Reza Pahlavi quiere liderar Irán
Con la muerte de Ali Jamenei, el déspota sanguinario asesino de miles de ciudadanos, el hijo del último sah de Irán, Reza Pahlavi, defendió en Washington que el régimen de los ayatolas está “a punto de caer y que él ha sido llamado a liderar la transición política hacia un sistema democrático”. Para muchos iraníes, el regreso de la familia Pahlavi sería la mejor solución y la mejor para conducir al país hacia una democracia. Y como anunció en 2024 «a petición de mis compatriotas, me veo preparado para liderar la revolución nacional y el periodo de transición: “Compatriotas, nos esperan momentos decisivos».
Conozco a Reza Pahlavi desde que nació. Varias fueron las entrevistas que mantuve con él antes de aquel 16 de enero de 1979, cuando la familia imperial fue derrocada y tuvo que salir del país. Inolvidable la primera que concedió en el exilio de Egipto.
No olviden nuestros lectores que yo fui el último periodista en convivir con ellos, incluso en vísperas del derrocamiento y también a lo largo del éxodo por medio mundo buscando un lugar, no para vivir, sino para que el sah, aquejado de una gravísima enfermedad, pudiera morir en paz.
Lo peor sucedió cuando tuvieron que abandonar Marruecos, el primer país en el que se habían refugiado después de huir de Teherán. Y lo hicieron a medianoche, al enterarse de que el rey Hassan intentaba entregarles a Jomeini. Salieron huyendo a la una de la madrugada sin saber dónde ir. «Incluso pensamos en arrojarnos al mar», me reconocería Farah en una de las numerosas entrevistas que me concedió. «Y lo pensamos porque nadie nos aceptaba. Todos se excusaron. Incluida España. Nadie quería enfrentarse con el nuevo régimen del ayatolá Jomeini. Solo el presidente de México, López Portillo, mediante una mordida de diez millones de dólares».
El Reza sah II que yo conocí
A lo largo de veinte años he visto crecer a Reza sah II, el heredero del mítico sah Reza Phalevi. Hoy recuerdo las palabras con las que le definió su madre, la emperatriz Farah: «Es un joven que se comunica fácilmente con las gentes, cariñoso, honesto, sincero, que gusta de la vida sencilla y que no aprecia ni el protocolo ni las circunstancias fastuosas, que ama los deportes como cualquier otro joven de su generación y que, consciente de su misión, acepta su responsabilidad por el futuro de su país».
Hoy, con la muerte de Jamenei, repito, su nombre se perfila como una de las opciones junto al clérigo Mojtaba Jamenei de 56 años, hijo del líder supremo muerto recientemente. De repente, de la noche a la mañana, las circunstancias obligan a Reza sah a pasar de una vida tranquila y confiada a figurar entre los candidatos que se postulan para convertirse, si no en el emperador que fue su padre, sí para reconducir la destruida vida política.
Aquel Reza sah que yo conocí era un joven con alto nivel intelectual, un líder en el más amplio sentido de la palabra y con una formación y madurez por encima de su edad. Hoy por hoy no deseo emitir juicio alguno. Prefiero que sean los lectores los que saquen sus deducciones después de la lectura de la primera entrevista que me concedió tras la muerte de su padre, el Emperador de Irán, y su proclamación, en el palacio de Koubbeh, en el exilio de El Cairo, donde Reza Pahlevi puso fin a su dramático éxodo por medio mundo y morir en paz gracias a la generosidad del presidente Sadat.
Primera entrevista de Reza Sah
Pregunta.- ¿Quién es hoy Su Majestad Imperial Reza II, sah de Irán? (fue mi primera pregunta)
Respuesta.- Como ser humano, primero intento ser lo más sencillo que puedo, como cualquier otra persona de mi edad. Intento, primero, pensar cómo sería si mi posición fuera distinta. Después, cuando veo los deberes inherentes a mi persona, mi entorno, las traiciones, todo ello completa mi sistema de pensar, mi comportamiento para ser como realmente soy ahora… De mí mismo debo decir que me siento tremendamente responsable de la actual situación, que es el periodo más crítico e importante de mi vida… Mucha gente me dice que no estoy viviendo para mí mismo, que no me pertenezco. Mi situación realmente no es muy común, pero no quiero que las responsabilidades que tengo mediatizen mi verdadera forma de ser. Pero lo que sí es cierto es que soy un iraní por encima de todo.
P.- Le conozco desde hace muchos años. Por las circunstancias se ha visto obligado a pasar, violentamente, de una adolescencia a una total madurez sin poder disfrutar de una alegre y despreocupada juventud. ¿Ha sido muy duro para usted esto?
