Son las cinco y has caído
Me pellizco. ¿Son los últimos días de este gobierno mastodóntico sustentado en un vertedero de enchufados y estomagazos? ¿El del asalto a las instituciones, la justicia de compra, alquiler y leasing, la integridad «fluida», la envidia subvencionada, la farsa metódica, la superioridad moral de Barrio Sésamo, la ruina económica, la mentira constante, la negligencia, la psicopatada, la vulgaridad… y sobre todo, para mí, lo peor: los cursis?
¿Estamos ante la derrota del sanchismo y su troupe de etarras con carné, malversadores con nómina, violadores en libertad y pederastas patrocinados? ¿Ni siquiera las paguitas, los cheques juveniles, las rogatorias y las zalamerías de trastienda han bastado ya para sostener el decorado?
¿Nos libraremos por fin de esta actividad bochornosamente sanchista y de sus partners —a cuál más viscoso, más mugriento e insoportable? Barrigas, calzones, whiskolas, viagra, pelos…
No me gusta hablar así de nadie, ni tampoco de Sánchez, pero ¡ay Sánchez! ha conseguido lo que pocos villanos, caernos mal a los españoles. Miren, a mi es muy difícil caerme mal. Ay, pero Sánchez… Narciso y soberbio. Macarra y princeso a la vez. Lo imposible. No he comido.
Hoy su rostro lo delata. El poder es un espejo cruel, y en su cara un retrato de Dorian Sánchez: grotesco, marchito, descompuesto. El cutis firme, las arrugas ausentes… y sin embargo, cada vez más roto. Más siniestro; media sonrisa de Joker y media mirada de niño regañado.
Muchos años escuchando sus peroratas con voz de vendedor de aloe vera, destinadas a acariciar lomos de (tontos) minorías rabiosas e impulsivas, para perpetuarse con sus garras narcisísticas de manicura, en el poder.
Nos hemos tragado los psicopactos con golpistas, activistas chalados y asesinos para permanecer en la Moncloa. El Club de la bondad, abrillantándose un diente con la lengua, mintiendo sin rubor, sin compasión. Violencias. … ¿Se irán con él las memeces de las Ministris y los pezones de Belarra? Yolanda Palabritas que ponga sus mechas a remojar.
Nadie los quiere. A nadie le caen bien, pero no por sus ideas, no. Por la falta flagrante de autenticidad que exhiben, sin poderlo remediar, este increíble, en toda la extensión semántica, gobierno de coalición que ahora estalla por los aires.
Y luego ya, brotando el lirismo y la tragicomedia esperpéntica valleinclaniana (la favorita de Sánchez) tenemos lo de las putas, los burdeles, la coca. Socialistas analfabetos panzudos abrazados a señoritas en negligé… Selfies y morreos con esta y con la otra en pleno confinamiento… Cabezas de gamba chupadas. Centollos y cigalas salpicándoles las pecheras con cadena de oro, saliéndoles la gota por las orejas, y las angulas por los ojos…
Comienza el tiempo de descuento para este guirigay. ¿Nos libraremos al fin de este zoológico moral?
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