Opinión

Mentiras de trágica comicidad

Hablar de las mentiras que dice Pedro Sánchez y el denunciar su cinismo se convierte ya en un inservible ejercicio de desahogo conducente a la frustración y a la melancolía, pero es imposible eludir la obligación cuando se presencia un espectáculo tragicómico como el que ayer nos ofreció en su radio de cabecera; que fue como una película del Cantinflas más absurdo, pero con la maldad y la falta de empatía del Humbert Humbert del Lolita de Nabokov y el engolamiento de un payaso augusto.

Todo fue desconsideración y engaño, empezando por la falta de respeto democrático e institucional que supone ir a una entrevista masaje antes de ir a dar explicaciones en el Congreso y después de dar un plantón ilegal, y seguramente punible, al Senado. Porque, si después de estar un mes de vacaciones, se entiende que es una cuestión que no puede esperar a la comparecencia en las Cortes, lo que procedería es una convocatoria a los medios para ofrecer explicaciones y para responder a preguntas abiertas sin límite de tiempo.

Ya en la primera pregunta, que el entrevistador reformuló en un espejismo de rigor e independencia, Sánchez mostró su infinita capacidad para el embuste zafio largando una mentira, de cariz matemático y de trágica comicidad, con la que marcó el terreno, además de evidenciar que el colaborador que tenía enfrente era de letras. Más o menos fue así la cosa:

Ya no es que no se tomara la molestia de calcular el 10% de los setenta mil, es que al momento dijo que desde el 10 de agosto «han regresado voluntariamente otros 3.222 migrantes» y que desde entonces «no se ha producido entradas significativas». Vamos, que según sus cuentas, prácticamente no queda ningún ilegal en Ceuta y que casi son los ceutíes quienes están escapando a Marruecos.

Vino justo después la exoneración de culpa del país vecino y, al contrario, el agradecimiento por su valiosa e imprescindible cooperación. Ahí alcanzó el punto álgido del cinismo: que no hay ninguna prueba de la participación de Marruecos, que ni el CNI ni ningún servicio de información apuntan a la misma, que la culpa es de la tergiversación de la sentencia y de los bulos…

¡Para llegar a preguntarse retóricamente «en qué beneficia a Marruecos»! El entrevistador dejó en el intento una corrección obvia y no se atrevió a recordarle las palabras del ministro de Justicia marroquí, reconociendo que el régimen alauí no hace nada cuando miles de marroquíes se dirigen a Ceuta para reclamar la soberanía de las plazas africanas.

Las respuestas sobre la información previa del CNI fueron propias del Cantinflas más hilarante y estrambótico: hubo informes, pero no hubo, pero sí hubo, pero no eran explícitos y, aunque no hubo, sí hubo y por eso se reforzaron las fronteras y el CETI… Vamos, que a pesar de que sabían que podían incrementarse las entradas, no se optó por intentar evitarlas, incluso con más medios y el necesario uso de la fuerza, sino en facilitar cómo gestionarlas. ¡En definitiva, un reconocimiento implícito de la incapacidad y la falta de voluntad de asegurar la frontera!

Igualmente patética fue la negativa a comprometer la solución del problema en una fecha concreta, así como para garantizar que sucesos como éste no vuelvan a ocurrir. Nos deja, por eso, la amarga y frustrante convicción de la impotencia y la soledad de nuestro país, al que han desconectado de los centros de poder e influencia y al que han convertido, en el ámbito de la geopolítica, en un auténtico paria.

También se encargó de recordarnos que tiene derecho a vacaciones y que no siente ningún remordimiento. No esperábamos en realidad mucho más de alguien con esa indolencia hacia el sufrimiento ajeno, de quien salió por patas de Paiporta, de quien no fue al funeral de Huelva, de quien pronunció aquello de «son las cinco y no he comido». Y es que irse de vacaciones después de declarar que se había producido un ataque a nuestra integridad es como si el capitán Schettino dijera que se fue de vacaciones cuando empezó a hundirse el Costa Concordia.

Para cerrar la entrevista con una asistencia a puerta vacía, le preguntaron por el ático de Chamberí, pero fue una morcilla tan burda que hasta dio alipori. No decimos que no sea una adquisición inoportuna o innecesaria, pero la Comunidad de Madrid tiene competencia para incurrir en ese gasto; y resulta cómico que el mismo Sánchez, que está gastando a lo loco sin tener presupuestos, lo reproche como si Isabel Díaz Ayuso lo hubiera puesto a su nombre, como sí hizo Begoña con el software de la Complutense. Todo para concluir que «el PP y Feijóo tienen un problema». ¡No me digan que no es un genio!