Pérdida de biodiversidad

La deforestación y la desaparición de especies aumenta el deseo de sangre humana en los mosquitos

Los mosquitos de la Mata Atlántica brasileña transmiten dengue, zika, fiebre amarilla y chikunguña

La deforestación obliga a los mosquitos a buscar sangre humana al desaparecer sus huéspedes naturales, aumentando el riesgo de enfermedades

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

La preferencia de los mosquitos por la sangre humana se intensifica a medida que la deforestación avanza y las especies animales desaparecen de sus hábitats naturales.

Un nuevo estudio del Instituto Oswaldo Cruz y la Universidad Federal de Río de Janeiro, publicado en la revista Frontiers in Ecology and Evolution, demuestra que estos insectos están cambiando sus patrones de alimentación en respuesta a la pérdida de biodiversidad.

La investigación revela datos preocupantes sobre la relación entre la destrucción ambiental y el aumento del riesgo de enfermedades transmitidas por vectores.

Cambio forzoso de dieta

La Mata Atlántica, que se extiende a lo largo de la costa brasileña, ha perdido dos tercios de su extensión original debido a la expansión humana. Este bosque tropical albergaba cientos de especies de aves, anfibios, reptiles, mamíferos y peces que servían como fuentes de alimento para los mosquitos. Sin embargo, la deforestación masiva ha eliminado gran parte de estos huéspedes naturales, forzando a los mosquitos a adaptarse a una nueva realidad alimentaria.

El doctor Jerónimo Alencar, autor principal del estudio y biólogo del Instituto Oswaldo Cruz en Río de Janeiro, explica que las especies de mosquitos capturadas en los remanentes del Bosque Atlántico muestran una clara preferencia por alimentarse de humanos.

Esta tendencia no responde a una evolución natural, sino a la simple disponibilidad de huéspedes en áreas degradadas. Los datos científicos respaldan esta conclusión con cifras contundentes sobre el comportamiento alimentario de estos insectos.

Trampas de luz

Para realizar el estudio, los investigadores instalaron trampas de luz en dos reservas naturales del estado de Río de Janeiro: la Reserva Sítio Recanto y la Reserva Ecológica del Río Guapiacu.

Durante el periodo de muestreo, capturaron un total de 1.714 mosquitos pertenecientes a 52 especies diferentes. El análisis posterior en laboratorio se centró en las hembras ingurgitadas, es decir, aquellas que habían consumido sangre recientemente.

Zona de la Mata Atlántica en Brasil.

Análisis genético revelador

De los mosquitos capturados, 145 hembras estaban hinchadas de sangre, lo que representa menos del 7% del total. Los científicos extrajeron ADN de estas muestras y utilizaron secuenciación genética para analizar un gen específico que funciona como código de barras único para cada especie de vertebrado. Esta técnica permitió identificar con precisión de qué animal se había alimentado cada mosquito.

Los resultados son reveladores: de los 24 mosquitos cuya ingesta sanguínea pudo identificarse, 18 habían consumido sangre humana, mientras que solo seis se habían alimentado de otros animales (un anfibio, seis aves, un cánido y un ratón). Esta proporción de 75% de preferencia humana contrasta dramáticamente con la biodiversidad disponible en el entorno, lo que subraya el impacto de la destrucción del hábitat.

Alimentación múltiple

El estudio también documentó casos de alimentación mixta que evidencian la desesperación alimentaria de estos insectos. Un mosquito de la especie Cq. venezuelensis había consumido sangre de anfibio y humana. Los mosquitos Cq. fasciolata mostraron combinaciones de roedor-ave y ave-humano en sus ingestas. El doctor Sergio Machado, coautor de la investigación, señala que aunque algunas especies pueden tener preferencias innatas, la disponibilidad y proximidad del huésped son factores determinantes.

«Con menos opciones naturales disponibles, los mosquitos se ven obligados a buscar nuevas fuentes de sangre alternativas», explica Machado. La conveniencia juega un papel fundamental: los humanos se han convertido en el huésped más frecuente en estas áreas deforestadas, empujando a los mosquitos hacia la sangre humana por simple proximidad y accesibilidad.

Riesgo sanitario creciente

Las implicaciones sanitarias de este cambio son graves. En la Mata Atlántica, los mosquitos transmiten virus como la fiebre amarilla, el dengue, el zika, el mayaro, el sabiá y el chikunguña. Estas enfermedades representan amenazas serias para la salud humana con consecuencias adversas a largo plazo. La mayor exposición a picaduras de mosquitos que buscan sangre humana incrementa exponencialmente el riesgo de transmisión de patógenos.

El aumento de la preferencia de los mosquitos por la sangre humana en áreas deforestadas crea un círculo vicioso: cuantos más hábitats destruimos, más cerca están los mosquitos de las poblaciones humanas, y mayor es el riesgo de brotes epidémicos. Esta dinámica convierte la conservación ambiental en una estrategia de salud pública fundamental.

Estrategias de control necesarias

Los investigadores reconocen las limitaciones del estudio actual. La tasa relativamente baja de mosquitos ingurgitados y el bajo porcentaje de casos identificados (alrededor del 38%) resaltan la necesidad de investigaciones más amplias. Futuros estudios deberían incluir bases de datos más extensas y métodos más sofisticados para identificar ingestas mixtas de sangre.

Sin embargo, los hallazgos ya permiten desarrollar políticas más eficaces para controlar los mosquitos portadores de enfermedades. «Saber que los mosquitos de una zona tienen una fuerte preferencia por los humanos sirve como alerta sobre el riesgo de transmisión», advierte Machado. Este conocimiento permite implementar acciones específicas de vigilancia y prevención que consideren el equilibrio del ecosistema a largo plazo.

Atracción por la sangre humana

La atracción de los mosquitos por la sangre humana responde a una combinación compleja de compuestos químicos. Un estudio de la Universidad Rockefeller de Nueva York identificó cuatro ingredientes clave que activan las neuronas específicas en el cerebro de estos insectos: glucosa, cloruro de sodio, bicarbonato de sodio y trifosfato de adenosina (ATP).

Sólo las hembras se alimentan de sangre, que necesitan para el desarrollo de sus huevos, mientras que su dieta principal consiste en néctar de plantas. Los investigadores descubrieron que existe un grupo específico de neuronas que únicamente se activa con la presencia de sangre, ya sea real o sintética, y no con ninguno de los componentes por separado.

Este hallazgo abre la puerta al desarrollo de repelentes orales que podrían interferir con la capacidad de los mosquitos para detectar el sabor de la sangre humana. Si se logra bloquear esta percepción sensorial, en teoría se podría reducir drásticamente la transmisión de enfermedades transmitidas por estos vectores.