R.- Desde que salí de mi país he visto a mis padres en su constante deambular de país en país… Conocíamos las ejecuciones que se estaban realizando en Teherán… Cuando tienes a un padre que se está muriendo… Cuando has tenido que abandonar tus raíces… cuando tu familia está separada unos de otros… Todo esto te obliga a pensar mucho más rápido, maduras mucho más rápidamente que si la vida transcurriera con normalidad y, aunque físicamente soy muy joven (tenía entonces veinte años), mi forma de pensar corresponde a la de una persona de muchos más años… Pero no siento lástima de mí mismo.
Dramático éxodo: nadie nos quería
P.- ¿Qué fue lo mas duro del éxodo por medio mundo?
R.- Honestamente, nuestro mayor problema era buscar un lugar donde mi padre, tremendamente cansado, física y mentalmente, pudiera morir.
P.- ¿Qué suponía para usted cuando veía como todo el mundo, incluso los amigos de su padre, se negaban a recibirle?
R.- Realmente no lo entendía. Todos nosotros nos sentíamos profundamente entristecidos.
P.- ¿Qué lección sacaron?
R.- ¿Qué podría decirle? Todo lo que estaba sucediendo era por razones políticas y la política no tiene sentimientos.
P.- ¿Cómo se comportaron los amigos de Irán?
R.- Muchos que decían ser amigos cuando mi padre era el emperador de Irán fueron unos traidores.
P.- ¿Quién le informó de la gravedad de su padre?
R.- El mismo. Mi madre y él mismo. Soy una persona que cree firmemente en Dios y pensé que la vida de mi padre estaba en sus manos.
P.- ¿Qué sucedió durante la estancia en el hospital de Nueva York?
R.- Después de un mes y medio más o menos y varias operaciones, le dijeron a mi padre que tenía que salir de allí. Fue entonces cuando México nos negó el permiso.
P.- ¿Qué hicieron?
R.- Estábamos condenados a no saber dónde ir. Y eso que se había quedado que mi padre, tras la intervención, volvería a Cuernavaca. Pero debió haber presiones entre las relaciones México-Irán.
P.- Cuando México les negó la vuelta, ¿tuvieron algún lugar donde ir?
R.- Yo hablé con Torrijos, al que conocía cuando viajó a Teherán en visita oficial. Me dijo que le recibiría con mucho gusto, autorizándonos a residir en Contadora. Aunque las comunicaciones no eran muy buenas, al menos mi padre, de nuevo, pudo descansar tras la operación antes de que los problemas comenzaran. Le dijeron que los Estados Unidos exigían que mi padre abdicara. Él se negó y tuvimos que buscar, desesperadamente, otro lugar… Egipto… El presidente Sadat fue muy generoso permitiéndonos residir en el Koubbeh Palace de El Cairo.
P.- ¿Cómo se encontraba su padre físicamente con tanto viaje y tantos problemas?
R.- Cuando llegamos a Egipto, mi padre venía ya muy, pero que muy enfermo. Tuvieron que operarle de nuevo. Y aunque salió, digamos que bien de la intervención, tuvieron que operarle de nuevo.
El cáncer y el éxodo le mataron
P.- ¿Cuál era la enfermedad?
R.- Un cáncer que en esos momentos se le había extendido al hígado y estábamos llegando al final de la enfermedad, lo que le impedía un tratamiento de quimioterapia que hubiera frenado la progresión de su enfermedad, pero mi padre estaba ya muy débil. No podía resistir ese tratamiento tan fuerte. Si se le hubiera extirpado el bazo, hubiera tenido algunas posibilidades de vivir…
P.- ¿Cómo fueron sus últimos días de vida?
R.- Mi padre murió el veintisiete de julio de mil novecientos ochenta. La semana anterior se recuperó algo. Daba algún que otro pequeño paseo. Le hacíamos escuchar algo de música. Y hablábamos mucho con él Incluso le hacíamos bromas para que se distrajera. Intentábamos hacerle la vida lo más grata posible. La noche anterior a su muerte tuvo un shock. Su hígado falló y se produjo una gran hemorragia. Le tuvieron que hacer varias transfusiones. Le pregunté a los médicos cómo se encontraba la situación y si había posibilidades de que mi padre sobreviviera. Y me dijeron que no. Que no había ninguna. Que no pasaría de la siguiente mañana. Aquel día pasamos la noche en el hospital. Fue la madrugada más amarga de nuestras vidas. Mi madre ni se movió de su lado. A mis hermanos, que se habían marchado a Alejandría, los hicimos volver. Aquella mañana todos estábamos junto a mi padre: Mi madre, mis hermanos, mi abuela, mis tías…
Su pulso era muy lento. Eran las nueve y cincuenta y cinco minutos. Dos minutos después, mi padre respiraba casi imperceptiblemente. Su corazón cada vez más despacio; los latidos aparecían en la gráfica más espaciadamente. Oí como tres suspiros; después esperé otros dos o tres… Nada Mientras, mi hermana Farahnaz estaba mirando la pantalla donde se veían los latidos de su corazón y ya daba … plano. Comprendimos que había muerto. Sacamos a mi madre de la habitación.
