Prohibir la publicidad en los bares es la apoteosis del totalitarismo
Con el absurdo argumento de que prohibir los patrocinios o publicidad de bebidas alcohólicas en mobiliario, toldos, sombrillas, sillas o neveras de bares y cafeterías que puedan estar situados en entornos donde haya menores contribuye a desincentivar el consumo de alcohol, el ministerio de Sanidad de la médico, madre y sectaria Mónica García pretende meterle un rejón descomunal al sector hostelero que tendrá un coste de hasta 1.700 millones de euros en pérdidas. El afán totalitario del Gobierno no conoce límites, pero es que, además, en este caso, se justifica con una idea esencialmente estúpida, porque eso de que la prohibición de un toldo o una sombrilla de una marca comercial de una bebida contribuye beneficiosamente a la salud es la memez más pluscuamperfecta que cabe imaginar. El problema es que esa solemne mamarrachada va a crujir a la inmensa mayoría de bares y cafeterías del país, porque se calcula que entre el 70 % y el 80 % de los aproximadamente 130.000 establecimientos cuentan con este tipo de patrocinio. Cada local afectado tendría que asumir un coste estimado de unos 12.000 euros para adaptar o reemplazar mobiliario que actualmente es gratuito gracias al patrocinio. Las cuentas del desaguisado son estas: la retirada del mobiliario patrocinado (como sombrillas, sillas, mesas, servilleteros o neveras con logotipos de marcas de cerveza) implicaría un coste directo aproximado de 600 millones de euros para el sector, junto con una caída en las ventas de entre 1.080 y 1.680 millones.
El anteproyecto de ley fija que la publicidad y patrocinio de bebidas alcohólicas se prohíbe en un radio de 150 metros desde centros educativos, sanitarios, parques infantiles y otros espacios frecuentados por menores, así como en todo mobiliario visible desde la vía pública en esos entornos. O sea, que el intervencionismo esquizofrénico de este Gobierno podría provocar la pérdida de entre 8.000 y 10.200 puestos de trabajo, especialmente en pequeñas localidades rurales donde el bar es uno de los pocos negocios que sostienen la comunidad y que podrían verse obligados a cerrar. En resumen: los delirios dogmáticos de la izquierda van a cargarse un sector que lo que demanda es ayuda.
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