Opinión
Candilazos

La muda Lastra y el tridente “imbécil”

Que Rufián es el diputado más soez y maleducado del arco parlamentario no es ningún descubrimiento. Basta con haber seguido cada una de sus intervenciones en el Congreso al más puro estilo de ‘matón’ de colegio. Sin embargo, que quien va de abanderada del movimiento feminista de 8-M, de “portavoza” del ‘Nosotras parimos, nosotras decidimos’, en definitiva, de vestal de la sororidad, se quede muda ante el obsceno ataque rufianesco a sus iguales —primero a la ‘popular’ Beatriz Escudero y después a un grupo de mujeres periodistas—, es toda una revelación de la crisis de valores y de la triste pose —’activismo fake’ se llama— con que Adriana Lastra lleva el lazo morado sobre la solapa.

Porque a Lastra no se le ha visto salir corriendo al barrio Twitter a condenar la grosería de Rufián con Escudero, parlamentaria como ella. Y tan hiriente como lo anterior, tan poco se le ha visto afear al camorrista de ERC que se burlara, a su manera, de unas periodistas que simplemente se dedicaban a hacer su trabajo en el pasillo principal del Congreso. La escena del pasado martes, donde el perdonavidas del golpismo se trató una vez más, fue vomitiva. “Yo no soy filólogo ni soy periodista, pero palmero no tiene nada que ver con…..(se ríe) nada de eso. Pero bueno, entiendo perfectamente las preguntas. Me alegro porque están organizadas —mira alrededor a las periodistas— y seguramente irán a la manifestación del 8 de no… —se equivoca— del 8 de marzo”. Pero, ¿qué organizadas? Otra vez entrando al plano de lo personal y señalando ahora a profesionales de la prensa por ser mujeres. Esto se llama micromachismo, señora Lastra, aquí y en Pekín, aunque usted guarde un silencio que no por eso es más ensordecedor y reprobable.

El problema está en que ese mutismo de Lastra y de las famosas Leticia Dolera de turno cuando la atacada no es de su trinchera, ya es reincidente. Y eso, es engañar a la ciudadanía. Una cosa es predicar y otra dar trigo, señora “portavoza”. A Lastra tampoco se le vio asomarse a las redes sociales para reprochar a su socio Pablo Iglesias que guiñara el ojo a la periodista Pilar Gómez, subdirectora del diario La Razón, en una plató de televisión —como Escudero con el “imbécil” Griñán, Gómez no se amilanó—. Y a Lastra tampoco se le vio solidarizarse con la exvicepresidenta Santamaría cuando el día de la moción de censura el histriónico Monedero llevó su agresión a lo físico, sujetándola por los hombros, impidiendo que se moviera, y restregándole la derrota en la imagen más machista vista en las Cortes en esta legislatura y en mucho tiempo.

Rufián, Iglesias y Monedero, además de sus aliados, son el tridente machista de la progresía que Lastra no quiere ver. Ojalá a la guardiana de las esencias del femme power la venda se le caiga de los ojos y salga a defender sin sesgo ideológico alguno a otra compañera diputada o periodista que se vea envuelta en otro incidente con esta caterva. Mientras tanto, su discurso será sólo eso, feminismo de pancarta. Adriana, no te calles.