Una muy urgente y necesaria huelga general
¿Qué más tiene que ocurrir en España para que una descriptible sociedad adormilada tome conciencia de que le están robando su nación, su país? Como escribía el pasado jueves un destacado corresponsal extranjero acerca del momento español: «Uno se pregunta cómo un Estado que supo reinventarse democráticamente hace medio siglo, ahora esté dando tumbos al pairo de un gobierno tan incapaz técnicamente como inmoralmente sospechoso…».
España aparece hoy como la sombra diaria de un Estado fallido, incapaz de ofrecer a sus ciudadanos ahogados por su nivel impositivo, las soluciones que se demandan en la quiebra del bienestar general y los servicios públicos. El Estado se ha convertido en las manos de Sánchez y sus distintas mafias en una almoneda donde cada uno roba lo que tiene a mano al grito de «maricón el último…».
Los partidos que hacen posible la continuidad en el poder de Pedro Sánchez han decidido que a ellos les conviene arramplar con lo que puedan porque esto tiene fecha de caducidad. Y al generoso primer ministro le importa una higa el país que juró defender porque, en su huida hacia adelante, todo es política de tierra quemada.
Los sindicatos, tan exquisitamente agresivos contra la derecha, son mera correa de transmisión del poder sanchista, entre otros argumentos, porque sin el dinero que les gira mensualmente la tienda tendrían que cerrarse. ¡Una vergüenza sin paliativos! Hinchados, además, de corrupción económica e irregularidades con dinero público. A lo que hay que unir la hediondez moral inexportable porque no están al servicio de lo que se les demanda.
Ante este espectáculo impropio, el Sindicato de Maquinistas Ferroviarios ha convocado una huelga muy justa, muy precisa, necesaria. Jamás en los últimos tiempos de España se había convocado un paro indefinido con tanta justeza y argumentos. Lógico, les va la vida en ello. Y los partidos de la oposición, con el PP a la cabeza, deberían apoyar esa protesta en forma de trenes parados. Entre otras cosas, para dejar en evidencia a esa tontería basculante que es ministra de Trabajo (sic).
Deberíamos aprovechar esa convocatoria para sumar a todos los españoles de bien y convertirla en una huelga general ya que los que debieran siguen unos comiendo gambas y otros atracando el capítulo de subvenciones públicas.
PD. El suplicante y desgarrador mensaje a la sociedad española de los abuelos de la niña Cristina que han perdido a sus hijos, nietos y otros familiares no debería caer en saco roto. Como homenaje a tanto muerto, cualquier español de bien debe coadyuvar en la medida de sus fuerzas en echar democráticamente a un gobierno de miserables, incapaces y corruptos.
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