Puigdemont se comporta como Kim Jong-un, Castro o Pinochet
Los ciudadanos de Cataluña deben ser conscientes de hasta qué punto se juegan su futuro en las elecciones autonómicas de este jueves. En su delirio golpista, con impulsos más cercanos al fundamentalismo que a la política, Carles Puigdemont y sus adláteres llegaron a utilizar a los agentes de los Mossos para espiar y presionar a políticos y jueces. Utilizar la policía autonómica para tales fines espurios los emparentan con el modus operandi de sátrapas tan abyectos como Kim Jong-un, Fidel Castro o Augusto Pinochet. Todo ellos, con sus particulares filias y fobias políticas y siempre sumidos en una profunda psicopatía, hicieron que el Estado aniquilara la libertad individual de las personas y, lo que es peor, persiguiera hasta la asfixia a los que osaron disentir del pensamiento único. En Corea del Norte y Cuba, de hecho, sigue siendo norma.
A tenor de los informes de la Guardia Civil, Puigdemont y sus colaboradores desarrollaron el mismo sistema contra el juez Ramírez Sunyer, el instructor clave en las investigaciones del 1 de octubre y de sus fases preparatorias. Todo con la intención de entorpecer en lo posible su procedimiento para que no se supiera la verdad sobre una ilegalidad manifiesta que acabó derivando en un golpe de Estado. ¿Es eso juego limpio? ¿Valor democrático? ¿Movimiento pacífico? La demagogia de los golpistas catalanes sólo es superada por su falta de escrúpulos. En estos años, al margen del continuo adoctrinamiento y de la ruina económica que ha carcomido la región hasta límites insostenibles, los catalanes han estado bajo el yugo de un gran ojo, al modo del ‘Gran Hermano’ de George Orwell, que ha vigilado los movimientos de cada persona que ha osado defender la legalidad vigente de cara a la opinión pública.
Una práctica que ha encontrado en los Mossos del mayor Josep Lluís Trapero un aliado imprescindible —algo tendrá que decir Carmen Lamela— para efectuar grabaciones, además de un severo control de todo tipo de comunicaciones. En los últimos días, OKDIARIO les ha informado de cómo Trapero ordenó a los agentes autonómicos espiar los movimientos de Policía y Guardia Civil para anular sus actuaciones durante el referéndum ilegal del 1 de octubre. Del mismo modo, el conseller Puig ordenó espiar el domicilio de la líder del Partido Popular, Alicia Sánchez Camacho, con un coche de la televisión de Godó y Roures. Unas prácticas cuanto menos execrables a las que Josep Ramon Bosch, el ex presidente de Societat Civil Catalana (SCC), ha reaccionado presentando una querella contra los Mossos por espionaje. Los ciudadanos tienen la oportunidad de acabar con esta locura totalitaria en las próximas 24 horas. De otra manera, pondrán en peligro tanto la viabilidad de Cataluña como la de España. Al menos, no pueden decir que no estaban avisados.
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