Cayetana y las cenizas de Bolaños
Es una pena que el parlamentarismo esté en desuso por su fraudulenta utilización diaria del sanchismo desde que llegó al poder en el verano del 2018. Porque el Congreso de los Diputados debería ser el epicentro de la vida política de cualquier país democrático.
El desprecio habitual a la Cámara Baja (a la Alta ni hablamos) por parte de Pedro Sánchez y sus cuates se puede describir todos los miércoles cuando bajo el epígrafe de «control al gobierno» la oposición no logra una aproximación siquiera a las cuestiones que se plantean a los propios ministros. Es cabreante la tomadura de pelo habitual para cubrir las apariencias.
Hay, sin embargo, un caso puntual que tiene como protagonista a la diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo que en estos días la ha tomado con el superministro pitagorín Félix Bolaños. Quizá porque ha sido portavoz antes que monja, le ha tomado el número correcto al más goebbeliano ministro sanchista. Lleva el ministro unas semanas arrastrándose debajo del escaño cada vez que la ex alumna de Oxford se levanta para blandir sus fichas, perfectamente tabuladas, y hacerle añicos. Y ello pese a que Bolaños es uno de los escasos hooligans sanchistas que ha leído un libro.
El ejemplo de Cayetana debería servir al resto de sus colegas para comprender que el sueldo que les pagan los contribuyentes para realizar su labor de oposición hay que currarlo, aunque el estipendio sea igual si trabajas o miras la luna de la entristecida Valencia.
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