Opinión

Le Pen sólo ganará si rompe el ‘Frente Republicano’

  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

Para las elecciones presidenciales de 2027 hay dos normas: Emmanuel Macron, que consiguió unir en su candidatura a los comunistas y a los ricos, no puede presentarse a un tercer mandato; y, desde 2002, cuando hay un Le Pen en la segunda vuelta, gana la presidencia el otro candidato.

Las elecciones municipales son un prólogo a las presidenciales, más importantes que las que en septiembre renovarán la mitad del Senado. Los resultados de marzo están entreteniendo a los consultores y estrategas políticos, por su complejidad y sus consecuencias.

Junto a una miríada de independientes, competían candidatos de varios partidos. De derecha a izquierda: Agrupación Nacional (AN); Los Republicanos; Renacimiento, el centro liberal y macronista; el Partido Socialista; los ecologistas; los comunistas; y La Francia Insumisa (LFI).

Tras la segunda vuelta, podemos sacar varias conclusiones. La primera es que la participación, del 57%, ha superado la de 2020, por debajo de un 45%, pero no alcanza aún el registro tradicional, superior al 60%.

Los socialistas prosiguen su resurrección comenzada en 2024 (europeas y parlamentarias). De las veinte mayores ciudades, han ganado las alcaldías de once de ellas, incluyendo París y Marsella. Por el contrario, los verdes, que parecía que los iban a sustituir como el partido favorito de la izquierda de funcionarios y profesores, se han desplomado. Sólo conservan Lyon.

LFI provoca tal rechazo dentro del bloque de izquierdas que muchos votantes socialistas y ecologistas o se han abstenido o han votado a candidatos centristas y de centro-derecha. Sin embargo, LFI crece en las ciudades con más población de origen africano. Su vinculación con este segmento demográfico es tan profunda que su jefe, Jéan-Luc Mélenchon, recibió en la primera vuelta de las presidenciales de 2022 el voto de casi el 70% de los musulmanes.

La derecha moderada de los Republicanos (integrado en el Partido Popular Europeo) y el centro macronista detienen su dilución gracias a su abrazo, sobre todo en los municipios medianos. En esta coalición que sostiene al gobierno de Sébastien Lecornu (con apoyos del PSF y del RN), yacen dos grandes derrotados: la ex ministra Rachida Dati, que pugnaba por la alcaldía de París, y en algunos distritos ha quedado por debajo de los miembros de su lista; y el ex primer ministro François Bayrou, derrotado en Pau por un socialista que rechazó la alianza con LFI.

Por eso, emerge como alternativa en este sector emparedado entre los extremos Édouard Philippe, el primero de los siete primeros ministros de Macron. Ha obtenido una trabajada victoria en Le Havre (47,7%) frente a un candidato comunista (41,1%) y otro de RN y sus aliados (11,1%). Montó su plataforma, Horizontes, en 2021, separada del desgastado presidente y de su antiguo partido, los Republicanos. Sus objetivos serían dos: conseguir el respaldo de liberales y moderados y colarse en la segunda vuelta.

La derecha identitaria de RN, vinculada a Patriots, donde también milita Vox, ha conquistado la alcaldía de 57 municipios con más de 3.500 habitantes, 48 más que en 2020, junto con 3.100 concejales, frente a los 827 anteriores, a los que suma 306 de sus aliados. Sus feudos son la costa mediterránea y la cuenca minera del norte, aunque ha fracasado en las grandes ciudades, como Marsella y Toulon, donde sus candidatos pasaron a la segunda vuelta, y París, en la que su candidata quedó por debajo del 2%.

La mejor noticia para el partido de Marine Le Pen es el triunfo en Niza, gracias a su pacto con Éric Ciotti, expulsado de la presidencia de Los Republicanos por sus correligionarios debido a la «traición» de proponer un acuerdo entre ambos partidos para las legislativas de 2024.

Niza demuestra que la única vía para que el RN alcance el gobierno consiste en que el centro-derecha rompa el frente republicano. Y numerosos caciques y dirigentes republicains no quieren hacerlo, sea por ideología o por el egoísmo de conservar su cacicazgo.

Veamos dos ejemplos de esta obcecación. En Nimes, el candidato moderado, Franck Proust, rechazó retirarse en favor del candidato de RN, Julien Sanchez, aunque éste le ofreció un acuerdo. El resultado es un alcalde comunista en una ciudad (150.000 habitantes) en la que el 59% de sus vecinos se identifica con las derechas.

En Marsella, la suma de las listas de Agrupación Nacional y los Republicanos en las dos vueltas es similar, unas 135.000 papeletas. La candidata del centro-derecha, Martine Vassal, que obtuvo un 12%, se mantuvo en la segunda ronda, aunque existían posibilidades de que Franck Allisio (35% en la primera vuelta) pudiera lograr la alcaldía. A casi la mitad de los votantes de Vassal no les disuadió el riesgo de la continuidad del socialista Benoit Payan, que es lo que ha sucedido, y siguieron votando por ella.

Las encuestas señalan a Le Pen, o, si es inhabilitada por los tribunales, a Jordan Bardella, como el vencedor en la primera vuelta, con más de un tercio de los votos. Sin embargo, fuese quien fuese de los dos necesitaría a los votantes de centro-derecha para ganar en la segunda. Los burgueses de provincias, los jubilados ricos, los búmers, ¿olvidarían su rechazo generacional, clasista y económico al RN si el otro candidato fuera Mélenchon?

El mismo problema afecta al caudillo de LFI. La izquierda «responsable», que comparte con él las fronteras abiertas, la obsesión climática y el desprecio a Trump, rechaza sus diatribas contra Israel. «¡Somos los hijos de Gaza!», gritan varios de sus diputados y dirigentes. Una cosa es formar el Nuevo Frente Popular para las parlamentarias de 2024 (que enseguida se dividió en varios grupos en la Asamblea) y otra acordar un presidente con mandato para cinco años.

Por esto, Édouard Philippe podría repetir el éxito de Macron, con una unión «para parar el fascismo», un eslogan que, sorprendentemente, sigue funcionando como un silbato para perros entre los votantes de izquierdas.

En este año, los franceses van a estar pendientes del municipio de Saint-Denis, el segundo más poblado (139.000) de la Isla de Francia, y donde los aficionados españoles y británicos que acudieron a la final entre el Real Madrid y el Liverpool sufrieron la multiculturalidad en sus carnes, cuando les atracaron bandas de delincuentes de piel morena sin que la policía les protegiese.

El nuevo alcalde, Bally Bagayoko, de orígenes malienses, apoyado por LFI, pretende establecer una administración con preferencia para los inmigrantes. En su discurso de la victoria declaró que Saint-Denis, donde reposan los restos de los monarcas franceses que los revolucionarios profanaron, ya no es la ciudad de los reyes, sino la ciudad de los negros.

Como ha escrito un columnista, las presidenciales enfrentarán a «los hijos de Juana de Arco contra los hijos de Gaza». Es el duelo que quieren librar Le Pen y Mélenchon.