Nadie denigra más a la mujer que la explotadora Irene Montero
La escolta-recadera revela al juez que Montero también usó como niñera a una asesora a sueldo de Podemos
Todas las mentiras de la ministra Montero en el juicio contra OKDIARIO
El servicio de Irene Montero estaba compuesto por una escolta a la que encargó labores de recadera y chófer (Elena González); una asesora a sueldo de Podemos y actualmente jefa de prensa del partido (Gala Santana) y su jefa de Gabinete adjunta (Teresa Arévalo). Las tres se encargaban bien de las labores domésticas, bien del cuidado de sus hijos, y las tres le salían gratis, porque no pagaba a ninguna. A las dos primeras las pagaba el partido, que recibe fondos públicos (o sea, de todos los españoles), y a la última, también, porque la nómina se la paga el Ministerio de Igualdad. O sea, lo de Irene Montero es un escándalo mayúsculo: ni aquellas marquesonas del franquismo que iban presumiendo de tener ‘tres chicas de servir’.
No lo dice OKDIARIO, sino Elena González -la recadera y chófer-, que ante el juez que investiga a Podemos por financiación ilegal ha declarado que Gala Santana, actualmente jefa de prensa del partido y redactora del panfleto de Dina Bousselham, también «estaba dedicada al trabajo personal de Irene Montero» y echaba largas horas en el chalet de Galapagar. Irene Montero se ha revelado como una explotadora sin escrúpulos porque pocas como ella han denigrado tanto el papel de la mujer. ¿Qué pensarán las millones de mujeres trabajadoras que tienen que rascarse el bolsillo para pagar a guarderías o a cuidadoras a domicilio al comprobar cómo a la ministra de Igualdad sólo le faltaba una ayuda de cámara para vivir como una reinona? Eso dando por hecho que no tuviera ayuda de cámara, porque dados los antecedentes no sería de extrañar.
Estamos ante es escándalo gigantesco que en cualquier democracia del mundo terminaría con la destitución fulminante de la ministra, pero en España el socialcomunismo se ha dotado de una red clientelar que incluye la gratuidad del servicio doméstico de la casta. La continuidad de Irene Montero es una ofensa para todas las mujeres. Una ofensa y una suprema indignidad.
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