Opinión

Democracia eclipsada

Han abandonado Ceuta porque han rendido España. No le den más vueltas. El sanchismo es el mayor enemigo moderno que tiene la nación española, y de ello se aprovechan los enemigos tradicionales, socios intramuros y vecinos con veleidades expansionistas. Están diciéndole a la población -no sólo ceutí- que el Estado no existe y que el Gobierno no les protegerá ante la delincuencia organizada y financiada. Marlaska se congratula de su enésima negligencia y Sánchez masajea su ego en La Mareta haciendo barbacoas familiares y vídeos para iletrados con acné.

La realidad, sin embargo, debe explicarse de forma que se entienda, sin rodeos equidistantes ni complejos de moderación impostada. Lo que ha sucedido con la invasión programada de una ciudad española y la incompetencia calculada del ejecutivo socialista se resume en un titular tan certero como peligroso: nos gobiernan delincuentes, nos dirigen ladrones y nos preside un autócrata corrupto y liberticida que antepone su cobardía e intereses personales a la seguridad y bienestar de la ciudadanía.

Negar ese escenario nos convierte en cómplices de una decadencia sistémica que anula cualquier esperanza de regeneración política y moral. Un presidente que se va de vacaciones con el país ardiendo y siendo invadido y dedica su descanso a recomendar libros y canciones mientras la población pasa miedo y la ciudadanía pierde sus casas, es un presidente indecente, un sociópata peligroso al que conviene denunciar, perseguir y liquidar por la vía legal antes de que la única ley que rija sea la que imponga su locura sin control ni contrapeso.

En ese camino hacia el Estado totalizador, cumbre del socialismo de todos los siglos, lo único que importa en el PSOE es la lealtad y el relato, esto es, la sumisión (hacia Sánchez, y de Sánchez hacia Marruecos) y la mentira, como parte de un programa ideológico y político reducido a la mera conservación y exhibición del poder. Por ello, no quieren periodistas libres y por ello también odian toda prensa que no puedan amordazar y controlar. Necesitan para alcanzar sus fines totalitarios despreciar al poder legislativo y atacar sin cesar al judicial, al que, si no pueden controlar, al menos pretenden silenciar. Aspiran a delinquir con impunidad para que su plan de eliminación de toda alternativa democrática se consuma. Con un Estado ocupado por los escándalos y las fallas propias de un sistema basado en el trueque de corruptelas y el trinque de sueldos públicos y un gobierno aupado por la cochambre moral más maloliente de Occidente, la democracia de partidos continúa su curso mientras la nación de ciudadanos se autoprotege como puede, saqueada fiscalmente a un lado y sometida por la inseguridad callejera al otro.

En este régimen de iletrados buscavidas, dictadura de chupópteros y satrapía de ladrones, actúan sus manijeros, ministros y portavoces, con maquillaje humanitario y verbo solidario, porque todo lo hacen por nuestro bien, hasta pegarse la fiesta padre con la excusa del eclipse, como ya hicieron con la pandemia. Revierten la realidad hasta convertirla en un trasunto guionizado de peli de ciencia ficción, donde nada es lo que parece, cuando todo es lo que pensamos. Así funcionan las tiranías. Y como toda tiranía en curso, hay que derribarla antes de que se consolide. A ver si nuestro eclipse moral y físico como sociedad despierta a tiempo.