Se convirtió en emperador
P.- ¿Qué supuso para el príncipe Reza convertirse en emperador de Irán y jefe de la familia Pahlavi?
R.- Restablecer el símbolo de la unidad y ofrecer una esperanza a mi pueblo. Desde luego, mi situación era un poco especial. Siendo el hijo mayor de mi padre, desde un principio sabía que tendría la responsabilidad de mi familia una vez desaparecido mi padre. De nuevo volvía a ser una situación única porque no sabíamos dónde íbamos a vivir mañana. Lo primero de todo, soy un iraní patriota. Y ser rey requiere mucha cautela, conciencia, experiencia, información, conocer muy bien a sus gentes, sus problemas, sus deseos y muchas otras cosas.
P.- ¿Por qué se siente rey de todos los iraníes?
R.- Porque ser rey es serlo de todos. Sin distinción de partidos. Sean o no comunistas. No hay derechas ni izquierdas para el rey. Lo más importante es permanecer lo más unido posible a mi gente, a mi pueblo. Aunque esté fuera de mi país, aunque físicamente me encuentre lejos de los iraníes, siempre estoy cerca de ellos.
P.- ¿Cuáles son sus sentimientos sobre la política que actualmente se está llevando en Irán?
R.- Hay miseria, ejecuciones masivas, hay inflación, inseguridad. Nunca ha habido anteriormente en mi país una situación así. Creo que es culpa de un gobierno que ha actuado de forma irresponsable.
P.- Todos sabemos que el petróleo es la principal riqueza del país. Su padre no solo supo verlo, sino que hizo que todos los países de la OPEP lo valoraran frente a Occidente. Pero al mismo tiempo supo mantener el equilibrio para no estrangular la economía occidental.
R.- Mi padre intentó ser lo más moderado posible, lo más correcto en cuanto al petróleo y también considerando los problemas que Occidente podría tener.
Mi regreso está en manos del pueblo iraní
P.- ¿Cree que algún día volverá para reinar en Irán, en su país?
R.- Siempre que hay una oportunidad, hay una posibilidad. Mi oportunidad será aquella que me quiera dar mi gente. Mi regreso está en manos del pueblo iraní. Hay dos caminos: que me den la oportunidad de volver a mi país para servirle o que ellos elijan otra forma de gobierno. Aunque esta posibilidad me hará difícil mirar de frente a mis antepasados, a la historia de mi país y al símbolo de la Monarquía. Pero ese sería mi sacrificio.
P.- Para cerrar esta entrevista, quisiera hacerlo con un broche de oro. Me gustaría que me hablara de su madre, esa mujer excepcional…
R.- Personalmente, creo que mi madre es una mujer única. Usted la conoce muy bien. Cualquier cosa que haya podido sucederle a cualquiera, le ha ocurrido y lo ha sufrido ella. Ella ha pasado por todas las experiencias del mundo y ha sido capaz de enfrentarse a cualquier situación, por muy amarga que esta fuere. Por otro lado, como ser humano ha sido una persona que ha sufrido muchísimo. Creo que podría hablar de tantas y tantas cosas… Pero realmente lo que más me impresiona de mi madre es, primero, su tolerancia y, después, su dignidad.
Han transcurrido ya 45 años de aquella conversación y tragedias las ha habido, como el suicidio de dos de sus hermanos, Leila y Shahnaz, («el mundo se hundió a mi alrededor», me dijo Farah), amén de que, en estos momentos, la guerra en Irán se ha recrudecido y tendremos que esperar los caprichos o decisiones del futuro para ver si aquel joven, lleno de vitalidad y esperanza, es capaz de hacerse con la situación que tanto reclama. Por lo pronto, incluso su hermana Farahnaz, que siempre ha querido estar en segundo plano, ha aparecido en diversas manifestaciones, fuera de Irán, of course.
Chsss…
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