Eclipse ‘by’ Sánchez
Hay fenómenos naturales que pueden resultar providenciales, y sin duda que el eclipse solar de mañana está siendo un ejemplo. Para un gobierno funcionalmente inexistente, incapaz de gestionar un ataque a la integridad territorial que ha devenido en una crisis de seguridad y en una urgencia social, humanitaria y sanitaria que ni siquiera pueden reconocer como tales, el eclipse es tan providencial como el maná para el pueblo elegido, como el séptimo de caballería o como el gol de Ferrán Torres.
Se trata de que la gente se entretenga, se despiste un poco más y retire la vista de estas tonterías de Ceuta que, para fastidiar, el pesado de Juan Jesús Vivas se empeña en mantener vivas. Eso es, la vista cara al sol y que el ministro Torres le encargue gafas para todos a Koldo; para ver el eclipse y para ver si nos quedamos ciegos del todo y dejamos así de fijarnos en los informes de la UCO, los conservatorios y el software, los juicios con o sin jurado, los rescates de la SEPI y las joyas sin interés y sin destino, o en las agendas de visitas y las chapuzas de fontanería. Porque el que todos veamos el eclipse y que todo el mundo tenga gafas es la verdadera prioridad nacional, y no esa aspiración facha y xenófoba de la ultraderecha.
Tan es así que oficialmente el eclipse ya ha sido descalificado como fenómeno natural, y ya estamos ante un evento organizado por Moncloa, como parte de la agenda social del Gobierno, que se ofrece a todos los españoles (perdón, a la gente) de manera transversal, progresista y democrática. Hay que valorar, en primer lugar, la capacidad de influencia y las habilidades de negociación del ministro Albares y del propio presidente Sánchez, que han logrado que el eclipse se vea en España; y no en Italia o en Dinamarca, donde siguen liados con problemas como la presión migratoria que nosotros ya hemos resuelto con la regularización masiva y la permeabilidad fronteriza.
Después, hay que reconocer la dedicación y previsión de hasta ocho ministros que han asignado medios y recursos para asegurar la perfecta coordinación del evento. Interior ha puesto a disposición efectivos en número que, solo en los grandes núcleos de población, excede en un 3000% la dotación de las fuerzas de seguridad en Ceuta, y ha ordenado a la DGT un operativo especial que ha obligado a cancelar las vacaciones de casi todos sus agentes. También la ministra Mónica García ha puesto en marcha los imprescindibles protocolos de asistencia. Previamente viajó a la ciudad autónoma para constatar que allí no eran necesarios porque no hay ninguna urgencia sanitaria; está claro que no requiere una actuación específica el tener vagabundeando por las calles a más de 10.000 turistas que, después de 10 días, seguro que no necesitan asearse porque ya llegaron bien duchados y con ropa limpia.
De la coordinación técnica y científica se ha ocupado la ministra del ramo, Diana Morant, que es gran observadora y que, especializada en ver fascios por todas partes, podrá identificar en el firmamento, como Apolo en el soneto de Quevedo, signos, cometas, bochornos y planetas. Se ha preferido, no obstante, que no fuera el ministro de Transportes quien se ocupe de la movilidad del astro y del satélite terráqueo ante el temor de que su intervención ponga en riesgo los horarios y condicione las trayectorias de forma que o bien no se encuentren o el sol se quede escondido detrás de la luna y no vuelva a aparecer.
Tampoco se puede desdeñar la participación de la ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico que, en el esperado movimiento de personas a zonas rurales para observar el eclipse, ha identificado una oportunidad para, convirtiendo nuestro país en sede oficial de eclipses (tarea encargada al Ejército del Aire y del Espacio), conseguir llenar la España vaciada. En cualquier caso, el éxito del Gobierno está asegurado; definitivamente se corrobora la capacidad de previsión y gestión mostrada en episodios como el de Ceuta, en el que, sin hacer nada especial, controlaron la llegada de personas suficientes para llenar el Bernabéu… ¡Aunque venían sin entrada!
Y ese éxito hay que personalizarlo especialmente en su presidente, que ha tenido la visión y el liderazgo de los grandes estadistas al conseguir poner a su servicio al astro sol y sus veleidosas ocultaciones. Más orientado a la música y a las lecturas ligeras, no se le reconoce a Pedro Sánchez una profunda formación o vocación científica; pero seguro que, tirando de su afición a los cómics, se ha inspirado en el intrépido reportero Tintín, que, en sus aventuras del Templo del Sol, consiguió salvar su vida, y la de Tornasol y el capitán Haddock, ordenando al sol que se escondiera en el momento en que los incas iban a aprovechar sus rayos para encender la pira de sacrificio. ¡Y es que quien manda, manda!
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