Los médicos están para salvar vidas, no para quitarlas
La palabra eutanasia, que viene del latín euthanasia y, ésta a su vez, del griego euthanasía, significa “muerte dulce”. No obstante, debe ser la vida, y no la muerte, el objetivo por el que siempre deben trabajar los profesionales sanitarios con los que cuenta nuestro país. La solución, por tanto, no es despenalizar la eutanasia, —prohibida en 29 países occidentales y permitida en nueve— cuya práctica está recogida en el artículo 143 del Código Penal y que acarrea penas de hasta 10 años de cárcel, sino garantizar que cualquier persona pueda recibir cuidados paliativos integrales de calidad. Para ello, además de un esfuerzo necesario de la Seguridad Social debe darse la garantía jurídica de un testamento vital donde el ciudadano pueda expresar libremente y con las máximas garantías para su propia dignidad qué tipo de cuidados y tratamientos desea así como el destino de su cuerpo y de sus órganos vitales en el momento de la muerte.
La sanidad pública ha de garantizar, por tanto, unas condiciones de vida dignas para enfermos que tengan dolencias crónicas en sus etapas terminales como pueden ser el cáncer o la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Una dolencia que tan conocida hizo para la población mundial el científico Stephen Hawking. La regulación de la eutanasia es un debate muy complejo por el conflicto médico, jurídico, ético y moral que suscita. No obstante, es un asunto que no se puede obviar, ya que está en la calle y que, sobre todo, debe establecer de un modo muy claro los límites de la intervención humana para que no derive en una cascada de acciones negligentes. La prueba de su complejidad es que una democracia tan consolidada y de calidad como la francesa tardó más de tres años en tener la norma actual. No fue hasta principios de 2016 cuando el Parlamento de nuestro país vecino aprobó un proyecto de ley sobre el final de la vida.
Dicho acuerdo prohibe la ayuda activa para morir a través de la eutanasia o del suicidio. De hecho, y en consonancia con la postura que defiende tanto el Partido Popular como Ciudadanos, se centra en los cuidados paliativos y en la utilización de una sedación profunda para evitar el sufrimiento físico o psíquico de los enfermos terminales. Expertos tan reputados como los que integran la Asociación Médica Mundial (AMM) o la Organización Mundial de la Salud (OMS) se han opuesto a la eutanasia por ser “contraria a la ética”. No obstante, insisten de manera mayoritaria en que los cuidados paliativos y las condiciones para obtenerlos deben ser óptimos. Hay tantos matices, puntos de vista y razones como casos y todos ellos son respetables, pero la vida provista de una asistencia digna y de calidad debe prevalecer siempre ante la muerte.
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