Opinión

Kalashnikov en Cataluña

  • Xavier Rius
  • Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

Cataluña volvió a demostrar esta semana que es tierra de acogida: papeles para todos, refugees welcome, volem acollir. Los Mossos pillaron, en plena autopista, un Porsche Cayenne cargado de kalashnikov.

La alarma saltó a las tres de la madrugada del miércoles cuando la Policía de la Generalitat localizó ocho AK-47 dentro del vehículo. Los ocupantes consiguieron darse a la fuga en un Citroën C4 blanco. Lo que tampoco redunda en aumentar la confianza en el citado cuerpo policial.

A la hora de escribir esta pieza, no se sabe con certeza a quién pertenecen las armas de guerra y si el móvil es islámico o delincuencia organizada, incluso mocromafia. La verdad es que, para un atentado islamista, basta un cuchillo e invocar a Alá antes del golpe mortal.

Posteriormente, se supo que en realidad no eran ocho, sino doce. Y del modelo AK-74, una versión modernizada del mítico fusil de asalto soviético. Fue desarrollado por un soldado de la extinta URSS que empezó a cavilar en el hospital tras ser herido en una de las primeras batallas contra los nazis durante la II Guerra Mundial.

Desde entonces ha participado en un montón de guerras. Durante mucho tiempo se le consideró el arma del Tercer Mundo: Vietnam, Nicaragua, Afganistán. Equipó también a los países del extinto Pacto de Varsovia. El vopo, un policía de Alemania Oriental que saltó el incipiente Muro de Berlín (1961), llevaba uno a la espalda.

Lástima, no obstante, que consiguieron huir. Se habría podido saber de dónde venían, a dónde iban y, desde luego, el objetivo. Basta recordar que el atentado del Bataclan (2015), en pleno concierto en aquella sala de fiestas en París, fue con kalashnikov. Para el Islam, la música es pecado. No digo ya para las versiones más rigoristas de esta religión.

Mi confianza en la policía autonómica es limitada desde el 2017, cuando, como se sabe, estuvieron dudando entre la fidelidad a Artur Mas y la lealtad al Poder Judicial. Unas dudas terribles para un cuerpo policial formado por 17.000 agentes con pistola al cinto. Que, además, cobran más que policías y guardias civiles. La equiparación salarial es una vieja reivindicación nunca satisfecha del todo.

Por si no fuera poco, han pillado a dos agentes del servicio de información infiltrados en la huelga de maestros contra Salvador Illa y su consejera de Educación, Ester Niubò. En plena polémica, por otra parte, por la decisión de la propia consejería de destinar a mossos de paisano a determinadas escuelas conflictivas, es decir, con elevados porcentajes de inmigración.

Al final, transcurridos varios días desde que fueron descubiertos, la consejera de Interior, Núria Parlon, y el director general de la Policía, el famoso mayor Trapero, han pedido disculpas en sede parlamentaria.

Los Mossos d’Esquadra no están para infiltrarse en el colectivo de profesores –aunque, todo hay que decirlo, cortaron también carreteras–, pero imaginen si eran malos que hasta los detectaron. Sin embargo, cómo deben estar determinadas escuelas, sí tienen que destinar a policías. Acabaremos como Estados Unidos, instalando arcos detectores de metales en las puertas.

La medida ha sido cuestionada por el sector educativo y los sindicatos. Pero si la consejería se la ha planteado es porque, en muchos centros, deben haber localizado armas punzantes y otros objetos peligrosos. Aunque, sobre eso, nuestras autoridades educativas han guardado silencio. No se vaya a romper la imagen idílica de Cataluña que transmiten algunos medios.

Espero, en todo caso, que, como dice machaconamente el presidente de la Generalitat, «quien la hace, la paga». Entre otras razones, porque en menos de un mes, entre el 9 y 10 de junio, el Papa visita Barcelona y Montserrat. Lo que no deja de ser motivo de inquietud en las presentes circunstancias.

Al fin y al cabo, los autores del atentado de las Ramblas parece que se habían planteado atentar contra la Torre Eiffel o la Sagrada Familia. Cambiaron de planes después de que la casa ocupada de Alcanar saltara por los aires. Lo dicho: Cataluña, tierra de acogida. Maleantes, welcome.