Opinión

Los Sánchez al sol en La Mareta mientras España se cae a pedazos

Pedro Sánchez da la impresión de que nada de lo que ocurre en España va con él. El presidente del Gobierno lleva semanas en La Mareta buceando, tomando el sol y recomendando canciones y libros en sus redes sociales mientras España vive uno de los veranos más dramáticos de su historia reciente. Y mientras él bucea, simula gestionar y reserva para su Gobierno el mejor observatorio del país para ver el eclipse, la familia Sánchez al completo está bien servida en La Mareta: camarero uniformado para los padres, coche oficial, escolta pagada por todos los españoles y las mejores vistas al mar que el dinero público puede comprar.

Porque ese es el verdadero retrato del sanchismo: los Sánchez, al sol y bien servidos, y los españoles, abandonados a su suerte. Los vecinos de Ceuta, que llevan 13 días conviviendo con 10.000 inmigrantes ilegales en sus calles, sin poder hacer la compra con tranquilidad, con el Ejército custodiando la puerta de un Carrefour y con violaciones de niñas que la Policía registra en cada turno. Las víctimas de los incendios de Ávila y Madrid, que han visto arder sus casas y siguen esperando una ayuda extraordinaria que el Gobierno no ha tramitado. Los afectados por la DANA, que llevan meses reconstruyendo sus vidas sin que nadie desde Moncloa haya asumido responsabilidad alguna. Y los ceutíes que gritan que aquello parece un campo de refugiados mientras los ministros de su Gobierno se turnan para hablar de «normalidad» con una sonrisa.

España tiene un presidente absorto de la realidad al que todo parece importarle un bledo. Nerón tocaba la lira mientras Roma ardía; Sánchez bucea mientras Ceuta colapsa y España arde.