Opinión

¿Hacia la III República?

Al final será verdad lo que decía Juan José López Burniol en el artículo censurado en La Vanguardia: que vamos hacia la III República. El conocido notario —Alcanar (Tarragona), 1945— tenía preparada una opinión para el 22 de agosto que no pasó el filtro. En él mismo, auguraba la revancha de la izquierda tras su derrota en la Guerra Civil. Una operación, aseguraba, iniciada por Zapatero y potenciada por Pedro Sánchez.

La hoja de ruta pasaba por «poner fin a la segunda restauración monárquica», «derogar la Constitución de 1978», «abrogar el régimen implantado por ella», «derrocar al Rey don Felipe» y, finalmente, «instaurar una tercera República presidencialista, plurinacional y confederal».

Lo cierto es que López Burniol no es santo de mi devoción. Se le atribuye, junto al periodista Enric Juliana, el famoso editorial único que publicaron doce periódicos catalanes el 26 de noviembre de 2009. A favor del Estatut o, mejor dicho, en contra de la futura sentencia del Constitucional. Miren cómo está la prensa de papel (en plena crisis), que algunos ya ni siquiera existen.

En cambio, yo mismo lo vi en la manifestación españolista del 27 de octubre de 2019 en pleno paseo de Gracia. Me sorprendió porque fue uno de los intelectuales próximos a Pasqual Maragall que estaba todo el día dando el coñazo con el famoso «encaje» de Cataluña en España.

El director de La Vanguardia, Jordi Juan, en un mail privado que reveló el propio Burniol, dejó claro que la decisión contaba con el visto bueno del editor, Javier Godó. Los medios están en su derecho de prescindir de sus colaboradores porque no es una relación laboral. Ya pasó con Pilar Rahola, una de las musas del procés. Y, créanme, nadie la echa en falta.

Sin embargo, no deja de ser curioso que fuera por una columna que alertaba sobre una eventual conspiración republicana. Al fin y al cabo, el propio Javier Godó es grande de España desde 2008, cuando se la concedió el rey Juan Carlos. El título nobiliario no impidió que luego el rotativo —con José Antich de director— diera un apoyo decidido al proceso. Para la historia queda alguna portada como la de Cataluña dice basta tras la Diada de 2012, la primera multitudinaria.

En agosto de 1994 hubo un caso similar que no terminó en despido. El entonces articulista José Luis de Vilallonga —también grande de España, por cierto— publicó una columna en la que alertaba sobre un plan para desestabilizar a Felipe González y de paso a la Corona. El objetivo último.

El malo de la película, en este caso, era el abogado Antonio García-Trevijano (1927-2018), que siempre tuvo veleidades republicanas. Yo, que entonces trabajaba en este medio, me acuerdo todavía del revuelo. Además, Vilallonga tenía conexión directa con la Casa Real. O sea que no iba por libre. Había publicado el año anterior Conversaciones con don Juan Carlos I. Algo así como la biografía autorizada del monarca.

En fin, cuesta de creer. A pesar de las andanadas de Pedro Sánchez a la monarquía durante su entrevista en la Cadena SER. Y que el monarca lo llamara a capítulo por la tarde. Una audiencia de tres horas no es para hablar del tiempo. Ni siquiera del tiempo que hace en Ceuta.

Pero se puede extraer otra conclusión: las semejanzas cada vez más evidentes entre Sánchez y Puigdemont. A fin de cuentas, los dirigentes del proceso hicieron una declaración unilateral de independencia, proclamaron la república, abolieron la monarquía, derogaron la Constitución, derogaron también el Estatut y se pasaron por el forro las notificaciones del TC.

Si estos delitos hubieran estado tipificados en el Código Penal, en vez de caerles cien años a los doce, les caen cien años a cada uno. Pero nadie podía imaginar que consejeros con sueldos superiores a los 100.000 euros anuales, coche, secretaria y escolta oficial pudieran liar la que liaron. Esta sí que era una revolución de terciopelo.