Opinión

A Salvador Illa le preocupan más los votos que los contagios

Lo de Salvador Illa, ministro de Sanidad y candidato del PSC a las elecciones catalanas, es sencillamente indecente. El responsable de velar por la salud de todos los españoles, el hombre que justificó el estado de alarma para cerrar Madrid cuando la comunidad tenía cerca de 500 casos de coronavirus por cada 100.000 habitantes, allá por los comienzos del mes de octubre, con el argumento de que “la obligación de este Gobierno, y de cualquier Gobierno con alma, es frenar el virus”, no encuentra motivos para aplazar las elecciones catalanas del próximo 14-F. Y lo dice cuando Cataluña presenta los peores indicadores epidemiológicos del virus de los últimos meses, con todas sus provincias en riesgo extremo y una incidencia bastante superior a los 500 casos por cada 100.0000 habitantes.

Ahora que comunidades como Extremadura, gobernada por el PSOE, sobrepasan los 1.000 casos por cada 100.000 habitantes, el ministro de Sanidad, ya candidato socialista a las elecciones catalanas, parece haber abdicado de sus principios. Si la “obligación de cualquier Gobierno con alma es frenar el virus” o Illa ha perdido el alma o la ha vendido por el puñado de votos de más que las encuestas pronostican para su candidatura en los comicios catalanes de febrero. Lo que parece evidente, visto con perspectiva, es que aquella decisión de Illa de cerrar Madrid recurriendo al estado de alarma respondía a motivos políticos. Castigar a la Comunidad madrileña le era políticamente rentable teniendo en cuenta que ya sabía que iba a ser el candidato socialista a las elecciones catalanas. A Illa parecen importarle más los votos que la salud de los españoles, incluyendo la de los catalanes.

Cuando cerró Madrid “porque la paciencia tiene un límite”, OKDIARIO se pronunció editorialmente calificando de “golpe” la arbitraria decisión del Ministerio de Sanidad. Los hechos nos han dado la razón. Lo que ha hecho Salvador Illa es servirse de su cargo de ministro para castigar a Madrid como baza electoral para sus aspiraciones políticas en Cataluña, una ignominia que ahora queda al descubierto al comprobar cómo el mismísimo ministro de Sanidad antepone sus intereses personales y políticos a la salud de los catalanes al no encontrar razones para posponer los comicios del 14-F.

Si de verdad le preocupan más los votos que los contagios, que renuncie de inmediato a su cargo de ministro y se dedique a convencer a los catalanes de que no hay motivos para no acudir a las urnas en la fecha prevista. A ver qué dice y cómo se lo dice.