Opinión

El ‘show del hantavirus’ no sirve de antídoto contra el virus de la corrupción

El despliegue del Gobierno de Pedro Sánchez en relación con el traslado del pasaje de crucero infectado por hantavirus ha sido, en el sentido literal del término, espectacular, toda una performance revestida de una impostada teatralidad con la que el PSOE ha pretendido desviar la atención de otro virus que representa una auténtica amenaza para el partido del Gobierno: el de la corrupción. Y es que la puesta en escena del Ejecutivo en Tenerife —tres ministros en el puerto, ninguno en el funeral de los guardias civiles que murieron haciendo frente al narcotráfico— ha sido todo un ejercicio de impostura, pura mercadotecnia.

Por supuesto, lo importante era garantizar la salud del pasaje y la tripulación. Sin embargo, más allá de lo obvio, la pregunta es si el Gobierno ha pretendido llevar al límite del adorno unas labores en las que los distintos profesionales públicos, de los distintos sectores implicados en la operación, ya se valían por sí mismos sin necesidad de tanto aparataje político.

Y la respuesta es evidente: la presencia de Mónica García, Fernando Grande-Marlaska y Ángel Víctor Torres en el puerto tinerfeño donde fondeó y atracó el crucero ha sido todo un ejercicio de sobreexposición pública con el ánimo de trasladar una falsa eficacia que no se corresponde con la realidad. Cualquiera diría que Sánchez ha utilizado el hantavirus para combatir el virus del latrocinio que rodea a su partido y su familia, en un intento de lanzar cortinas de humo sobre el verdadero problema de fondo que acucia a su Gobierno.

Ningún ministro en el funeral de dos guardias civiles, abnegados servidores públicos, y tres en un pequeño puerto para recibir a un crucero con varios pasajeros infectados de hantavirus. La desproporción es evidente y revela que este Gobierno sólo va a los lugares donde puede sacar pecho y colocarse medallas. A otros lugares, Valencia por la DANA o Huelva, por el funeral de los agentes de la Benemérita, donde pueden lloverle críticas, no va por pura cobardía.