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Suena raro, pero la ciencia lo respalda: los osos pardos pueden ‘mentir’ para dar la impresión de que son más grandes que sus rivales

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) documentó que algunos osos pardos (Ursus arctos) machos recurren a una estrategia de engaño para simular un tamaño corporal mayor al que realmente tienen.

El trabajo, publicado en la revista Journal of Mammalogy en 2026, identificó marcajes exagerados en árboles que no se corresponden con la altura real del animal que los dejó. La investigación estuvo liderada por Vincenzo Penteriani, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

El equipo monitorizó 164 ejemplares en la cordillera Cantábrica entre 2021 y 2024. Para el trabajo reunió 117.000 horas de grabaciones de fototrampeo e instaló plataformas junto a árboles y postes de marcaje en 14 puntos de la zona, un método que permitió registrar por primera vez el comportamiento con este nivel de detalle en la especie.

¿Cómo «mienten» los osos pardos para parecer más grandes?

El 4,3 % de los ejemplares analizados, siete machos adultos y jóvenes, dejó marcas más altas de lo que su cuerpo permite alcanzar de forma natural. Para lograrlo, treparon a los árboles o usaron las plataformas instaladas por el equipo, en lugar de apoyarse solo en las patas traseras como hace la mayoría.

Según recoge Agencia SINC, los investigadores diferenciaron dos tipos de señales. Las marcas químicas son el olor que cada oso deja al frotarse contra el tronco. Las marcas visuales son los arañazos que dejan las uñas y los dientes en la corteza. En uno de los registros de 2021 apareció una marca visual a tres metros de altura, imposible de dejar sin trepar.

¿Por qué es importante ser grande entre los osos pardos machos?

La altura a la que un oso pardo deja sus marcas funciona como una señal de fortaleza y de tamaño corporal frente al resto de machos de la zona. Cuanto más alta queda la marca, mayor parece el animal que la dejó, y eso pesa a la hora de disputar el dominio de un territorio.

«Las marcas químicas no permiten evaluar cuánto de grande es el animal, pero las señales físicas informan sobre el punto más alto al que pueden acceder y, por lo tanto, precisan qué tamaño poseen», explica Penteriani.

Los machos que recurren al marcaje exagerado no suelen ser los dominantes del área. Trepar o usar un apoyo externo les permite competir por señales con individuos que, en un enfrentamiento directo, los superarían en tamaño real, y disuadirlos así sin necesidad de un contacto físico entre ambos ejemplares.

«Estas señales dicen a los individuos dominantes, ‘mira, este es mi olor, pero yo tengo ese tamaño’», resume Penteriani.

¿Qué significa la «mentira» de los osos pardos para la comunicación animal?

Para Penteriani, el hallazgo cambia la forma de entender cómo se comunican estos animales solitarios.

«La comunicación en esta especie no es completamente honesta ni deshonesta, sino que es un equilibrio dinámico entre emisores y receptores», explica el investigador.

El comportamiento, según los autores del estudio, recuerda a casos de engaño observados en otros mamíferos, aunque hasta ahora nunca se había documentado en osos. Que solo el 4,3 % de los ejemplares recurra a esta estrategia sugiere que una «mentira» como esta puede mantenerse con el paso del tiempo. Esa persistencia no pone en riesgo la utilidad general del sistema, siempre que el comportamiento se mantenga poco frecuente entre los osos pardos.