España campeona mundial con Luis de la Fuente al frente
Resulta obligado en un día como el de hoy, marcado con la segunda estrella bordada sobre la camiseta de la selección nacional de fútbol, escribir sobre España y su extraordinaria victoria en el Mundial de Fútbol 2026. No solo para intentar realizar una crónica futbolística, sino para también reflexionar acerca de lo que puede significar para España este triunfo en los actuales complejos tiempos que vivimos.
En cuanto a lo específicamente futbolístico y deportivo, resulta evidente que España venció a Argentina con total justicia y con un absoluto dominio del encuentro desde el comienzo hasta el pitido final. Fueron unos 140 minutos en total los jugados, incluyendo la prórroga y los minutos añadidos por el árbitro. Que, por cierto, y pese a la expulsión de un argentino por acumulación de dos tarjetas amarillas, no supo contener la excesiva violencia y agresividad de la selección albiceleste. Como hubiese sido lo conveniente para una final de un Mundial. A España le anuló no solo uno, sino dos goles, pese a las dudas sobre el primero de ellos.
El equipo argentino, hasta ayer campeón del mundo, realizó un partido que resulta perfectamente descrito si consideramos que no efectuó ni un solo disparo a puerta. Frente a los 12 disparos españoles, de los que tres llegaron a la red, aunque solo uno fue reconocido como válido. Esta final fue asimismo el final de la impresionante carrera como profesional de Lionel Messi, considerado por los analistas como el mayor —o uno de los mayores— genios del fútbol, junto a su compatriota Maradona, el brasileño Pelé y Alfredo Di Stéfano, por ejemplo.
Su despedida entre lágrimas por la derrota en ese día tan señalado de su vida dio claro testimonio de su tristeza por ambas circunstancias, unidas en la competición de ayer. En cuanto a la selección española, la «roja» —aunque la hemos visto también debutar en el Mundial con una elegante vestimenta blanca— realizó un partido en el que el objetivo de derrotar a su adversario e insistimos, hasta ayer todavía vigente campeón, se cumplió plenamente.
Dominó de principio a fin, y Ferran Torres en el minuto 106 tomó el relevo de Andrés Iniesta, que en el minuto 116 de la final del Mundial de Sudáfrica en Johannesburgo el 11 de julio de 2010 había conseguido exactamente el gol que obtuvo para España la primera estrella para llevarla en su camiseta.
A destacar la labor desarrollada por el seleccionador Luis de la Fuente, que ha conseguido, de un magnífico plantel, ahormar un gran equipo que sin duda ha sido un merecido triunfador en el mayor acontecimiento futbolístico a nivel mundial, y realizado cada 4 años. Por cierto que el próximo será, por tanto, en 2030, el año de la «Agenda», y lo organiza España, junto a Portugal y Marruecos, y este nuevo triunfo va a reforzar la probabilidad de aumentar el número de partidos de los que seamos la sede.
Los nombres de Cucurella, Rodri, Cubarsí, Oyarzabal, Unai, Ferran, Merino, etc., sin olvidar a Lamine Yamal, están ya situados en el cuadro de honor del fútbol español. Y con Rodri reconocido con el «Balón de Oro» de la FIFA, como el jugador más destacado del torneo.
En cuanto a la influencia de este bicampeonato mundial en la sociedad española, basta con decir que está siendo una prueba tan incontestable como extraordinaria de la vitalidad de su compartido sentimiento de españolidad. Importante signo en los tiempos que vivimos, donde el nacionalismo secesionista impregna la coalición «plurinacional y progresista» instalada en el gobierno desde hace ya más de ocho años. Asimismo, es muy significativo que en los tiempos de apostasía que padece el Occidente cristiano, otrora la Cristiandad europea, destacadas figuras de la Selección, como su seleccionador De la Fuente, y jugadores como Rodri y Ferran, hayan dado testimonio público de su fe católica en diversas declaraciones y dándoles las gracias por la victoria, manifestando su devoción a Dios y a la Virgen María.
La identidad histórica y nacional de España tiene en sus raíces cristianas su multisecular fundamento que, por cierto, también recientemente, y con ocasión de la visita de León XIV, se vieron confirmadas por multitudinarios actos en Madrid, Barcelona y Canarias.
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