Opinión

El Consejo de Seguridad Nacional responsabiliza a Irán, pero Sánchez critica a Donald Trump

Pedro Sánchez está jugando a una falsa equidistancia, porque tras el ataque de EEUU contra Irán se ha mostrado a favor de apurar todas las vías diplomáticas, algo que el Consejo de Seguridad Nacional, órgano dependiente del Ministerio de Presidencia, entiende que está siendo torpedeado por el régimen de los ayatolás. En definitiva, que la vía que promueve Pedro Sánchez es la vía que, según el organismo que le asesora en materia de seguridad, no quiere Teherán. El pasado 16 de diciembre, Seguridad Nacional advertía de la gravedad de la situación que se había generado después de los ataques de junio de 2025 contra las instalaciones nucleares iraníes y, aunque apelaba a «redoblar los esfuerzos diplomáticos para asegurar, por medios pacíficos, la naturaleza exclusivamente pacífica del programa nuclear iraní», incidía en que «las capacidades técnicas» del régimen y «la falta de información sobre algunos aspectos de su programa nuclear civil» dicen lo contrario y «dificultan los avances hacia una solución diplomática para este expediente».

Sobre eso, sobre la estrategia de Teherán de rehusar cualquier tipo de colaboración, Pedro Sánchez no dijo nada y se limitó a condenar el ataque ordenado por Donald Trump con el argumento de que estaba fuera de la legalidad internacional. Sánchez cargó las tintas sobre Estados Unidos e Israel: «Rechazamos la acción militar unilateral de EEUU e Israel, que supone una escalada y contribuye a un orden internacional más incierto y hostil», declaración que fue aplaudida por la embajada iraní en España: «Irán reconoce plenamente y respeta esta posición, que está en consonancia con el Derecho Internacional». Obsérvese que, mientras el Consejo de Seguridad Nacional reconoce que es Irán quien se ha negado sistemáticamente a cualquier negociación, Sánchez lo que hace es responsabilizar a Donald Trump, lo que evidencia que en este asunto la opinión de los expertos le importa una higa y que lo que busca, por mero interés electoral, es erigirse en el mayor crítico del presidente de Estados Unidos.