A Marlaska sólo le falta pedir que las mujeres le levanten una estatua
Por una parte, el Ministerio del Interior de Fernando Grande-Marlaska justifica el brutal incremento de las agresiones sexuales con el argumento de que antes las mujeres los «toleraban» más y ahora denuncian y, por otra, asegura que en la actualidad las mujeres tienen «mayor confianza en las instituciones» (se supone que se refiere al Gobierno). O sea, que antes de que llegara Pedro Sánchez a la Moncloa, las mujeres que sufrían agresiones sexuales no denunciaban porque tenían menos conciencia de estar siendo víctimas de un delito y porque se sentían menos respaldadas por el anterior Ejecutivo. De aurora boreal.
En una respuesta parlamentaria, Interior riza el rizo y despliega una panoplia de argumentos que provocan vergüenza ajena. Eso sí, ni una palabra sobre la chapuza de las pulseras telemáticas que provocó que miles de mujeres quedaran expuestas. Todo lo contrario: asegura que no existe ningún «fallo estructural de las políticas de seguridad o de protección a las víctimas». Ni el más mínimo atisbo de autocrítica: «Los datos ponen de manifiesto una mayor visibilización del fenómeno, una mejora en los sistemas de registro y una mayor confianza de las víctimas en las instituciones», afirman. Y se quedan tan anchos.
«Desde el Ministerio del Interior no se considera que el incremento sostenido de los delitos sexuales responda a un fallo estructural de las políticas de seguridad o de protección a las víctimas», inciden. Pues nada, será culpa de las mujeres que denunciaron que sus pulseras no funcionaban. O será culpa de la Fiscalía, que documentó en su memoria correspondiente a 2024 «múltiples fallos» detectados en las pulseras telemáticas que aseguran el cumplimiento de las órdenes de alejamiento y prohibiciones de aproximación impuestas en materia de violencia de género y violencia sexual. O será culpa del Centro Cometa, que informó «reiteradamente» a los juzgados de que no podían facilitar información anterior al 20 de marzo de 2024, fecha en que finalizó la migración a los nuevos dispositivos. A Marlaska sólo le ha faltado decir que sería un gesto que las mujeres de España le levantaran una estatua.
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