Pompeu Fabra.
Sin olvidar tampoco el del exdirector de El Punt-Avui, Xevi Xirgo, que mira por dónde empezó de jovencito en la JSC. Es el que escribió los dos libros de memorias de Puigdemont: Me explico y La lucha al exilio. Tras semejante esfuerzo, fue recompensado con la presidencia del CAC: un sueldo anual de 117.000 euros.
Como fue elegido en el 2022 y el mandato es de seis años, tiene plaza asegurada hasta el 2028. Nació en 1964. O sea que llegará a la edad de jubilación con un buen colchón. Ah, y me dejaba su jefe de gabinete, Carles Ribera, que también estaba en El Punt-Avui. Fue igualmente jefe de gabinete de Santi Vila en Cultura y luego en Empresa.
Un día, en el bar del Parlament —cuando todavía no me habían vetado—, salió en defensa de su consejero. Estaba Vila acompañado de su equipo tomando un tentempié en la barra y le dije: «Felicidades, Santi, te has atado al mástil de un barco que se hunde».
Puigdemont acababa de hacer una remodelación de gobierno y había echado a los más tibios. Entre otros, a Josep Maria Baiget (Empresa), aquel que declaró que a la prisión, bueno; pero que no le tocaran el patrimonio. En una entrevista, por cierto, hecha por el mencionado Xevi Xirgo. Le costó el cargo inmediatamente. Tuvo suerte porque así se libró de ir a la cárcel.
Santi Vila fue el que le chivó a Puigdemont que había una conspiración en CDC para desbancarle. Por eso lo ascendió de Cultura a Empresa. Carles Ribera me espetó entonces que lo que decía “eso no es verdad”.
– «Si no es verdad, que lo niegue el consejero», contraataqué.
Vila calló. El otro día me lo encontré por casualidad en un acto en el Círculo de Economía y hasta me dio pena. Hay un vídeo suyo antes de las elecciones en el que dice que «si hay que ir a prisión, iremos». Fue, pero sólo una noche.