Mar Gómez: «Sin embalses el agua se perdería rápidamente hacia el mar o causaría daños a su paso»
La doctora en Físicas explica cómo los embalses amortiguaron las peores crecidas de este invierno
El agua que llega al mar no se desperdicia: nutre los ecosistemas, las playas y los deltas fluviales
Mar Gómez, doctora en Físicas y responsable de meteorología en eltiempo.es, ha explicado en un extenso hilo en su perfil de X —donde acumula más de 450.000 seguidores— por qué los embalses fueron determinantes durante las borrascas de este invierno. Su publicación llega en un momento en que el bulo de que España «tira el agua al mar» ha vuelto a inundar las redes sociales, alimentado por semanas de lluvias históricas.
Enero de 2026 ha sido el mes de enero más lluvioso de los últimos 25 años en España. Se registraron 119 milímetros de precipitación en la Península, un 85% por encima de lo normal. Lugares como Vigo acumularon casi 400 litros por metro cuadrado, y Ceuta batió su récord histórico con 411 litros, el dato más alto desde que existen registros en 2009.
Mucho más que almacenar agua
En este contexto, Mar Gómez subrayó que un embalse «no sirve solo para guardar agua». La doctora en Físicas detalló que su papel es mucho más amplio: «regular los ríos, asegurar recursos en épocas secas y, cuando llegan lluvias intensas, amortiguar crecidas que de otro modo serían mucho más peligrosas». A mediados de febrero, los embalses españoles almacenaban unos 43.000 hectómetros cúbicos, el 77,3% de su capacidad total, frente al 58,1% de un año antes en las mismas fechas.
La responsable de meteorología de eltiempo.es explicó el proceso técnico que hace posible ese escudo: la laminación de avenidas. «Los embalses actúan como un colchón hidráulico. Retienen parte del agua que llega de golpe y la liberan de forma gradual», escribió Mar Gómez.
Ese mecanismo es «fundamental para reducir el riesgo de inundaciones aguas abajo», y durante este invierno los embalses aumentaron su reserva en más de 5.600 hectómetros cúbicos en una sola semana, el mayor incremento semanal en 30 años.
Este inicio de año ha estado marcado por una sucesión de borrascas de alto impacto, con lluvias persistentes, inundaciones y caudales muy elevados en muchos ríos. En este contexto, hay una infraestructura clave que suele pasar desapercibida, pero que marca la diferencia: los… pic.twitter.com/oJ9Y9bw4pq
— Mar Gómez (@MarGomezH) February 19, 2026
Tiempo para que reaccione la gente
La experta fue precisa al señalar los límites de estas infraestructuras: los embalses no eliminan las inundaciones, pero sí reducen su intensidad y, sobre todo, dan tiempo. «Tiempo para que el río no alcance picos extremos y tiempo para que Protección Civil y los municipios puedan reaccionar», escribió la doctora en Físicas en su hilo.
Mar Gómez ha puesto el foco en la irregularidad climática de España como razón estructural: «Alternamos periodos muy secos con episodios de lluvias concentradas en pocos días. Sin embalses, esa agua se perdería rápidamente hacia el mar… o causaría daños a su paso». Además, recordó que la gestión de estas infraestructuras trasciende las fronteras: en cuencas compartidas como el Duero o el Tajo, lo que se hace aguas arriba tiene consecuencias directas en Portugal.
Ingenierías clave en dos cuencas
En su hilo, la responsable de meteorología de eltiempo.es destacó varios embalses concretos. En la cuenca del Duero señaló infraestructuras como Aldeadávila y el sistema Ricobayo-La Almendra, al que describe como «un auténtico prodigio de ingeniería, con un sistema de bombeo de hasta 15 kilómetros, capaz de almacenar enormes volúmenes de agua».
En la cuenca del Tajo apuntó a Alcántara, que puede gestionar aportes de varios ríos a la vez, y a Cedillo, que, pese a su menor tamaño, «ha cumplido un papel clave» en situaciones de lluvias persistentes.
Mar Gómez incidió en que nada de esto funciona de forma automática: gestionar un embalse en un temporal «requiere previsión meteorológica, hidrología y decisiones técnicas complejas: cuánto almacenar, cuánto soltar y en qué momento, siempre priorizando la seguridad». Con el cambio climático, ese papel resulta «aún más crítico», porque cada vez se convive más con dos extremos: sequías prolongadas y lluvias muy intensas en muy poco tiempo.
El bulo que resucita con cada tormenta
Más allá del análisis técnico de Mar Gómez, este invierno ha vuelto a poner de actualidad un bulo persistente que circula por redes sociales cada vez que llueve con fuerza: la idea de que en España se «tira el agua al mar» cuando podría almacenarse para consumo humano o para regar los campos. La falsedad ha aparecido de nuevo en publicaciones en redes y en los comentarios de las noticias de medios de comunicación.
La realidad científica es la contraria. El agua que los ríos llevan al mar no constituye ningún despilfarro: es fundamental para el ecosistema marino y para el propio ciclo hidrológico. Aporta nutrientes y sedimentos esenciales para la vida marina y la pesca, y sin ese aporte las pesquerías se verían gravemente afectadas. El geólogo Antonio Aretxabala ha explicado que ese caudal «conforma el sustento natural necesario para el propio cauce del río y para los hábitats fluviales y marítimos».
Lo que construye el río al llegar al mar
Los sedimentos que transportan los ríos son además los que forman y mantienen las playas y los deltas. En el caso del Ebro, esa agua «acarrea el material que conforma las playas», según Aretxabala. Sin ese aporte, playas enteras podrían desaparecer por erosión marina y las consecuencias para la pesca, el turismo y la biodiversidad serían nefastas. Es decir, el agua que llega al mar no se pierde: trabaja, alimenta y construye.
El bulo tiene éxito porque el mensaje es aparentemente simple y lógico: «hay agua, la estamos tirando, podríamos guardarla». Pero esa simplicidad es engañosa, porque ignora el funcionamiento real de los ecosistemas. En épocas de sequía sirve para criticar la gestión del agua; cuando llueve mucho, como este enero, se usa para hablar de desperdicio. En ambos casos se obvia que los ríos son mucho más que tuberías: son ecosistemas completos que necesitan agua para funcionar.
Infraestructura climática para el futuro
La conclusión del hilo de Mar Gómez va más allá de la gestión hídrica ordinaria. Para la doctora en Físicas, los embalses son «ya una infraestructura climática»: protegen territorios, reducen riesgos y ayudan a gestionar un clima cada vez más extremo. La regulación del agua es, en su análisis, «una de las principales herramientas de adaptación» ante un escenario de mayor frecuencia e intensidad de los fenómenos extremos.
Un embalse no sirve solo para “guardar agua”. Su papel es mucho más amplio: regular los ríos, asegurar recursos en épocas secas y, cuando llegan lluvias intensas, amortiguar crecidas que de otro modo serían mucho más peligrosas. pic.twitter.com/OLxCgZR1nJ
— Mar Gómez (@MarGomezH) February 19, 2026
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