Tanto monta, monta tanto
Cuando Javier Aguirre habla en las ruedas de prensa previas a cada encuentro, tendremos que creer lo contrario de lo que afirma. No sé si es el ratón que juega con informadores ingenuos convertidos en gatos sin garras o él es el felino que se divierte con los roedores. Dijo no haber pensado en la final de Copa, sino en el Valencia durante toda la semana para plantear después, una alineación con los titulares en la reserva. Una sola verdad: jugó Greif.
Pero el Vasco ha conseguido imponer una idea, un dibujo, un esquema que está por encima de quienes lo ponen en práctica. Lo mismo da Gio que Valjent, Nastasic que Raillo e incluso Copete, que jornada tras jornada comete menos faltas y exhibe virtudes desconocidas hasta la fecha. Hasta Morlanes y Sergi Darder corren sin balón y aceleran cuando piensan. Falla, ¡ay!, la artillería. Primero porque Muriqi hace más kilómetros que en la marathon de New York pero para atrás y segundo porque nadie notaría si Larin está o no en el campo. No hay quien sea capaz de deducir qué hace, dónde y, por supuesto, ni cómo, ni cuándo. Rentabilizar su fichaje muy por encima de su valor, no justifica la insistencia en sus alineaciones tan repetidas como inútiles. No enchufa ni la electricidad y tampoco a si mismo.
Transcurrido un primer tiempo de quiero y no puedo, el «Pipo» Baraja mandó a sus jóvenes discípulos a una guerra que exigía mayor ritmo. El primer cuarto de hora de la reanudación rozó el martirio y asentó la sumisión hasta que el primer aviso de Muriqi calmó la ansiedad local. Hubo relevo en la banda izquierda levantina. Colocar a Foulquier de lateral a pierna cambiada no era buena idea, aunque la salida del joven Jesús Vázquez, nada que ver con el de la tele, apenas cambió el mapa. Pudo hacerlo la entrada de Javi Guerra al colocarse entre líneas para que Diego López ensanchara el ala. Pero la contrapartida de Radonjic en aquel lado en una extraña jugarreta ofensiva poco habitual en Aguirre, retuvo las acometidas que tuvieron que buscar espacio en el lado opuesto con un Fran Pérez ya muy cansado y el único recurso de buscar a Hugo Duro, enredado en la tela de araña impenetrable y solidaria tejida por delante de la portería del esloveno.
Como en circunstancias gemelas, el azar pudo inclinar su pulgar hacia arriba o hacia abajo, pero es Semana Santa y la fortuna se había tomado vacaciones. El Valencia es el equipo que menos tira a puerta y el Mallorca el que peor lo hace. El empate, visto lo visto, estaba cantado.
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