Cada vez que Sánchez habla, sube el pan
El plan de desconfinamiento anunciado por Pedro Sánchez es inconcreto, pleno de vaguedades y, en algunos casos, roza el paroxismo del absurdo: no se podrá visitar en su domicilio a los familiares o amigos que vivan en la misma ciudad hasta finales de junio, pero se podrá quedar con ellos en un bar o restaurante a partir del 11 de mayo. Luego el Gobierno matizó y afirmó que sí se podrá, pero habrá que esperar para resolver el misterio. En realidad, Sánchez divagó ofreciendo un calendario por aproximación que no ofrece demasiadas garantías y obedece más a la intención del jefe del Ejecutivo de no ser el último presidente europeo en abordar el proceso de desconfinamiento.
Da toda la sensación de que, al comprobar como el resto de dirigentes europeos anunciaban un plan para la salida progresiva, Sánchez decidió improvisar y trasladar a la opinión pública algo parecido a un calendario, pero de de forma tan imprecisa y contradictoria que en los próximos días asistiremos a una cascada de rectificaciones, como ya ocurrió con la polémica salida de los niños.
El problema de fondo es que Sánchez ha anunciado un plan de desconfinamiento sin que a día de hoy disponga todavía de un estudio riguroso sobre el número real de contagiados, que es el elemento clave para determinar cómo y cuándo empezar avanzar hacia la «nueva normalidad». Para esa «nueva normalidad » que se producirá el día después de que concluya el desconfinamiento surgido a raíz del estado de alarma es necesario e indispensable tener un diagnóstico más o menos certero de la realidad de la crisis sanitaria, pero el Gobierno socialcomunista nos habla de cómo abordar el mañana sin ser capaz de abordar el presente.
Sigue insistiendo Sánchez en presumir de que, según la OCDE, estamos en el ‘top ten» de naciones que más número de test realiza, cuando la propia OCDE tuvo que salir del paso y rectificar sus estadísticas tras el clamor desatado por el inflado artificial de las cifras llevado a cabo por un Ejecutivo tan incompetente como falsario.
Lo único que queda claro tras la comparecencia de Sánchez es que lo llevamos claro con este Gobierno. Y ya saben: si quieren visitar a sus familiares, tiene que ser un bar. O no, porque no hay quien se aclare.
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